Papel Prensa: la justicia aceptó como querellante a Lidia Papaleo


Por Juan Alonso

Todo llega.
Luego de tres años desde que el Estado Nacional denunció penalmente a los dueños y directivos de los diarios Clarín, La Nación y La Razón, la Junta Militar y sus instigadores civiles, por la apropiación ilegal de empresa Papel Prensa el 2 de noviembre de 1976, configurando el delito imprescriptible de lesa humanidad, hacia el final del jueves 6 de junio –el mismo día que este diario publicó en exclusiva una entrevista a Lidia Papaleo– el juez federal Julián Ercolini aceptó como parte querellante a la viuda de David Graiver. Lidia fue secuestrada por un grupo de tareas del Ejército el 14 de marzo de 1977, y padeció cárcel y torturas durante seis años en manos de Ramón Camps y su troupe de nazis de la picana. Además de no recibir un solo peso de la primera cuota irrisoria de 7000 dólares por el traspaso que tuvo que firmar, según declaró, “presionada” en las oficinas de La Nación, bajo amenaza de muerte por parte de Héctor Magnetto, que le soltó: “Firme o le costará la vida de su hija y la suya.”
La Argentina es tan generosa que este empresario actúa como ejecutor de los intereses de las corporaciones. Él y Bartolomé Mitre fueron socios de la dictadura genocida y hoy pretenden representar desde sus páginas al “periodismo independiente”. Acorralados, montan campañas de desgaste y desprestigio contra la democracia a través de sus programas de bricolaje. Fueron y son oficialistas del terror. Y no habrá forma de que se quiten la sangre con la que amasaron fortunas con Papel Prensa.
En Tiempo Argentino no publicamos cotillón. Damos testimonio y nos basamos en documentos considerados por la justicia.
En su escrito, Ercolini pone el acento en las notas que el autor de esta crónica realizó junto a Cynthia Ottaviano el 6 y el 26 de septiembre de 2010. Más precisamente en los artículos sobre las reuniones del general de brigada Bartolomé Gallino, con los directivos de los tres diarios en momentos en que Lidia Papaleo era brutalmente torturada en Puesto Vasco. Golpes y vejaciones que le produjeron un tumor cerebral.
Los cuatro documentos clave del Ejército que se publicaron en estas páginas fueron producidos el 7 de abril de 1977, a las 10:30 y a las 16:30; y el 9 de abril del mismo año, a las 8:40 y a las 20. El 7 de abril de 1977, con la firma del “oficial superior preventor Oscar Gallino”. El militar estaba a cargo de la “investigación”: un eufemismo para referirse a la sucesión de tormentos que se le practicó a toda la familia Graiver. El acta refrenda que Gallino recibió “a los Directores y Asesores letrados de los diarios La Nación, La Razón y Clarín, quienes concurren con motivo de la adquisición del paquete accionario del Grupo ‘Fundador’ de Papel Prensa”.
El hombre con quien Magnetto y Mitre bebieron café, Gallino, fue subdirector del centro clandestino de detención El Tolueno de la zona 4 de Campo de Mayo. Entre sus galardones de dudoso honor, se contaba la ejecución de los militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que habían intentado copar el Batallón 601 Domingo Viejo Bueno, en Monte Chingolo.
En otro documento del 9 de abril de 1977, dos días después de la reunión antes mencionada, Gallino volvió a dejar asentado que recibió a “el secretario de Industria, Raymundo Podestá, los presidentes de los directorios de La Nación, Clarín y La Razón, que son los adquirentes del paquete accionario del ‘Grupo Fundador’ de Papel Prensa, que representa el 26 por ciento del total del paquete accionario”.

Y tal como se dejó escrito en la burocracia de aquel Ejército criminal, el motivo de las reuniones con Magnetto, Mitre y Peralta Ramos era “producir sendos informes” para después ordenar: “Se preparan los interrogatorios a tomar el once de abril de 1977.”
Es decir: Gallino se “informaba” a través de estos recientes adherentes al republicanismo que apoyaron todos los golpes de Estado desde 1955 hasta aquí y luego “interrogaba” a los Graiver y a Lidia Papaleo, por entonces detenida-desaparecida.
Así de claro.
Valorando el complejo expediente, el juez Ercolini citó a Lidia Papaleo (una vez más) para el próximo jueves 13 de junio y la instó a “unificar la personería”, o sea la querella, con Rafael Ianover, ex mano derecha de “Dudi” Graiver y ex integrante del directorio de Papel Prensa, que fuera secuestrado el 12 de abril de 1977. El 28 de agosto de 2010 entrevistamos a Ianover y esa nota también forma parte del aporte documental que este diario aportó a la causa.
El juez tiene elementos suficientes para llamar a indagatoria a Magnetto, Ernestina Herrera de Noble y Bartolomé Mitre.
¿Lo hará?

LOS ARGUMENTOS DEL FISCAL. En su resolución de siete carillas, el fiscal Carlos Stornelli realizó un análisis pormenorizado de la documentación de la causa. Si bien hacia el final de su escrito pide excusarse por su relación personal de “más de 30 años” con el ex ministro del Interior de la dictadura, Llamil Reston, familiar de su mujer –quien no está imputado en el expediente que investiga la apropiación de Papel Prensa–, aclara: “Más allá de las imputaciones concretas que en autos se han delineado a través de las distintas presentaciones formuladas por la Secretaría de Derechos Humanos en su rol de parte querellante, son numerosas las referencias que constan en autos respecto de un especial interés del gobierno de entonces, manifestado en sus más altas cúpulas, en que así los hechos se sucedieran. Es decir, a juzgar de numerosos testimonios reunidos hasta el momento y las propias afirmaciones de la parte querellante, más allá de las voluntades particulares de quienes integraban el gobierno de facto y de quienes pudieran resultar imputados en esta causa, puede deducirse que esto se trataba de una cuestión de particular interés para la Junta de Gobierno entonces conformada.”
En un párrafo anterior, Stornelli sopesó lo que cree sucederá: “(…) del detenido análisis del plexo probatorio hasta el momento reunido, no puede soslayarse que con el devenir de la instrucción y especialmente de las resultas de las diligencias propuestas por esta parte, pueden sobrevenir en el proceso razones que aconsejarían la excusación del suscripto”.
¿A qué se refiere concretamente el fiscal?
Es que ciertos amigos de Reston, su compañero de asados domingueros, podrían resultar procesados en el expediente, y él, Stornelli, prefiere proponer medidas de prueba antes que acusarlos directamente como funcionario que está en ese lugar para representar los intereses del Estado en nombre de todos los argentinos. Es un argumento entendible, claro. Razonable viniendo de una justicia que le esquiva la jeringa a los poderes fácticos que se llevaron puesto a Roberto Marquevich, en 2004, luego de haber encarcelado a Ernestina Herrera de Noble por el presunto trámite irregular en la adopción de sus hijos y herederos adoptivos Felipe y Marcela Noble Herrera.
Al margen de estas diligencias propias de la conciencia humana, el representante del Ministerio Público también puso en valor la nota que publicó este diario con la firma de Cynthia Ottaviano el pasado 12 de junio de 2010 sobre “los documentos desclasificados de los EE UU sobre Papel Prensa”, hasta entonces, “archivos secretos e inéditos”.
Todo ese material ya fue aportado por este medio al expediente. Al igual que la entrevista que le realizamos a Isidoro Graiver, otra víctima de la dictadura genocida, que nos dijo que el traspaso de las acciones a favor de Clarín, La Nación y La Razón había sido “a todas luces un afano, un afano”.

Por medio de Isidoro fuimos a buscar los archivos en donde se ve cómo los tres diarios presionaron a los Graiver desde sus tapas con campañas de acoso, antes de la firma del traspaso a fines de 1976. En eso no han cambiado.
Por esos caminos de la conciencia terrenal, Isidoro se plegó a los intereses de Magnetto y estaría viviendo en Londres con sus hijos. En el medio hubo, dicen los que lo conocen, más de 2 millones y medio de razones que lo llevaron a tomar semejante decisión extrasensorial. Y es que a veces, la conciencia de los hombres toma senderos insospechados.
Pese a quien le pese, la verdad triunfará. Por aquello de: “Justicia, justicia perseguirás.” «

Para stornelli no existió la dictadura

Puede parecer raro, pero 30 años después del período más oscuro de la historia nacional, para el fiscal Carlos Stornelli no existió la dictadura militar.
Stornelli se excusó de continuar como fiscal de la causa que investiga la apropiación por parte de Clarín y La Nación de las acciones de Papel Prensa por la relación que mantiene con el último ministro del Interior de la dictadura, Llamil Reston, que es familiar de su mujer.
En la argumentación con la que defiende esa decisión, Stornelli sostiene que Reston fue “funcionario militar en el marco del gobierno de ese entonces”. El “gobierno de ese entonces” fue la más sangrienta dictadura cívico-militar de que tenga memoria la historia argentina, responsable de la desaparición de 30 mil ciudadanos y ejecutora de un Plan Sistemático para el robo de bebés.
En otro párrafo, el fiscal se refiere a la dictadura como gobierno de facto, pero en su extenso escrito nunca la llama por su nombre: “dictadura”.

(Nota publicada en el diario Tiempo Argentino el domingo 9 de junio de 2013)

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Reportaje a Lidia Papaleo: “Quiero que Papel Prensa esté en manos de los argentinos”


Por Juan Alonso

Cae la tarde en la calle Montevideo. Lidia Papaleo lleva un abrigo largo y botas. Me toma del brazo. Pasamos a metros de la casa del hombre más poderoso de la Argentina, Héctor Horacio Magnetto. Protagonista del despojo de Papel Prensa, socio de Videla y Massera y ahora erigido referente empresarial del “periodismo independiente”. Representante mediático de los dueños del trigo y mentor ideológico del golpe por desgaste que pretende jaquear a la democracia nuestra. Pese a las pruebas en su contra, ningún juez lo llama a testimoniar, por ahora (ver aparte). Le temen al “señor Magnetto”, diría el Duhalde servil.
Los testimonios se dan o se ocultan. Por eso esta nota, a tres años de la investigación que realizamos en Tiempo Argentino y que, con orgullo, forma parte del expediente judicial. Algún día, Ernestina Herrera de Noble y Bartolomé Mitre deberán explicar aquel brindis con Videla en la planta de San Pedro y el pacto con los genocidas para apropiarse de una empresa y edificar un monopolio en base a la sangre derramada de los argentinos.
Ahora Lidia parece frágil bajo la lluvia. Dice que su motor es el amor. La construcción amorosa que alguna vez formó con David Graiver. Se aferra a su memoria y marcha como puede. Con cada uno de sus huesos. Con todo lo que es.
Una joven modelo de cabello castaño y ojos grises posa para una sesión de fotos en la plazoleta que parece parisina. La lluvia nos rodea con su serpentina de agua nieve. Brillan los gotones y se expanden en círculos.
Es el paso del tiempo que vuela como un ave derrapada.
El alma de las cosas.
En los ojos transparentes de Lidia veo a una mujer que ha sufrido mucho. Demasiado. Pocas personas resistieron las vejaciones y torturas de los centros de exterminio de Ramón Camps. Estuvo desaparecida y luego presa seis largos años. Cuando los representantes de Clarín y La Nación ayudaban a elaborar “interrogatorios” con el inquisidor de los Graiver designado por el finado Videla –el general Oscar Gallino, en 1977–, Lidia era torturada por una patota de nazis.
A esos nazis nadie los denunciaba desde los editoriales de la época. Porque tanto Clarín como La Nación y La Razón fueron el sostén del relato de la peor dictadura de nuestra historia, sus protectores, socios y propagandistas. No habrá programa de cotillón que los aleje de la alianza con el terrorismo de Estado.
Y lo saben.
Aquellos aniquiladores antisemitas también picanearon a Jacobo Timerman, colega “editor” de estos recientes “republicanos”.

“¿Así que sos sionista?”, le preguntaban, a los gritos y cachetazos, los verdugos al mando de Miguel Etchecolatz. “Sí, lo soy”, respondía el fundador de La Opinión.
Desnudo y torturado fue más digno que toda esa jauría de enloquecidos de sangre.
Lidia conoció muy bien esos calvarios. En la causa por el Circuito Camps describió en detalle cómo padeció un tumor cerebral a causa de los brutales golpes que le propinaba Norberto “Beto” Cozzani, miembro de la patota de Puesto Vasco.
“En muchas oportunidades me decían que por orden del gobierno (la dictadura de aquel momento) teníamos que vender las empresas sólo a empresarios argentinos y no judíos”, declaró.
Esos 23 templarios del horror fueron condenados a prisión perpetua el 19 de diciembre de 2012 por esta justicia democrática. Pero todavía falta hallar al resto de los nietos de las abuelas y revelar quién secuestró a Jorge Julio López del barrio Los Hornos, en La Plata.
Todavía falta.

DOLOR MILITANTE. Lidia cuenta que hace más de seis años que no ve a sus nietos, los hijos de su hija María Sol, y ningún juez la asiste en su derecho como abuela. Miran para otro lado.
A veces hace una pausa en sus pensamientos que la remontan como el hilo del barrilete hasta Antonio Domingo Papaleo, su papá panadero y anarquista, fallecido en el ’82, tras una hemorragia que comenzó dentro de la cárcel.
Se siente rodeada por los fantasmas de las antiguas compañeras intramuros y la historia de una ladrona de bancos que tenía más coraje que algunos hombres. Afuera, iba armada con una 45 y cocaína. Adentro, protectora fiel, acercaba las noticias de “afuera” y el mate cocido reparador. La escalera del vacío.
Lidia vuelve al destino como arrebato de su duelo.
–¿Qué la moviliza a seguir adelante?
–El amor a David Graiver me mantiene viva. Pienso en él y me da fuerzas para seguir. La relación amorosa con David es mi motor. La familia que supimos crear. Así logré sobrevivir todos estos años de padecimientos. Mi hermano Osvaldo, mi hermano Hugo. Ellos me ayudaron siempre. Si hasta me quisieron echar de mi edificio porque era una presa de la dictadura, casada con un judío al que tildaban de terrorista. Mis propios vecinos. Sé bastante sobre el funcionamiento del odio. Podría hacer un tratado. Pero prefiero actuar con amor y dedicación. Tener convicciones tiene un costo. Yo quiero que Papel Prensa esté en manos de los argentinos. Que esté en manos del país. Porque “Dudi” fue un pionero en un montón de cosas. Él creía en la pluralidad de voces, en el ejercicio del periodismo, en la libertad. Ayudaba a los jóvenes pintores y los becaba para la Bienal de Venecia. Era íntimo amigo del cura Carlos Mugica y donaba la leche y el pan para la Villa 31. Pocos lo saben, pero así era David. Un buen hombre.
–Su muerte sigue siendo un misterio.
–Fue terrible para mí, de golpe me quedé totalmente sola. A cargo de un conglomerado de empresas y bancos en todo el mundo y con una hija chiquitita. Me acuerdo que en una reunión social en México, antes de la muerte de David, un importante hacendado, Gabriel Alarcón, le había dicho: “David, vendé Papel Prensa porque te costará la vida.” Fue en el ’76. Me quedé totalmente sorprendida con aquella frase. Le pregunté y él como siempre me dijo que me quedara tranquila, que no pasaría nada. Luego de su muerte comencé a recibir presiones que me llevaron a pensar que iba a vivir momentos muy duros y no me equivoqué.
–¿Cómo hizo para sobrevivir?
–Con fe. Yo siempre me refugié en mi familia, pero no estaba preparada. Soy sólo una psicóloga, no sabía manejar un grupo empresario como el que había creado mi marido. No tenía ni la menor idea de qué hacer. Pero regresé al país y me hice cargo. Después vinieron los aprietes de los tres diarios, las reuniones con esta gente en el edificio de La Nación, donde me topé con la mirada perversa de este señor Héctor Magnetto, que me amenazó a mí y a mi hija si no firmaba la transferencia de acciones en poder de ellos. Fue un despojo absoluto.
–¿Cuál es el balance de estos tres años?
–En 2010 tomé la decisión de salir a denunciar a estos personajes por lealtad a David. Después de la asamblea de Papel Prensa que todos hablaron de números, yo les dije en la cara que estaba sentada ahí por una historia de amor. Eso definió mi vida en base a un recuerdo verdadero. Fue un cambio tan drástico como el ’76, cuando muere David. Todo se define como una identidad para mí y gira en torno a su verdadera dimensión.
–Desde Clarín insisten en que usted nunca había hecho referencia a Papel Prensa, ¿qué les responde?
–No es cierto. Los militantes de las organizaciones de Derechos Humanos saben que no miento. Los que me conocieron en la cárcel también saben que siempre hablé de Papel Prensa. Y por eso era la última de las marginadas en los pabellones. El resto de las internas se apartaban de mí por miedo. Porque el miedo tiene un olor determinado, se puede oler el miedo. Que es muy distinto a lavarse o no lavarse. El miedo no se quita con una ducha, nene.
–¿Cómo sobrellevó la vida en libertad?
–Cuando salí de la cárcel en el ’82 volví a ejercer como psicóloga. Recién ahora me libero del miedo. Todo eso me produjo el año 2010. Más tarde volvió la negrura de la muerte con Néstor, que era muy afectuoso conmigo, eso me hizo pelota. Murió él, me rompí un pie y me explotó una mano. Quedé en sillas de ruedas. Me preguntaba qué iba a pasar. Por suerte todo se encaminó. Fui al velatorio de Néstor con mucho dolor y conversé con la presidenta. Hablamos de la fe, de nuestras convicciones. Ella es una mujer muy firme. Es lo que vos ves: clara y precisa.

El hermano de Lidia, Osvaldo Papaleo, de trayectoria en el peronismo, recuerda las charlas con algunos intendentes y dirigentes del interior sobre Papel Prensa en tiempos de debate por la Ley de Medios. Cuenta que incluso en algunas provincias hay quienes todavía le temen a Clarín. Afirma que sólo Néstor, Cristina y el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, fueron y son los más firmes defensores de la lucha por la verdad contra la mayor corporación mediática del país.
“Ustedes que hicieron aquella nota con Isidoro Graiver donde se reveló lo que opinaba antes de ser ‘requerido’ por Clarín –remarca Osvaldo Papaleo– tienen que saber que el domicilio de este personaje es un misterio desconocido. Hubo al menos dos millones y medio de razones para que este señor se fuera a vivir a Londres. Estos tipos no tienen límites.”
La voz de Lidia y las circunstancias como gotas heladas.
Ciertos abogados que quisieron “mediar” para quebrarla. Pegajosos del poder del dinero. Sicarios trajeados y ejecutantes.
Afuera sigue lloviendo. Nos despedimos con un abrazo cálido.
Desandar el camino perseverando contra el señor Matanza.
De eso se trata. «

Un juez en su laberinto

J.A.

Por estas horas, el juez federal Julián Ercolini transita su laberinto. Según fuentes de la investigación, en los próximos días podría “haber novedades y citaciones” en la causa que lleva tres años de plancha en los cajones del fuero federal.
Desde que el recientemente jubilado magistrado platense, Arnaldo Corazza, se declaró incompetente, tras permitir que Isidoro Graiver se fuera del país y declarara de forma contradictoria en su juzgado, el complejo expediente anduvo mudado entre La Plata y la Capital Federal. Ninguno de los jueces actuantes se animó a citar a testimoniar a Héctor Magnetto y a Bartolomé Mitre, de Clarín y La Nación. Cuando la causa pasó fugazmente por el despacho de Daniel Rafecas, el CEO de Noble se presentó en persona en el Consejo de la Magistratura para pedir su juicio político. Con el antecedente del ex juez Roberto Marquevich, destituido en 2004, luego de encarcelar a la viuda de Noble por el presunto trámite irregular de la adopción de sus hijos Felipe y Marcela, el Poder independiente de la Justicia se apagó.
Por lo general, los funcionarios judiciales suelen otorgarle cautelares al grupo como los árbitros fallan penales inexistentes.
Lo último que se supo, tal como publicó este diario el pasado 11 de mayo, fue que Ercolini “requirió el envío de todos los balances y un informe sobre la tasación y la evolución del precio de sus acciones ‘desde sus orígenes’ para determinar si hubo ‘precio vil’ en la venta” de Papel Prensa.
El “farragoso” análisis económico y contable dispuesto por Ercolini no significa –de hecho– que desde su juzgado avancen con la acusación de lesa humanidad promovida por el Estado.
Lidia Papaleo recibió una primera cuota de 7000 dólares cuando firmó el traspaso de acciones en las oficinas de La Nación el 2 de noviembre de 1976. Meses después, el 14 de marzo del ’77, fue secuestrada por un grupo de tareas al mando de Ramón Camps.

(nota publicada en el diario Tiempo Argentino el 6 de junio de 2013)

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Papel Prensa: las 30 pruebas contra Mitre y Magnetto


La alianza entre los tres diarios y las tres armas

Las 30 pruebas que complican a Mitre y Magnetto en Papel Prensa

Publicado el 13 de Diciembre de 2011

Por Cynthia Ottaviano
Jefa de Investigación.

A quince meses del informe Papel Prensa – La verdad, se acumularon más de 14 mil fojas en el expediente. Ahora, el juez Ercolini tiene la oportunidad de profundizar en la investigación, leading-case de la complicidad cívico-militar en la dictadura.
Un alto funcionario judicial, atemorizado por perder su carrera judicial, presenta su renuncia. Un juez que se siente acorralado, rechaza dos veces la causa judicial. Otro juez que, en medio de la noche, recibe el llamado a su casa de un testigo que dice estar urgido por declarar, lo cita para el día siguiente en sede judicial, pero no deja constancia en el expediente del llamado inusual. El testigo, después de declarar y reunirse con representantes de Clarín y La Nación, se va de viaje al exterior y se torna imposible de contactar, excepto para empleados de Clarín y La Nación, como Joaquín Morales Solá. Dos abogados intentan hacer pasar por verdadera una foja trucha para beneficiar a sus defendidos. Una de las testigos principales vive amenazada. Tres dueños de medios de comunicación oligopólicos son imputados como sospechosos de ser partícipes necesarios de la posible comisión de delitos de lesa humanidad y denuncian “persecución”. Todo esto ocurrió en apenas 15 meses, desde que la presidenta Cristina Fernández presentó el informe oficial Papel Prensa – La verdad y decidió enviar al Congreso un proyecto de ley para declarar de interés público la producción, distribución y comercialización de papel para diarios, algo así como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de la prensa gráfica. Fue el 24 de agosto del año pasado y recién en estas sesiones extraordinarias se espera su tratamiento en el Congreso. Todo esto pasó, pero nada fue suficiente para que los imputados por la apropiación ilegal de Papel Prensa, Héctor Magnetto, Ernestina Herrera de Noble y Bartolomé Mitre hayan sido citados a declarar. Y no por falta de pruebas. De hecho, hace un año la causa judicial tenía apenas 100 fojas y ahora, gracias al trabajo esencial de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, suma 14 mil, en 70 cuerpos, incluidas las pruebas presentadas por Tiempo Argentino. En ese expediente, que desde hoy analizará el juez federal Julián Ercolini, se encuentran las 30 pruebas clave que publica este diario para recordar que la profundización de esta investigación, con 35 años de dilaciones, no se hace por falta de elementos documentales o testimoniales, sino por una sinuosa voluntad judicial para llegar a la verdad.

 

01 Dictamen Ricardo Molinas sobre la elección de los tres diarios:

“Al conocerse la muerte o desaparición de David Graiver y la quiebra del grupo, las máximas autoridades nacionales del momento tomaron la determinación de liquidar el grupo, para ello decidieron obligar a los herederos a transferir las empresas. La Junta de Comandantes decidió que el Grupo Graiver debía transferir el paquete accionario clase A de Papel Prensa, eligiendo ellos mismos como compradores a los diarios La Nación, Clarín y La Razón. Esto surge claramente, no sólo de los dichos de los integrantes del Grupo Graiver, sino de todas las declaraciones informativas o testimoniales reunidas en autos (…) El precio fue objetado por lo bajo en el juicio sucesorio de David Graiver por el representante del Ministerio Público.”

 

02Testimonio de Isidoro Graiver, ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, 6 de noviembre de 1985:

“En octubre de 1976, el doctor Miguel de Anchorena en ese entonces abogado apoderado de la sucesión Graiver, David, se puso en contacto con su cuñada para informarle que había recibido una información del señor Francisco Manrique cuyo contenido era sintéticamente que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesario la venta de los paquetes accionarios del Banco Comercial del Plata, del Banco de Hurlingham y el paquete de control o mejor dicho del control accionario de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos de este último paquete eran los diarios La Nación, Clarín y La Razón.”

 

03 Declaración José Alfredo Martínez de Hoz ante Fiscalía Administrativa, 27 de noviembre de 1985:

“Interesaba que en definitiva la conducción de la empresa fuera llevada adelante por accionistas que tuviesen un verdadero interés y responsabilidad para llevarlo a cabo. La Junta aprobó el criterio de prestar su autorización para la transferencia de dichas acciones al grupo de los diarios (…) Se pensaba que este era el grupo más capaz, más responsable para llegar a la conclusión del proyecto y su puesta en marcha.”

 

04  Testimonio Lidia Papaleo, ante la Fiscalía Administrativa, 7 de noviembre de 1985:

“El Dr. Miguel de Anchorena le comunicó que Francisco Manrique le había manifestado que las autoridades nacionales deseaban que el Grupo Graiver vendiera el paquete accionario de Papel Prensa, del Banco Hurlingham y del Banco Comercial de La Plata, y que el comprador indicado sería los diarios La Razón, Clarín y La Nación (…) Que Martínez Segovia, presidente del directorio de Papel Prensa agregó que esa venta no podía efectuarse ni a personas de la colectividad judía ni a un grupo extranjero. (…) El precio era menor al que aspiraban pero no había otra alternativa.”

 

05Testimonio de Francisco Manrique (ex ministro de Bienestar Social 1970-72, David Graiver había asumido la Subsecretaría de Bienestar Social), ante Fiscalía Administrativa, 24 de abril de 1986:

“Lidia Papaleo (se comunicó) para informarme que en ese caso era el gobierno con una cabeza visible que era el doctor Podestá (su amigo y secretario de Promoción Industrial) que interfería en una operación de venta de Papel Prensa.” (Podestá) me dijo que “robarle a un ladrón tenía cien años de perdón, a juzgar por los calificativos que se echaban sobre los Graiver y las actitudes que aparentemente se estaban tomando contra ellos.”

 

06 Declaración de Pedro Jorge Martínez Segovia, Fiscalía Administrativa, 13 de noviembre de 1985:

“Fue una advertencia lógica como resultado de las normas que regían y rigen las transferencias de paquetes accionarios Clase A grupos extranjeros y en cuanto a la eventual venta a un miembro de la colectividad judía, pudo haber sido un consejo atento a las circunstancias del momento y no como una manifestación de antisemitismo (…) El Estado no quería estar asociado, aunque sea por un breve lapso, con el grupo Graiver, de gran notoriedad en esos momentos” (tener en cuenta notas publicadas).

 

07 Declaración de Emilio Eduardo Massera ante Fiscalía Administrativa, 5 de diciembre de 1985:

“Se analizó la posibilidad de que ingresara a la empresa, personas jurídicas o individuales de reconocida solvencia moral y material.”

 

08 Testimonio de Alberto Máximo D’Agostino, ante la misma Fiscalía, 4 de diciembre de 1984:

“Preguntado respecto a si al investigar la composición del paquete accionario de la empresa determinó la presencia de capitales pertenecientes a la Agrupación Montoneros, proscripta en aquel momento, responde que no. Que en ningún momento surgió un indicio en tal sentido.”

 

09 Acta secreta: los militares le quisieron poner una mínima condición a los tres diarios, a cambio de posicionarlos para el negocio, pero los diarios se negaron. Se les pedía que dejaran entrar en el negocio al resto de los periódicos del país y que les ofrecieran “hasta un 49% de las cantidades por ellos adquiridas en las mismas condiciones de precio y plazo”. En el Anexo II del Acta Secreta 14, del 15 de diciembre del ’76, quedó registrada la negativa: “Luego de pocas horas de tomar conocimiento, los diarios manifestaron la imposibilidad de contemplar favorablemente (el pedido), no creían prudente ceder acciones de la Clase A a otros posibles usuarios, pues se compartiría y debilitaría la conducción.”

 

10 Declaración de Raymundo Juan Pío Podestá, secretario de Desarrollo Industrial, ante la Fiscalía Administrativa, 17 de diciembre de 1985 (asesoró a pedido del ministro de Economía):

“El objetivo de la participación de los demás diarios (para que participen de la misma manera que Clarín, La Nación y La Razón) no se logró ya que los compradores preferían desistir de la compra antes que asumir el compromiso que se les pedía, lo que al final fue considerada razonable por la Junta. (…) Se tomó la decisión de no formar quórum hasta poner en conocimiento de la superioridad.”

 

11 Declaración judicial de Rafael Ianover ante el juez Arnaldo Corazza (7 y 14 de abril de 2010):

Relató diversas acciones ilícitas entre las que encuentran la detención ilegal y torturas de varios miembros de la familia Graiver y su entorno, así como su propia detención ilegal en condiciones inhumanas, todo lo que concluyó en el traspaso del paquete accionario  de la empresa en cuestión: “el temor y el terror que vivía en ese tiempo no me permitieron leer el convenio que iba a firmar. Lo firmé porque era voz corriente en ese momento que había detenidos desaparecidos, y quería protegerme a mí y a mi familia.”

 

12 Presentación realizada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación:

“La transmisión del paquete accionario de Papel Prensa SA que se encontraba en poder de Rafael Ianover, la firma Galería Da Vinci SA –de propiedad de David Graiver– y de los herederos de David Graiver realizada a favor de Fapel SA, habría sido llevada adelante mediante la comisión de los delitos de extorsión, privación ilegítima de la libertad, torturas, vejaciones y asociación ilícita, de los que habrían resultado víctimas Juan Graiver, Eva Gitnacht de Graiver, Enrique Brodsky, Isidoro Miguel Graiver, Lidia Haydeé Brodsky de Graiver, Lidia Elba Papaleo de Graiver, Rafael Ianover, Lidia C. Gesualdi y Silvia Fanjul, y de las torturas seguidas de muerte de Jorge Rubinstein; hechos que fueron calificados como crímenes contra la humanidad y, por ende, imprescriptibles.”

 

13 Declaración de Osvaldo Papaleo, juzgado Arnaldo Corazza, 17 de mayo de 2010:

Vinculó la privación ilegal de la libertad de su persona y de distintos integrantes de la familia Graiver con la anterior transferencia de acciones de Papel Prensa SA.

 

14 Testimonio de Isidoro Graiver a este diario:

“Fue una operación que era a todas luces un afano, lisa y llanamente un afano. Los diarios nos humillaron. Las presiones eran permanentes. Nos dedicaban las primeras planas todos los días, ‘la familia Graiver, los chorros’. Había un tema de intereses, que obviamente también existían, y además el tema de la humillación. En su momento fue casi una capitulación de la Unión Industrial Argentina (UIA) frente a la Confederación General Económica (CGE), en la época de José Ber Gelbard, y se debían la revancha. La revancha de las familias patricias o de las grandes empresas o bancos en la que estábamos insertados con fuerza. Nos destruyeron como grupo económico porque ese era el objetivo, sacarnos de pista. Antes de la muerte de mi hermano, era uno de los grupos económicos más fuertes. Nosotros perdíamos como mínimo los derechos políticos sobre las acciones, es decir, todo, y con el riesgo de tener que devolver las acciones, es decir una cosa asquerosa. Nos humillaron.”

 

15 Notas publicadas por Clarín, La Nación y La Razón, reproducidas por este diario, confirman el testimonio de Isidoro:

La Nación, 11 de octubre de 1976, el Grupo Graiver estaba supuestamente “implicado en la quiebra fraudulenta de dos bancos (…) por 150 millones de dólares”. Cuatro días después desplegó una publicidad a página completa de la revista Somos, con el título: “El caso Graiver”, en el que los habían escudriñado y hasta se preguntaban: “¿Está muerto… o no?” Ese mismo día, Clarín publicó que el grupo Graiver “involucra en un delicado problema a varios bancos de Buenos Aires”. Los acusaban con “informaciones extraoficiales” de usar uno de sus bancos “para exportar capitales de la Argentina”, de hacer “actividades ilegales”, “demostrándose que habían presentado sucesivos balances falsos que lucían una irreal prosperidad”. Para terminar ese artículo, que no estaba firmado por ningún periodista, aseguraban: “no se explican (…) cómo Graiver pudo haber gozado de impunidad”. Nueve días después, ya en medio de las negociaciones, para La Nación no eran supuestos. Al referirse a David decían: “el millonario argentino al que se involucra en un gigantesco fraude”. El 22 de octubre, el tema llegó al ya mencionado editorial principal de Clarín. Primero destacaron que “el clima reinante antes del 24 de marzo (del golpe) era de corrupción administrativa del régimen”, y luego de describir las operatorias ilegales que le atribuían al grupo aseguraron: “(se) hace necesaria una más prolija investigación”. El 28 de octubre, después de detallar las “responsabilidad de Gelbard”,  sostuvieron que el ex ministro de Economía de Perón, José Ber Gelbard, “fue sancionado, privándosele de sus derechos políticos y de su ciudadanía argentina”, se encargaron del Grupo Graiver: “con notoria vinculación con Gelbard, que le valió todo tipo de ventajas y privilegios y cuyos manejos financieros han culminado con un escándalo de proporciones internacionales.”

 

16 El precio: Fapel acordó que paquete de acciones clase A de Galería Da Vinci se pague

U$S 3.725.000. Se acordó el pago en una escribanía de U$S 26.928 el día de la suscripción del convenio, la misma cantidad a los 30 días y el saldo, U$S 3.671.144, a los 90 días. Sujeto a la aprobación por parte de la Asamblea. Paquete de acciones Clase A, de Rafael Ianover: U$S 3.579.000, en similares condiciones. Sujeto a la aprobación por parte de la Asamblea. Paquete de acciones clase C y E, de David Graiver (vendidas por herederos): U$S 996.000, pago en tres cuotas, la primera de U$S 7200 el día de la suscripción del convenio, la segunda a los 30 días y el resto, U$S 981.600 a los 90 días. Ad referéndum de la aprobación del juez de la sucesión, que nunca la da. El 24 de marzo, el asesor de menores César Hernán Cozzi Gainza pide que “se establezca por medio de perito designado cuál es el valor real de las acciones que pretenden enajenarse”. Se establecen dos métodos: el del patrimonio neto determinó que las acciones no valían U$S 996.000, sino U$S 2.316.987. Y el método de patrimonio ajustado determinó que era U$S 4.330.106. Es decir, que se quiso pagar mucho menos de la mitad en un caso y menos de una décima parte en el otro.

 

17 Testimonios de Manrique, Ianover, Isidoro Graiver ante la Fiscalía Administrativa sobre las presiones para que la suscripción de convenios se hiciera un día antes de la Asamblea a la que el Estado decidió no ir para impedir que los Graiver fueran aprobados como socios y corrieran así el riesgo de perder su patrimonio.

 

18 Documentos que prueban que pocos días después de suscriptos los convenios, Fapel transfirió las acciones Clase A a los diarios. El 18 de enero la Asamblea autorizó las transferencias. El 8 de marzo es secuestrado Juan Graiver, al día siguiente, el 9 de marzo Lidia Papaleo le pidió al juez que autorizara la transferencia. El juez no la autoriza. El 14 secuestran a Lidia Papaleo, Silvia Fanjul y Lidia Gesualdi, secretarias del grupo. El 15, al abogado Jorge Rubinstein, segundo del grupo, asesinado el 4 de abril. El 17 de marzo, a Isidoro Graiver, el 22, a su madre, Eva Gitnacht y el 12 de abril a Rafael Ianover.

 

19 Documentos revelados por este diario de la reunión mantenida por el General Oscar Bartolomé Gallino el 7 de abril de 1977 con “los Directores y Asesores letrados de los diarios La Nación, La Razón y Clarín quienes concurren con motivo de la adquisición del paquete accionario del Grupo ‘Fundador’ de Papel Prensa SA”. En el Boletín oficial de la fecha figuran como directores Héctor Horacio Magnetto, Bartolomé Luis Mitre y Patricio Peralta Ramos. Los Graiver y sus empleados seguían secuestrados.

 

20 Documento revelado por este diario con la segunda reunión de Gallino, el 9 de abril de 1977, que establece que “a las 8 horas y cuarenta minutos concurren a producir sendos informes el señor secretario de Industria, doctor (Raymundo) Podestá, los presidentes de los directorios de los diarios La Nación, Clarín y La Razón (…) En la misma fecha, a las veinte horas se preparan los interrogatorios a tomar el once de abril.”

 

21Documento dado a conocer por este diario, que prueba que después de reunirse con Mitre, Magnetto y Peralta Ramos, Gallino interrogó el 11 de abril de 1977 a Lidia Papaleo. Preguntó sobre el expediente sucesorio y los bienes declarados en esa causa. Lidia mencionó Papel Prensa, después siguió con el Banco Comercial de La Plata, el Banco de Hurlingham y un departamento en la calle Darragueyra, de Capital Federal. Uno a uno, Gallino le pidió que desglosara nombres de empresas y personas, accionistas y empleados. Encuentros y acuerdos. Lidia contó que se había encontrado con Lanusse, Bernardo Neustadt y Jacobo Timerman, por Papel Prensa y las acciones del diario La Opinión. Gallino insistió sobre Papel Prensa: “preguntada quién forma parte de la sociedad de Papel Prensa, dijo que hay acciones a nombre de David Graiver, Galería Da Vinci y el señor Ianover”, señala el documento.

 

22 Resolución Nº 3 de la Junta Militar del 19 de abril de 1977 en la que se declara la interdicción de los bienes de los Graiver.

 

23 Documento presentado por Clarín, La Nación y La Razón el 16 de mayo de 1977 (mientras los familiares y empleados del grupo Graiver estaban secuestrados) solicitando “oportunamente el Tribunal acuerde judicialmente la aprobación a la venta cesión y transferencia realizada”.

 

24 Presentación del Banco Nacional de Desarrollo poniendo en tela de juicio el valor otorgado a las acciones C y E en los convenios de transferencia del 2 de junio de 1976.

 

25 Editorial publicada en simultáneo por Clarín, La Nación y La Razón, en sus respectivas tapas, el 19 de mayo de 1977: “A la opinión pública”, tras explicar que con “la conformidad de la Junta de Comandantes” lograron adquirir las acciones Clase A de Papel Prensa, aseguran que: “los tres diarios no han hecho un solo pago ni han dado un solo paso que no fuera con el conocimiento y aprobación previos por parte de las autoridades militares intervinientes”. Agregan: “El precio pagado por la transferencia accionaria se halla debidamente preservado mediante su depósito, por indicación del oficial superior preventor, general Osvaldo Bartolomé Gallino (sic)”, y concluyen que se hizo “con el consentimiento previo y posterior del Estado, a través de la más alta expresión de su voluntad, que consta en acta de la Junta Militar (…), en defensa de la libertad de prensa y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida (…).”

 

26 Intento de hacer pasar como verdadera una foja trucha, denunciado por este diario: La foja que presentaron en la Sala III de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata los abogados Hugo Wortman Jofré, en representación de Héctor Magnetto, y Alejandro Pérez Chada, por parte de Bartolomé Mitre, es producto de un dictamen del fiscal Molinas que fue fraguado para beneficiar a Clarín, La Nación y La Razón. Se retiró la foja original del expediente y se remplazó por otra escrita nuevamente en la que se omitieron dos frases que perjudican a los directivos de los diarios. Esas dos frases que no fueron tipeadas en la foja que remplazó la original: “la Junta de Comandantes decidió que el Grupo Graiver debía transferir el paquete accionario Clase A de Papel Prensa, eligiendo ellos mismos como compradores a los diarios La Nación, Clarín y La Razón”, y luego, en el mismo sentido, cuatro párrafos más adelante, Molinas especificó que quedaba claro el “apuro de la negociación y la existencia de un solo oferente impuesto o elegido por las autoridades nacionales”. La foja original tiene el sello medalla correspondiente a la fiscalía y la firma de la secretaria letrada María Inés Rava que confirma que se trata de una copia fiel del original. La trucha no tiene ningún sello ni firma. Ambas fueron reveladas por este diario.

 

27 Testimonios de José Rogelio Villarreal, secretario general de la Presidencia de Jorge Rafael Videla, y Patricio Peralta Ramos, ex director del diario La Razón, confirmando que fue la Junta Militar la que determinó la participación de Clarín, La Nación y La Razón, obtenidos por la periodista Graciela Mochkofsky.

 

28 Dictamen Ministerio Público Fiscal, Rodolfo Marcelo Molina y Hernán Schapiro, 27 de abril de 2011:

“El conjunto de maniobras cuya autoría se atribuye a integrantes del entonces gobierno de facto en presunta colusión con los propietarios y/o representantes de las empresas denunciadas en autos, podrían haber sido parte del conjunto de acciones persecutorias desplegadas desde el Estado contra grupos o colectivos definidos por los perpetradores, basados en motivos políticos, económicos y religiosos (…) La adquisición presuntamente extorsiva de las acciones de Papel Prensa podría ser calificada como delito de lesa humanidad, en el contexto de un ataque generalizado y sistemático sufrido por la población civil argentina entre los años 1976 y 1983 (…) la ejecución y consumación de las referidas acciones presuntamente extorsivas que habrían llevado a la adquisición de la empresa Papel Prensa tuvieron lugar en la Ciudad de Autónoma de Buenos Aires. Ello importa encuadrar la adquisición presuntamente extorsiva de las acciones de Papel Prensa, prima facie, como delito de lesa humanidad.”

 

29 Resolución Sala III Penal de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, 16 de junio de 2011, confirma dictamen de Fiscalía:

“Las diligencias practicadas en la causa autorizan a sostener –en este estadio preliminar– que el conjunto de acciones dirigidas al traspaso compulsivo de las acciones de la empresa Papel Prensa habrían ocurrido en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y uno de los más significativos –la suscripción de los contratos de venta de las acciones de Papel Prensa SA– habría acaecido en las oficinas del diario La Nación, ubicadas en la calle Florida entre Corrientes y Sarmiento de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.”

 

30 Declaración de incompetencia de Daniel Rafecas, 4 de agosto de 2011:

“La labor probatoria producida en el expediente hasta el momento, le asigna verosimilitud a la hipótesis de la Secretaría de Derechos Humanos, en cuanto se denunciara la existencia de un concierto delictivo que permitiría la calificación de tales hechos como delitos de lesa humanidad y que tendría como su epicentro, la privación ilegal de la libertad y tormentos de las víctimas, conductas teñidas de la dimensión económica de las finalidades del régimen que habrían determinado el plan que fue implementado a través de los órganos represivos dependientes de la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires (…) La totalidad de las víctimas mencionadas, habría sido secuestrada, exclusivamente, por su vinculación con David Graiver y la operatoria económica de sus empresas (…) Las víctimas habrían sido interrogadas dentro del circuito Camps, respecto del sitio que ocupaban en el Grupo económico Graiver (…) La única reunión que habría mantenido Gallino con personas que no fueran funcionarios del Estado fue con los integrantes de los adquirentes de las acciones Clase A de Papel Prensa SA, a través de Fapel SA y con el motivo explicitado de la adquisición de tales acciones. (…) Este puñado de circunstancias (…) vincularían a la apropiación de la empresa como la concreción de un plan proveniente de las más altas esferas del régimen militar y concretada, en su momento más crítico, a través del aparato represivo de la línea de mando de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y como parte de un sólo iter criminis, complejo, conformado por maniobras diversas pero que no por ello dejan de ser, como expresé en fecha 7 de julio de 2010 y hoy ratifico con mayores elementos de juicio, una unidad que se encuentra en la persecución del grupo Graiver y en la apropiación de sus activos con mayor valor estratégico, esto es, Papel Prensa SA.”

Publicado por el diario Tiempo Argentino el 12 de diciembre de 2011

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La Justicia Federal convalidó la investigación de Tiempo Argentino sobre Papel Prensa


Opinó que el caso papel prensa debe tramitarse como delito de lesa humanidad, dentro del “circuito camps”

Rafecas calificó de “verosímil” la prueba contra Magnetto y Mitre

Publicado el 5 de Agosto de 2011

Por Cynthia Ottaviano y Juan Alonso

En un dictamen de 66 páginas, el juez declaró nuevamente “inescindible” el despojo a los Graiver en beneficio de Clarín y La Nación de las violaciones a los Derechos Humanos. Otra vez, cedió la competencia a la Justicia Federal de la Plata.
En una resolución de 66 páginas, el juez federal Daniel Rafecas calificó de “importante” y “verosímil” la prueba reunida contra los accionistas de Clarín y La Nación, en el marco de la causa que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en el despojo accionario de Papel Prensa, en sociedad con Videla y Martínez de Hoz. Al mismo tiempo, volvió a declarar “inescindible” la operatoria empresaria con aval de la dictadura de las violaciones a los Derechos Humanos que se investigan en el juzgado federal platense de Arnaldo Corazza, en el expediente conocido como “Circuito Camps”, a quien nuevamente le cedió la competencia.
Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre fueron imputados por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación por los delitos de lesa humanidad cometidos contra los integrantes de la familia Graiver, quienes bajo presión y torturas fueron despojados de las acciones de Papel Prensa en beneficio de los diarios Clarín, La Nación y La Prensa, por orden de Videla y Martínez de Hoz.
Tal como publicó Tiempo Argentino hace un año, en la página 38 de su dictamen el juez recordó que el interrogador de los Graiver designado por la dictadura, Oscar Bartolomé Gallino, se reunió con Mitre, Patricio Peralta Ramos y Magnetto. Escribió Rafecas: “Llamativamente Gallino habría recibido ‘a los directores y asesores letrados de los diarios La Nación, La Razón y Clarín, quienes concurren con motivo de la adquisición del paquete accionario del Grupo Fundador de Papel Prensa  S.A.”
Gallino era un subordinado del comandante del 1º Cuerpo de Ejército, Carlos Guillermo Suárez Mason. El objetivo: los bienes de los Graiver y su relación con los fondos de la guerrilla de extracción peronista Montoneros.
En este sentido, a Rafecas le llamó la atención que pese a ese objetivo, “la única reunión que habría mantenido Gallino con personas que no fueran funcionarios del Estado –nótese que todos ellos eran de la provincia de Buenos Aires– fue con los integrantes de los adquirentes de las acciones clase A de Papel Prensa SA, a través de Fapel SA, y con el motivo explícito de la adquisición de tales acciones”.
Y no sólo eso. Existe prueba documental publicada por este diario en septiembre de 2010, en la que Gallino dejó constancia de la primera reunión –el 7 de abril de 1977– con los directivos de los tres diarios, donde se prepararon los interrogatorios del 11 de abril, y precisamente ese mismo día se presentó ante Lidia Papaleo en el campo de tortura para preguntarle sobre Papel Prensa y el resto de las empresas de Graiver.
Gallino había sido preciso: “A las 8:40 concurren a producir sendos informes el señor secretario de Industria, doctor (Raymundo) Podestá, los presidentes de los directorios de los diarios La Nación, Clarín y La Razón (…) En la misma fecha, a las 20 horas se preparan los interrogatorios a tomar el 11 de abril.” La duda sobre quiénes eran los representantes de los diarios quedó despejada por una consulta al Boletín Oficial. Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre y Patricio Peralta Ramos tenían ese cargo. Los documentos secretos que Tiempo reveló después de décadas de ocultamiento lo aclaran: el represor quería interrogar a Lidia sobre los bienes que se habían declarado en la sucesión por la muerte de su marido, estaba obsesionado con el emporio económico Graiver, los encuentros que había mantenido la mujer desde su llegada a la Argentina, y a nombre de quiénes estaban las acciones de Papel Prensa.
Gallino era impiadoso. Interrogó a Lidia por dos días. La viuda de David había sido brutalmente torturada con picana eléctrica. Entre los diplomas del general de brigada se destacaban la cacería de militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que habían intentado copar el cuartel de arsenales Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo; y su cargo de subdirector del centro clandestino de detención El Tolueno, en la fábrica militar de Campo de Mayo.
Para colmo, los diarios Clarín, La Nación y La Razón reconocieron en una editorial que toda la operatoria se hizo por medio de la gestión de la Junta y que fue el propio Gallino el que señaló la forma de pago. Los abogados dirían “a confesión de parte relevo de prueba”.
El poder de facto logró cometer semejante barbarie con el argumento de que la empresa era estratégica para el Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz. Por eso debía quedar, según las palabras de los represores, en manos de empresarios “argentinos, no judíos”.
Para quebrar a los Graiver decidieron demoler el poder económico del grupo acosándolo con notas negativas publicadas en la tapa de los diarios Clarín, La Nación y La Razón, antes de lograr el traspaso de acciones con un primer pago irrisorio de 7200 dólares en efectivo.
En la página 35 de su dictamen, Rafecas completa lo que podría entenderse como una traducción judicial de lo publicado por este diario desde junio de 2010. “La detención de Lidia Papaleo con posterioridad a la suscripción de los convenios de transmisión del paquete accionario de Papel Prensa SA en poder del Grupo Graiver, adquiere significados concordantes con la plataforma acusatoria si se advierte que la nombrada –afirma Rafecas– no sólo fue una de las firmantes de aquellos contratos, sino que también era la administradora judicial de la sucesión de David Graiver (…). Recordemos que a su vez, Lidia Papaleo había iniciado el proceso sucesorio con el patrocinio letrado del Jorge Rubinstein que, como vimos, habría sido la mano derecha de Graiver, y luego también fue secuestrado y habría fallecido durante su cautiverio a causa de las torturas que le fueron infringidas.”
En los fundamentos, Rafecas insistió con que la causa debe seguir  tramitándose en el Fuero Federal de La Plata, ya que allí operaba el represor Camps bajo las órdenes de Suárez Mason. Para el magistrado hubo “aspectos de simultaneidad y estrecha vinculación entre los acontecimientos, que han sido, como se vio, invocados por los acusadores y no han sido desvirtuados, hasta el momento, a lo largo de la instrucción”.
“Nótese que en fecha 9 de marzo de 1977, Lidia Papaleo de Graiver, solicitó al juez de la sucesión de David Graiver autorización de las ventas de acciones clase ‘C’ y ‘E’ efectuada el 2 de noviembre de 1976 ad referéndum de la aprobación judicial”, afirmó Rafecas y advirtió que “en esa ocasión,  la operación pudo realizarse porque el paquete de las acciones se vendió simultáneamente con un importante paquete de acciones Clase A (cinco votos) que hicieron los mismos compradores al señor Rafael Ianover y Galería Da Vinci SA. Esta venta total representaba para los compradores (Clarín, La Nación y La Razón) prácticamente el control de la Sociedad.”
“Apenas cinco días después, Lidia Papaleo fue detenida –remarcó  Rafecas– y trasladada a Puesto Vasco, sitio en el que recordemos fue interrogada sobre la operatoria del Grupo Graiver.”
Diez días después de su detención a manos de la patota de Miguel Etchecolatz, el 24 de marzo de 1977, el asesor de menores César Hernán Cozzi Gainza pidió “recabar mayores elementos de juicio que permitan apreciar la equidad de dicha operación”. El punto es que la hija de Lidia y Graiver, María Sol, era una beba de dos meses y la viuda estaba a cargo del trámite sucesorio y los bienes de su marido muerto misteriosamente en un accidente en México.
La dictadura y sus socios civiles no pararon de acosar a sus víctimas. Había mucho dinero y poder mediático en juego. “Mientras tanto –señaló Rafecas en la página 37– conforme surge de su declaración en fecha 3 de julio de 1986 ante la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, en fecha 4 de abril de 1977, Lidia Papaleo fue trasladada desde Puesto Vasco al Pozo de Banfield donde fue interrogada por el general Gallino”.
Gallino fue el nexo uniformado de Magnetto y Mitre en el caso Papel Prensa.
El Ceo de Clarín ya no lo puede negar. No lo dicen los periodistas. Lo dice la justicia que investiga un delito cuya pena es la cárcel.

Publicado en el diario Tiempo Argentino el 6 de agosto de 2011

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Isidoro, Papel Prensa, y el guión de Magnetto


La apropiación de Papel Prensa

El oportunismo de Isidoro Graiver

Publicado el 6 de Octubre de 2010

Por Cynthia Ottaviano y Juan Alonso

Creer en los dichos de Isidoro –que se contradicen con los que nos dijo a nosotros, mirándonos a los ojos, y que pueden cotejarse en sede judicial– es una estrategia de defensa demasiado volátil, tanto como querer defender a un homicida asegurando que, a la hora en que ocurrió el asesinato, estaba en la casa de su madre.

Antes de hablar, se tapaba la boca con los dedos como si hubiera algo que no pudiera decir. Al responder, bajaba la mirada, esquivo. Cada tanto, se hundía en un suspiro profundo, fuerte, potenciado por micrófonos delatores y, ya pasados algunos minutos de “entrevista”, una saliva blanca, espesa, se apoderó del centro de su labio inferior: estaba nervioso. Ocultaba. Mentía. La cara, como se sabe, es el campo de batalla de las emociones. Todo se refleja en un par de gestos. Y no fueron esos gestos los que pudimos ver cuando lo entrevistamos a lo largo de más de dos horas, el 11 de junio pasado. Al contrario, frente a nosotros se mostró distendido, verborrágico, elocuente. Llamaba a las cosas por su nombre: los diarios “nos trataron de chorros”, “a todas luces fue un afano, lisa y llanamente un afano”, “las presiones eran permanentes”, “los diarios nos humillaron”, dijo.
No tardaba en responder, ni calculaba cada palabra, como ocurrió el lunes a la noche, cuando a dúo con Joaquín Morales Solá intentó “limpiar” la imagen de Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre (empleadores del columnista de La Nación, acusados de ser partícipes necesarios de delitos de lesa humanidad). ¿Qué importa si para Isidoro Graiver Magnetto tenía un “rol secundario” y Bartolomé Mitre “incluso menor”? Todos los documentos vinculados con Papel Prensa, las declaraciones hechas ante la Inspección General de Justicia, las publicaciones del Boletín Oficial, el pacto de sindicación y las notas periodísticas hechas por ellos mismos los mencionan con nombre y apellido como los directores de esa compañía1. Con Mitre, Magnetto y Peralta Ramos se reunió Oscar Bartolomé Gallino, el general de brigada que ostentaba el poder de mando entre los represores, interrogador oficial de Lidia Papaleo y del propio Isidoro Graiver. Y después de esas reuniones preparó los interrogatorios, que se realizarían el 11 de abril de 1977, como probó Tiempo Argentino, precisamente a Lidia, sobre Papel Prensa. Quedó registrado en los documentos. La palabra inescrupulosa de una persona ante un columnista, pagado por los acusados, no podrá cambiarlos. Ni aunque así lo quisiera.
Creer en los dichos de Isidoro –que se contradicen con los que nos dijo a nosotros, mirándonos a los ojos, y que pueden cotejarse en sede judicial– es una estrategia de defensa demasiado volátil, tanto como querer defender a un homicida asegurando que a la hora en que ocurrió el asesinato, estaba en la casa de su madre.
El 2 de noviembre de 1976, día en que la apropiación de Papel Prensa intentó materializarse en un documento legítimo, Isidoro Graiver no tenía ningún vínculo comercial con el emporio familiar. Se había alejado hacía años. De manera que su firma no puede encontrarse en los documentos, no tenía poder. Su cuñada, sin embargo, sí los tenía, como administradora de la sucesión que le correspondía a su hija María Sol. Por eso todos los documentos llevan su firma, la de los padres de David y la de Rafael Ianover, quien denunció que firmó sin saber el contenido de los documentos y sin tener noción del precio.
¿Qué puede motivar a Isidoro a contradecir a su cuñada? ¿El hecho de que lo hubieran marginado de los negocios familiares; que no fuera heredero del emporio construido por David, una vez que murieran sus padres?, ¿que Lidia sí fuera la administradora del 50% en nombre de su hija? Sólo él puede saberlo.
Es evidente que Joaquín Morales Solá no buscaba conocer la verdad, si no le habría preguntado si el precio pagado por los tres diarios (Clarín, La Nación y La Razón) era equivalente al valor real de Papel Prensa, en qué condiciones se hizo esa transferencia accionaria, si los diarios lo habían humillado publicando notas periodísticas en las que los vinculaban con fraudes, pidiendo que la Junta Militar los investigara. Tampoco el columnista quiso saber cómo, si lo habían extorsionado y si era que necesitaban dinero, aceptó apenas 7200 dólares al momento de vender una parte del paquete accionario que ascendía al millón de dólares. Ni siquiera hoy alguien aceptaría semejante cosa, cobrar 7200 dólares por la venta de un bien valuado en millones. Morales Solá tampoco le preguntó por qué lo que dice ahora no es lo mismo que sostuvo en la entrevista con Tiempo Argentino.
Aun con un evidente relato estudiado, Isidoro Graiver no se atrevió a desmentir a Lidia Papaleo, quien aseguró en sede judicial que Magnetto la amenazó: “Firme o le costará su vida y la de su hija”. Ante la pregunta de Morales Solá, Isidoro respondió: “No puedo afirmar que no haya habido amenaza a mi cuñada”. Él sí dijo no haber recibido “ninguna amenaza de ningún tipo ni presiones a mi persona, a mi mujer (nada tuvo que ver en esta historia), ni a mis padres (no les podemos preguntar porque fallecieron)”. Sin embargo, ante el fiscal Ricardo Molinas (fojas 130-131) había reconocido que “en el mes de octubre de 1976, Miguel de Anchorena, abogado apoderado de la sucesión de David, se había puesto en contacto con su cuñada para informarle que había recibido información de Francisco Manrique (funcionario de Agustín Lanusse y mano derecha de Pedro Eugenio Aramburu) cuyo contenido era sintéticamente que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesario la venta de los paquetes accionarios del Banco Comercial de La Plata, del Banco de Hurlingham y del control accionario de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos de este último paquete eran los diarios La Nación, Clarín y La Razón”. Estos dichos d  oviembre de 1985, fueron ratificados por el propio Manrique (fojas 178-179), Papaleo (fojas 134-135) y Pedro Martínez Segovia (presidente de Papel Prensa, fojas 141-142).
Incluso, aunque Isidoro diga que Lidia recién ahora denuncia, también probará que sus dichos carecen de valor al leer no sólo el expediente Molinas, sino también el memorándum que el fiscal escribió el 18 de noviembre de 1978, reconociendo que “la esposa de Graiver ha denunciado ante la Justicia que fue presionada desde el Ministerio para transferir las acciones a vil precio, en beneficio de los que aparecen como adquirentes (Clarín, La Nación y La Razón)”.
Clarín y La Nación quieren convertir una historia de apropiación, tortura y despojo en una telenovela mal guionada. Evitan decir que cuando Lidia Papaleo firma, presionada, amenazada, en nombre de su hija, y junto con sus suegros, la venta no quedó firme porque debía autorizar el juez de la sucesión. Y nunca se consolidó, a pesar de los intentos constantes de los tres diarios y de los abogados de Lidia, que hacían presentaciones judiciales mientras ella era torturada, quemada en sus pechos, el abdomen y los genitales en un centro clandestino de detención. Que quede claro: la operación no estaba firme cuando Lidia e Isidoro eran torturados. Lo dicen los documentos, no hace falta que ellos lo confirmen. La investigación hecha por Tiempo Argentino, que ya lleva más de seis meses, que fue publicada en diez notas, de cuarenta páginas, está en manos de la justicia. A ellos, los fiscales Marcelo Molina, Carlos Dulau Dum y Sergio Franco, les toca determinar qué testimonio de Isidoro Graiver tiene valor, el que nos dio a nosotros, que encontró respaldo en varios documentos, o el del lunes, dicho ante el columnista que trabaja para los acusados.
“Las libertades son relativas”, explicó Isidoro obligándonos a preguntar, qué grado de libertad tuvo él mismo cuando llamó de noche a la casa del juez Arnaldo Corazza para decir que necesitaba declarar urgente, qué tan libre fue cuando se presentó a declarar espontáneamente ante los fiscales (tanto como lo hicieron los abogados de Magnetto y Mitre) horas antes de dejar el país, qué autonomía tuvo cuando se presentó ante un escribano porque a su sobrina María Sol se lo habían pedido desde Clarín y La Nación, y qué grado de independencia tuvo, el lunes pasado, frente a Joaquín Morales Solá para no responder lo que sabe, sino lo que necesitan sus victimarios.

1- “Convenio entre accionistas”, 18 de agosto de 1977: “en el primer ejercicio de la conducción de Papel Prensa, por parte de las tres empresas, la presidencia será ejercida por Sociedad Anónima La Nación, siendo su titular el Dr. Bartolomé Mitre (h); la Vicepresidencia Ejecutiva por Arte Gráfico Editorial Argentino SA, siendo su titular el Dr. Héctor Magnetto; y los tres puestos de Directorio restantes (…) los Sres. Patricio Peralta Ramos, Dr. Lauro Laiño y Dr. José Aranda”

PUBLICADO POR EL DIARIO TIEMPO ARGENTINO EL MIÉRCOLES 6 DE OCTUBRE DE 2010


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Lidia Papaleo le responde a La Nación


Entrevista exclusiva con lidia papaleo

“El gobierno no me ofreció plata”

Publicado el 26 de Septiembre de 2010

Por Hernán Cocchi


La viuda de Graiver desmintió las acusaciones del presidente del directorio de La Nación, Julio Saguier, sobre un supuesto pago de 2 millones de dólares que habría recibido para contar la historia de la apropiación de Papel Prensa. Anticipó que acudirá a la justicia.

Ni el gobierno me ofreció plata, ni Julio Saguier me ofreció plata, ni yo le pedí plata”, dijo Lidia Papaleo a Tiempo Argentino, al ser consultada sobre los dichos del dueño de La Nación, quien declaró que el Poder Ejecutivo le pagó 2 millones de dólares para que cuente la historia sobre la apropiación de las acciones de Papel Prensa durante la dictadura. La viuda de David Graiver confirmó que se reunió con el empresario porque él quería conocer su versión del traspaso accionario. Además, anticipó que recurrirá a la justicia y reiteró que ahora cuenta toda la verdad porque siente que su vida no corre peligro. “Sólo me voy a sentir libre el día en que la justicia dictamine por Papel Prensa y los representantes de esa injusticia vayan presos”, reflexionó.

–¿Usted se reunió con Julio Saguier?
–Sí. La reunión la convocó él en la Asamblea de Papel Prensa (del 20 de mayo pasado). Yo estaba con el licenciado (Guillermo) Moreno y (Saguier) me pidió mi teléfono celular. Luego me llamó y me pidió de vernos, y nos encontramos a la mañana en el Hotel Alvear.
–¿Cuál era el tema del que quería hablar?
–Él alegaba que cuando sucedió lo de Papel Prensa era muy joven y no sabía cómo había sido y que quería escuchar mi versión. Anteriormente, ya me había hecho llamar por Magdalena Ruiz Guiñazú para conseguir la entrevista con estas mismas palabras. Yo nunca había dado entrevistas y tampoco quería darle una a él –a pesar de que no es periodista, sino el dueño de un medio–, porque consideraba que era totalmente inútil hablar con gente que representaba a los medios, específicamente a esos medios que son Papel Prensa. Tampoco pienso entrar ahora a polemizar en los medios con un señor que es dueño de un diario. Doy esta entrevista, la única, porque Tiempo Argentino fue muy respetuoso de mi versión. No voy a hablar más, porque todos sabemos los intereses que hay detrás de esto. La charla, insisto, se hizo. Él habló de toda esta situación, y me dijo que le explicara: le expliqué. Conversamos bastante prolongado, inclusive hablamos de su estado de salud. Me dijo que se tenía que operar de próstata, que después de la reunión vería a su médico. La casualidad fue que compartíamos médico clínico. Hablamos de cosas de todos los días.
–¿Hablaron del gobierno?
–Sí. Él daba una versión muy poco real para mi visión del gobierno. Daba una imagen del gobierno que no coincidía con la mía. Frente a eso, le dije mi opinión y le pregunté cómo explicaba si el gobierno era tan malo. Hablaba muy peyorativamente de la presidenta. Incluso le planteé los logros –como mujer– de la presidenta y los logros que tenía con su propia familia. Le di el ejemplo de que los hijos de la presidenta, ella y su esposo jamás dieron una imagen de conflictos familiares. Aunque los puedan tener, nunca han trascendido. Y eso me parece que como mujer y argentina, cuando tenemos a muchos presidentes con serios conflictos, me parece que eso habla de quién es Cristina Fernández. A mí, como psicóloga familiar, me parece fundamental eso. Ella es absolutamente confiable. Como profesional y como mujer, estuve frente a una persona en las entrevistas que tuve, en lo que leo y en lo que escucho, una imagen sólida de una persona que tiene muy decidido su camino. Todo lo que ella me dijo a mí a solas es exactamente lo que está haciendo, y se lo dije a Saguier. Nunca se movió. Le recordé que nunca he militado en política. Yo elegí la psicología porque creí que el cambio de la humanidad iba a venir por la psicología. Hoy no pienso lo mismo. Y eso fue fundamental durante mi tortura y mis años de cárcel. Mis principios como persona y como profesional y la familia me ayudaron a tener toda esta entereza que he tenido y que tuve.
–Saguier dice que usted le confesó que el gobierno le ofreció dinero para contar su verdad sobre Papel Prensa.
–El gobierno jamás me ofreció dinero. Y no sólo eso. En la primera entrevista a la que concurrí con mi hermano Osvaldo (Papaleo) a la Secretaría de Comercio Interior, el licenciado Moreno me dijo que ni esa secretaría ni el gobierno le iba a dar plata a nadie. Que el tema Papel Prensa es una cuestión que ellos habían encarado y que la van a seguir, declarara yo o no declarara.
–¿Por qué cree que Saguier sale ahora a decir esto?
–Como ustedes publicaron, yo declaré cuando estuve secuestrada y desaparecida ante el general (Oscar) Gallino, y el tema era Papel Prensa. Está publicado, escrito. Yo no necesito, por suerte, más que que se lea lo que yo declaré en todos mis testimonios. Bajo tortura, con Gallino, las siguientes veces, ante el Consejo de Guerra, yo he tenido una coherencia, y no es casualidad. Uno no se puede equivocar cuando dice la verdad, porque la verdad no tiene tres o cuatro patas. La verdad es una. No te podés equivocar. Nadie tiene que ensayar. Me parece gravísimo lo de Saguier. Me parece muy grave para su honra como persona y me parece grave jurídicamente. Voy a tomar las medidas que me indiquen mis abogados, porque vamos a tomar medidas judiciales.
–Me permito ponerme en abogado del Diablo. Es su palabra contra la de Saguier, ¿cómo se resuelve en Tribunales?
–Lo tendrá que decidir el juez. Si el señor Saguier acepta hablar en la justicia… No sé cuáles son los pasos normales para esta situación, pero se hará. Yo llegué hoy de afuera. Acabo de llegar. Este camino mío no se corta. Yo ya dije mi verdad. Estoy haciendo esto porque estoy absolutamente convencida de que es necesario para el país. Es la primera vez en 34 años que tenemos la garantía de la justicia y de un gobierno. Me parece absurdo que me pregunten por qué ahora. ¿Por qué ahora? Porque no me matan. ¿Cuál es la pregunta? El encargado del edificio, el verdulero me dicen: “qué suerte que ahora sí puede hablar”. No hay que pensar mucho. Me parece alarmante la falta de veracidad. No me extraña de los medios que él representa. Yo conocía a la mamá y al papá del señor Saguier, y me parecían personas de bien. Yo se lo dije, le conté de cuando vi a su padre, inclusive estando enfermo, y él me dijo que estaba hablando conmigo porque era una buena persona. Entonces, me llama la atención esta falta de hombría de él. No lo puedo entender.
–¿En algún momento pensó que La Nación era diferente de Clarín?
–No. Siempre pensé que ellos eran acólitos de Clarín, de Héctor Magnetto, y que seguramente no tuvieron muchas oportunidades de elegir el camino. Estaban en un camino que eligió Mitre, pero no los hermanos Saguier. Porque nadie que trabaje con Magnetto tiene posibilidades, porque él es mayoría, incluso legal. No tienen oportunidades de pensar distinto. Por eso también lo vi. Porque era una oportunidad de darle una versión a una persona que quería escucharla porque no la conocía, porque no había estado, porque era joven. Es lo que me dijo la señora Ruiz Guiñazú, y él mismo el día de Papel Prensa. Entonces, creo que no era verdad por lo que salió publicado.
–¿La sorprendieron los dichos de Saguier?
–No me quedo asombrada para nada, pero me da mucha pena que haya gente que siga apostando a la mentira. Que el dinero sea más importante que la vida de uno. Porque la vida de uno está basada en los principios, en la dignidad. Si perdés eso, no sos nadie. Yo no puedo entender que haya opción. Nunca la hubo. Insisto: ni el gobierno me ofreció plata, ni Saguier me ofreció plata, ni yo le pedí plata. Yo sigo viviendo de la misma manera que vivía y sigo teniendo los mismos principios que tuve todos estos años. Estoy absolutamente comprometida por que se haga justicia en Papel Prensa y que pase a pertenecer a quienes tiene que pertenecer. Yo no tengo interés en transformarme en empresaria. A mí me importan los seres que quiero y la vida que hago. Yo trabajo, soy feliz con mi vida y mi trabajo. Lo que importa apasionadamente ahora es esta oportunidad que me da el gobierno y que es llegar a la verdad.
–¿Qué cambió desde que reapareció el tema Papel Prensa?
–Sólo me voy a sentir libre el día en que se sepa la verdad de Papel Prensa y la justicia dictamine por Papel Prensa y los representantes de esa injusticia vayan presos.

PUBLICADO POR EL DIARIO TIEMPO ARGENTINO EL 26 DE SEPTIEMBRE DE 2010

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El documento definitivo que demuestra que Magnetto y Mitre se reunían con los represores para colaborar en los interrogatorios por Papel Prensa


Papel Prensa: la alianza entre los tres diarios y las tres armas

Después de reunirse con Magnetto y Mitre, Gallino interrogó a Lidia Papaleo

Publicado el 26 de Septiembre de 2010

Por Juan Alonso y Cynthia Ottaviano
La viuda de David Graiver fue secuestrada el 14 de marzo de 1977. La torturaron para sentarla frente a su interrogador el 11 de abril de 1977, en el Pozo de Banfield. Dos días antes, los directivos de los diarios habían hecho “sendos informes”.

No le dijeron nada. Sólo que se vistiera. Rápido. Con la ropa que le dieron. Era el 11 de abril de 1977. Lidia Papaleo de Graiver, de 33 años, estaba desnuda, hambrienta y dolorida por los golpes y torturas que había recibido. Debía cambiarse a las apuradas, como podía, con el dolor que la carcomía, por tener cada miembro dislocado cuatro veces; y los pechos, el abdomen y los genitales quemados. Al general de brigada Oscar Bartolomé Gallino no le importaba nada de eso. Por el contrario. Tenía que cumplir con su plan macabro. Había dado la orden para que la sacaran del calabozo y la sentaran frente a él. Iba a interrogarla.
El hombre que ostentaba el poder de mando en los centros clandestinos de detención había planificado ese interrogatorio desde por lo menos dos días atrás. Así lo detallan los documentos secretos que Tiempo Argentino reveló, en los que el represor dejó asentada la reunión con los directivos de Clarín, La Nación y La Razón, y la confección de los interrogatorios para ser efectuados el 11 de abril. Precisamente ese día en que Lidia tenía frío cuando la sacaron de su calabozo.
Gallino había sido preciso: “A las 8 horas y cuarenta minutos concurren a producir sendos informes el señor secretario de Industria, doctor (Raymundo) Podestá, los presidentes de los directorios de los diarios La Nación, Clarín y La Razón (…) En la misma fecha, a las veinte horas se preparan los interrogatorios a tomar el once de abril.” La duda sobre quiénes eran los representantes de los diarios quedó despejada por una consulta al Boletín Oficial. Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre y Patricio Peralta Ramos tenían ese cargo. Pero hasta hoy no se sabía a quién iba a interrogar Gallino el 11 de abril, ni sobre qué tema. Los documentos secretos que este diario da a conocer después de 33 años de ocultamiento lo aclaran: el represor quería interrogar a Lidia Papaleo sobre los bienes que se habían declarado en la sucesión por la muerte de su marido, quería tener la radiografía del emporio económico, los encuentros que había mantenido la mujer desde su llegada a la Argentina, y a nombre de quiénes estaban las acciones de Papel Prensa.
Las preguntas se sucedieron a lo largo de dos días. Gallino era impiadoso. Lo habían elegido Jorge Rafael Videla, Carlos Guillermo Suárez Mason y Ramón Camps, el temido jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, para que “investigara” a los Graiver. Entre los diplomas del general de brigada se destacaban la cacería de militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que habían intentado copar el cuartel de arsenales Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo; y su cargo de subdirector del centro clandestino de detención El Tolueno, en la fábrica militar de Campo de Mayo.
La saga de documentos que registró la burocracia criminal empezó el 6 de abril de 1977, cuando el inquisidor dejó asentado el inicio de “su trabajo”: “Siendo las ocho horas, y de acuerdo con la orden del Jefe del Estado Mayor General del Ejército (Videla), efectúo mi presentación ante el señor Comandante del I Cuerpo de Ejército, General de División Carlos Guillermo Suárez Mason, a quien quedo subordinado ‘en comisión’, el que me imparte la orden verbal de instruir la prevención que determina el artículo 1° de la ley 21.460, a fin de investigar las vinculaciones que con la Organización Político Militar Montoneros pueda tener el llamado ‘Grupo Graiver’, orden que será ratificada por escrito. En consecuencia, y en este acto, inicio la sustanciación de la prevención.”
Antes de estampar su firma, presente en una veintena de fojas en varias causas archivadas por los distintos poderes del Estado, Gallino dejó constancia de las diferentes reuniones que mantuvo, a qué hora y con qué motivos. Ese mismo día 6 de abril de 1977, a las 15 horas, inició la secuencia. Recibió en su despacho “al señor ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, al señor Fiscal de Estado de la provincia de Buenos Aires; al señor presidente del Banco Provincia, quienes aportan contribuciones al tema de investigación.”
A las 18:30, recibió al torturador de Lidia Papaleo, Ramón Camps. Y según se remarca en un documento que lleva el sello de “secreto” impuesto por el “Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas”, Suárez Mason lo visitó “a fin de interiorizarse de la situación”. La “situación” eran los Graiver, Lidia Papaleo y los empleados y amigos del grupo, humillados y torturados.
Gallino sentó uno a uno a los victimarios del grupo económico, a los militares y civiles asociados en el despojo de Papel Prensa.
El 7 de abril de 1977, a las 8 de la mañana “el oficial preventor” se presentó en “la Dirección de Seguridad de la Zona Metropolitana” para que las víctimas ratificaran, “ante mi presencia, sus declaraciones policiales”.
Vale aclarar que todos esos dichos fueron arrancados por Camps picana en mano. La maquinaria de la muerte y el saqueo estaban en marcha. Los Graiver serían despojados de sus derechos ciudadanos y económicos. ¿Cómo se lograría? Suárez Mason lo responde por escrito: Gallino debía instruir “la prevención sumarial en averiguación de las vinculaciones que con Montoneros puede mantener el denominado Grupo Graiver.”
Después de leer la ratificación por escrito de la orden de Suárez Mason, a las 16:30, y con las confirmaciones de los interrogatorios dadas por Lidia Papaleo, Juan e Isidoro Graiver, Silvia Fanjul y Lidia Gesualdi en la mano, Gallino se reunió con Magnetto, Mitre y Peralta Ramos. ¿El motivo? “La adquisición del paquete accionario del Grupo Fundador de Papel Prensa”.
Al día siguiente, el 8 de abril, Gallino vuelve a reunirse con Suárez Mason para recibir “las actuaciones que instruyó la Dirección General de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (Camps) en averiguación de las actividades cumplidas por el Grupo Graiver en relación con Montoneros, que consta de 97 fojas útiles.”
Antes de firmar, Gallino deja constancia de que “me invoco al estudio de dichas actuaciones”.
El 9 de abril, a las 8:40 horas, se reúne nuevamente con la pata civil del plan. “Concurren a producir sendos informes, el secretario de Industria (Raymundo) Podestá, los presidentes de los directorios de los diarios La Nación, Clarín y La Razón, acompañados de sus letrados, que son adquirentes del paquete accionario del ‘Grupo Fundador’ de Papel Prensa, que representa el 26 por ciento del paquete accionario.”
En el memorando, agrega que “a las quince horas concurren el presidente y vicepresidente del Banco Central, y presidente del Banco de la Nación Argentina, para considerar la situación del Banco Comercial de La Plata y Banco Hurlingham (creados por David Graiver)”.
Es entonces cuando se detalla la prevención final: “se preparan los interrogatorios a tomar el once de abril”. En ese interrogatorio determinado con días de anticipación, la viuda es obligada a contar cómo había conocido a su esposo y pormenores del matrimonio que ambos contrajeron en los Estados Unidos el 18 de diciembre de 1975. El acta de Gallino refleja sólo lo que previamente los torturadores le habían arrancado con la picana a Lidia Papaleo: los múltiples llamados anónimos que recibió en Acapulco para que se desprendiese de todos sus bienes y la conexión financiera entre David y los 17 millones de dólares de los Montoneros.
Gallino quería conocer la historia con precisión. Lidia le explicó que había vuelto al país, desde México, el 16 de septiembre de 1976. Que su marido había muerto al desplomarse un avión el 7 de agosto de 1976, en vuelo desde Nueva York hacia Acapulco. Que la familia Graiver decidió volver a Buenos Aires. Que apenas puso pie en la Argentina intentó en vano refugiarse en el departamento de su madre sobre la Avenida Alvear, en Recoleta, y que se había entrevistado con Alejandro Agustín Lanusse.
Lo que no quedó registrado durante el interrogatorio es que el 22 de septiembre, es decir apenas seis días después de llegar, Lidia le escribió una carta a Jorge Rafael Videla pidiéndole una audiencia para solucionar sus problemas: “Con el propósito de expresar la grave preocupación que invade mi ánimo, ante la campaña de infundios originados en fuentes extranjeras (…) con los cuales se intenta mezclar el nombre de mi recientemente fallecido esposo, David Graiver”.
Gallino pudo leer la carta tiempo después, ya que fue incorporada al expediente el 24 de octubre de 1977, es decir, casi un año más tarde de que Lidia la escribiera. “Siento como mi deber asumir la tarea de mantener limpia la memoria de mi esposo, así como también defender mi propia personalidad moral y la de nuestra pequeña hija. Solicito por medio de la presente audiencia, a fin de exponer en forma personal y para darle una apreciación real en que nos hallamos”, consigna el documento.
Videla nunca la atendió. La estrategia del dictador era otra. Poco después quedó en evidencia, cuando el 8 de marzo se puso en marcha el “Operativo Amigo”, con el secuestro de Juan Graiver, el padre de David, a quien consideraron “cabecilla”. Siguieron con Lidia Papaleo, Lidia Gesualdi y Silvia Fanjul el 14 de marzo; Eva Gitnacht de Graiver (la madre), Isidoro (el hermano), tres días después, y Jorge Rubinstein, el apoderado general de la familia. Finalmente, el 12 de abril también fue arrastrado por un grupo de tareas Rafael Ianover, vicepresidente de Papel Prensa.
Ese era el marco de terror del que fueron partícipes los tres diarios, Clarín, La Nación y La Razón. Esa es la “seguridad jurídica” que reinaba. El plan sistemático de apropiación de Papel Prensa había comenzado, en rigor de verdad, antes del golpe del 24 de marzo de 1976, tal como explicó Isidoro Graiver en la entrevista realizada el 11 de junio pasado con este diario. El origen del despojo es lo que ideó Martínez de Hoz, intelectual del golpe y enemigo declarado de los Graiver, quienes eran uno de los principales resortes de la Confederación General Económica (CGE), cuya creación había impulsado José Ber Gelbard, ex ministro de Juan Domingo Perón.
Gallino no quería escuchar nada de esto. Quería profundizar sobre el supuesto vínculo con Montoneros. Lidia, dolorida por la tortura, dio todos los detalles que pudo: “A fines de octubre o principios de noviembre de 1976, se apersonó a la deponente en sus oficinas de la calle Suipacha una persona que se identificó como el doctor Paz y cuya descripción la dicente ya ha realizado en sus declaraciones policiales y las que se ratifica y a las que se remite.” Las mismas que Camps y Etchecolatz le habían arrancado mediante tortura.
Recién a las 21:47 Gallino dijo basta. “El Señor Oficial Superior dispuso suspender este acto para continuarlo en la oportunidad que lo determine.” Ordenó que la volvieran a llevar a su celda. Lidia lo recuerda: “Hacía mucho frío. En la celda no se podía estar parada, porque el techo era bajo”. Estaba destrozada, aseguró en diálogo con este diario.
Cuando creyó que por ese día todo había terminado, oyó que la puerta de metal se abría. “De pronto me vienen a buscar –explica Lidia–, me abren la puerta. Una mujer estaba pariendo en el pasillo. Querían que fuera a ayudar. Pero no podía del dolor. Tenía los pechos, el abdomen y los genitales quemados. Escuché que la madre gritó el nombre y el apellido de la beba, creo que era Victoria, pero no me acuerdo bien.”
Después, Lidia oyó que seguía el protocolo de la apropiación: “Le dijeron a la madre que iban a lavar a la beba, que ya la traían, pero no la vimos nunca más. Ya en democracia, me llamó la hermana de la mujer que dio a luz y dije todo lo que recordaba. Esa mamá está desaparecida” (ver recuadro).
Como es de esperar, el interrogatorio de Gallino nada dice al respecto. Sólo da cuenta de que “en la ciudad de Banfield (es decir el Pozo de Banfield), a los doce días del mes de abril, siendo las 16:30 se reabre el acto con Lidia Elba Papaleo.” Para ser claros, el apriete.
Para Gallino la preocupación de la jornada era el expediente sucesorio y los bienes declarados en esa causa. Le preguntó a Lidia. El primer bien que mencionó como declarado la viuda fue Papel Prensa, después siguió con el Banco Comercial de La Plata, el Banco de Hurlingham y un departamento en la calle Darragueyra, de Capital Federal. Uno a uno, Gallino le pidió que desglosara nombres de empresas y personas, accionistas y empleados. Encuentros y acuerdos. Lidia contó que se había encontrado con Lanusse, Bernardo Neustadt, y Jacobo Timerman, por Papel Prensa y las acciones del diario La Opinión.
Cuando ya había pasado más de una hora de interrogatorio, Gallino disparó una pregunta amplia para que Lidia completara “la nómina de las personas que visitó a su regreso a la Argentina”. La mujer aprovechó para aclarar que había mantenido “frecuentes entrevistas” con Francisco Manrique, funcionario de Agustín Lanusse y mano derecha de Pedro Eugenio Aramburu en la llamada Revolución Libertadora de 1955. “Solía aconsejarla que tuviera cuidado, porque podría ser víctima de una extorsión por un millón de dólares; esto se lo dijo en los últimos meses y la deponente supone que estaba referido a Papel Prensa, con motivo de su venta.”
Gallino la escuchó. Siguió preguntando. Quería precisiones. “Qué empresas integran EGASA, contestó: Banco Comercial de La Plata, Papel Prensa SA, Electroerosión, Metropol, Vechea, cincuenta por ciento de las acciones del diario La Opinión, cuarenta por ciento de las acciones de Canal 2-La Plata, cincuenta por ciento del diario Última Hora, Fundar, Construir, distintos campos cuyos nombres desconoce”, continuó Lidia.
Estuvo horas completando la nómina. Gallino insistió sobre Papel Prensa: “preguntada quién forma parte de la sociedad de Papel Prensa, dijo: que hay acciones a nombre de David Graiver, Galería Da Vinci y el señor Ianover”.
Suficiente para Gallino: “en este estado, siendo las 18, el oficial superior, dispone dar por finalizado el acto, no teniendo la declarante nada más que agregar, quitar o enmendar, firma de conformidad la compareciente con el señor oficial superior Preventor”.
Ahora se sabe. Los interrogatorios que se prepararon para ser tomados el día 11 de abril, después de que Gallino se reuniera con Mitre, Magnetto y Peralta Ramos, eran para Lidia Papaleo, en el Pozo de Banfield, sobre el emporio económico del Grupo Graiver y Papel Prensa.
Quedó todo documentado.
Sólo resta que la justicia de la democracia se expida sobre este caso, que aún hoy surca la historia de los argentinos, como una  sombra de sangre.

Las reuniones de Gallino

El 6 de abril de 1977, el general de brigada se presentó ante Suárez Mason, quien le encargó investigar los vínculos de los Graiver con Montoneros.  Después, se reunió con Ramón Camps.

El 7 de abril, con las ratificaciones de las declaraciones hechas por todos los detenidos, se sentó con Héctor Magnetto (Clarín), Bartolomé Mitre (La Nación) y Patricio Peralta Ramos (La Razón).

El 8 de abril, volvió a reunirse con Suárez Mason para recibir las actuaciones hechas por
Camps.
El 9 de abril concretó una nueva reunión con Magnetto, Mitre y Peralta Ramos. Produjeron “sendos informes”. Armó los interrogatorios  “para el 11 de abril”.

El 11 de abril interrogó a Lidia Papaleo sobre el emporio económico Graiver y Papel Prensa.

Victoria, la hija de María Castellini, nacida en medio de los interrogatorios

Publicado el 26 de Septiembre de 2010

La hermana mayor de Victoria Petrakos, Clara, suele recordar que se crió con su abuelo y su tía en la zona de Merlo, en el Gran Buenos Aires. A los 18 años comenzó a preguntar qué le había sucedido a sus padres María Eloísa Castellini y Constantino Petrakos. Ambos militaban en el ERP, cuando el 11 de noviembre de 1976, siendo ella una beba, una patota llegó al jardín de infantes El Palomo, donde trabajaba María Eloísa, para llevarla secuestrada. Desde entonces está desaparecida, al igual que su Victoria, que nació en el Pozo de Banfield durante abril de 1977.
En una entrevista con Tiempo Argentino, Lidia Papaleo recordó que luego del primer interrogatorio a que la sometió Oscar Gallino –el 11 de abril de 1977– una mujer dio a luz una beba. “Tenía mucho coraje y gritaba su nombre”, recordó. Esa mujer era María Eloísa, y los represores querían que Lidia los ayudara en el parto, algo que no consiguió hacer: a causa de las fortísimas torturas, le era imposible moverse.
El 10 de abril cayó Domingo de Pascua y los torturadores no encontraban médico.
En el parto anterior, el 2 de abril, Isabela Valencia fue llevada personalmente por el médico Jorge Bergés para que la joven tuviese a su bebé. En ese caso, el calvario de Isabela comenzó en Quilmes y siguió más tarde en Banfield. La partera y la médica que le avisaron del parto a la familia de la víctima fueron secuestradas por la dictadura.
Por su parte, el mismo día en que se llevaron a María Eloísa, los Petrakos volvieron a ver el rostro de los represores. Querían detener al papá de Clara, Constantino, y para eso se quedaron toda la noche en la casita de Merlo, saqueándola, en presencia de la tía y el abuelo de Clara, que no pudieron hacer nada para liberar a María Eloísa –a quien vieron mal de salud y torturada–.
Hoy, Clara Petrakos busca datos para saber dónde y con quién está Victoria.
No pierde la esperanza de que al hacer circular su propia foto y la de sus padres, Victoria pueda reconocer el parecido y animarse a resolver su pasado para así reencontrarse con ella, después de tantos años de sufrimiento y memoria.

La “discrepancia” del ex fiscal Strassera

Publicado el 26 de Septiembre de 2010

El 6 de febrero de 1986, el juez federal Miguel Guillermo Pons “absolvió libremente a Lidia Elba Papaleo e Isidoro Graiver, del delito de asistencia económica de actividades subversivas, por el que fueron acusados”.
En ese acto, Pons ponía negro sobre blanco y reparaba la injusticia que había cometido la dictadura con los Graiver y Papaleo.
El 17 de abril de 1986,  el entonces fiscal de Cámara Julio César Strassera presentó un escrito de una carilla y media en que reflejaba su oposición a que Lidia e Isidoro recuperasen la libertad después de haber sido despojados, vejados y torturados por los genocidas y sus tribunales militares.
Strassera comenzó fundamentando su posición: “La sentencia absuelve libremente a Lidia Elba Papaleo e Isidoro Miguel Graiver por entender el señor juez que el hecho descripto en la acusación ha sido desincriminado por la ley 23.077 que derogó el artículo 225 del Código Penal. Al respecto debo decir –escribió Strassera– que discrepo con esa decisión judicial. En efecto en el escrito de acusación sostuve que ambos procesados, por las razones de hecho allí expuestas, habían puesto a disposición de la organización subversiva Montoneros aproximadamente la suma de 17 millones de dólares.”
En el párrafo final, tras sopesar los cambios de la ley penal en relación a la etapa dictatorial, Strassera dijo: “Propongo la revocación de la sentencia apelada y que se condene a Lidia Papaleo y a Isidro Graiver como autores del delito previsto y reprimido en el ar-
tículo 225 a la pena de cinco años de prisión, accesorias legales y costas.”
El 12 de septiembre de 1986, los camaristas Ricardo Gil Lavedra y León Arslanian resolvieron confirmar el fallo apelado por Strassera y dispusieron la absolución de Lidia Papaleo e Isidoro Graiver del delito de asistencia económica de actividades subversivas por el que fueron acusados.
De esa forma, se desmoronaba de a poco la complicidad del poder económico con los socios civiles de la dictadura, que desde los diarios hegemónicos edificaron la propaganda de la dictadura con la anuencia judicial.

PUBLICADO POR EL DIARIO TIEMPO ARGENTINO EL 26 DE SEPTIEMBRE DE 2010

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