Los rugidos del león


Por Juan Alonso


Ojo con el peronismo herido. Cuidado con faltarle el respeto al pueblo.
El movimiento político de masas más importante de América Latina que transformó a la sociedad argentina en la mitad del siglo XX y se hermanó, gracias a Néstor Kirchner, con los demás países de nuestro continente en la Unasur, siguiendo los preceptos de la Patria Grande de Bolívar y San Martín, está dolido y en reacción de aguante. Cientos de miles de jóvenes le dieron el último adiós al líder y varias generaciones marcharon llorando por la Plaza de Mayo. Familias enteras levantaron las banderas para despedir al hombre que se fue.

Eso es mucho más que una señal. Y no poca cosa para entender esta historia.
El movimiento obrero organizado, con el camionero Hugo Moyano a la cabeza, demostró a horas de la repentina muerte de Kirchner, que la CGT respaldará a Cristina pase lo que pase y a cualquier costo.
El gremio de Moyano estuvo en la Plaza. Se hicieron sentir al igual que la líder de la organización Tupac Amaru, Milagro Sala, junto a Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto, Taty Almeida y Nora de Cortiñas. Es decir: por primera vez en la vida de los argentinos todos los organismos defensores de los Derechos Humanos le dijeron presente a la presidenta que votó la mayoría del pueblo en 2007.
¿Y por qué?
Simple: Kirchner derogó las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final; descolgó el cuadro de Videla del Colegio Militar; edificó un Museo de la Memoria en la ESMA; promovió justicia contra los crímenes de lesa humanidad y encarceló a los genocidas; avaló las paritarias para la clase obrera; aumentó dos veces por año las pensiones y jubilaciones, resolviendo la falta gravísima del delarruismo y la vocera de Magnetto Patricia Bullrrich Luro Pueyrrerón; hizo participar a la clase trabajadora muy cerca del piso histórico del 50% del PBI del primer peronismo; defendió la soberanía nacional en la causa Malvinas; pagó gran parte de la deuda externa y rompió con el Fondo Monetario Internacional, el Club de París, y George W. Bush; le dijo no al ALCA y sí a los sueños del sur; sostuvo la democracia en Ecuador, Bolivia y Colombia; se alió con Evo, Lula, Chávez y Correa; dignificó por fin a los caídos del sistema con la Asignación Universal por Hijo, y se enfrentó como nadie –salvo Juan Perón– contra el poder real de las grandes corporaciones empresarias, las patronales del campo, la Iglesia y el oligopólico Grupo Clarín.

Y, como si fuera poco, antes que nada deshizo la llamada Ley Banelco de los aliados del desastre del 2001 y nombró la mejor Corte Suprema de Justicia que hemos tenido desde 1983.

A diferencia de Carlos Saúl Menem, Kirchner no traicionó los valores de su generación, y tal como prometió, no dejó los ideales en la puerta de la Casa Rosada. Los puso adentro y se forjó como un estadista militante.
Por eso, desde la otra central de trabajadores, Hugo Yasky, de la CTA, también se ocupó de remarcar que los afiliados docentes y estatales, entre otros, no resignarán las conquistas logradas con las gestiones de Néstor y Cristina desde 2003 hasta acá.
No hay absolutamente ninguna posibilidad de regresar a la política de entrega y saqueo de los ’90. Eso quedó muy claro en las calles de todo el país.
Sólo el kirchnerismo –la expresión actual del peronismo auténtico– pudo lograr una concertación política de masas con un fortísimo anclaje en sectores intelectuales y medios que conmovió al mundo en tres días de duelo sentido y multitudinario.
¿Qué mente pueril puede pensar que los cientos de miles de personas que se acongojaron por la pérdida de Kirchner, asistieron a la Casa de Gobierno y a Río Gallegos, por el pancho y la gaseosa?
El que afirme semejante sandez está condenado a la ignominia.
La tapa de Clarín de ayer, el diario de Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto (acusado por el Estado de haber cometido presuntos delitos de lesa humanidad en la apropiación de la empresa Papel Prensa en sociedad con la última dictadura) volvió a mentir a la sociedad.
Ese medio ya no logra interpretar la realidad, ni siquiera con la manipulación de subjetividad que promueve sin pausa y sin vergüenza.
“La presidenta afronta en soledad la tarea de gobernar y de conducir a las fuerzas oficialistas”, escribió el diario en donde el otrora militante de izquierda, Ricardo Roa, desliza infamias en cada línea abyecta de su prosa esmirriada.
Ni Cristina está sola ni el consenso se logró a base de “chequera” como sostiene Roa livianamente, con la banalidad propia de la prensa canalla, oficialista de la dictadura y sostén del neoliberalismo que hambreó a los trabajadores con el Menemato.
Sin dudas, el paradigma que se abre es esperanzador para el pueblo argentino.
Cristina Fernández de Kirchner retomará –como lo hizo siempre– las principales banderas por las que su compañero dio la vida: justicia social, soberanía política y económica para lograr al fin una Patria justa, libre y soberana.
Los fundamentos que legó Perón y Evita y que Kirchner interpretó como nadie.
Mucho respeto con el peronismo herido. El león ruge porque está vivo.

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La noche larga


Por Juan Alonso

Fue un día paradojal que avanzó en círculos envolviendo esperanza y tragedia.

Momentos conmovedores e imborrables que quedarán para siempre bajo la piel de los argentinas y argentinos de bien. Eran las 21 del 27 de octubre, día aciago en el que murió Néstor Kirchner, y en el estudio donde se emite 678, en Canal 7, no cabía toda la esa tristeza junta.

En la primera fila se sentaron, en paz, Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo; Tati Almeida, de Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora); Julio Piumato, secretario general de los empleados Judiciales y miembro de la CGT; Omar Plaini, Canillitas; Hugo Yasky, secretario general de la CTA;  Pablo Echarri, Susana Rinaldi, Florencia Peña, Cecilia Roth, Ana María Picchio, y Víctor Laplace; entre otras figuras del ambiente artístico. Todos quebrados por la angustia.

Cada uno confluyó en aquella hondura difícil de describir. Esos rostros de dolor me revelaron hasta qué punto la pérdida de Kirchner marcó a fuego a los que ya hemos transcurrido algo más que la mitad de la vida.

El director de este diario, Roberto Caballero, nos dijo el día que convocó al equipo periodístico: “Nosotros vamos a caminar por la senda de los pañuelos blancos, por donde vayan las Madres y las Abuelas, ahí estaremos. Ellas son nuestra guía”.

De pronto recordé esa frase resonando en mi cerebro aturdido, sentadito ahí en nombre de este colectivo de trabajo. Y moqueé como un chiquilín incorregiblemente ingenuo, sonso de toda sonsera. Demasiado acostumbrado a merodear los distintos planos de lo trágico y las noticias policiales, tomé consciencia de ya no era el mismo hombre.

Por supuesto que no lo era. Definidamente no.

Y recordé a mi padre, cuando murió Juan Domingo Perón, el 1 de julio de 1974, cuando lo vi llorar en un grito de silencio.

Casi con palpitaciones, noté para mi sorpresa, que no se adueñó de mí el cinismo típico de este oficio santo y maldito. Ni siquiera me rozó esa noche de penas. Más bien, todo lo contrario. Fueron tres horas de combate contra la muerte, el designio incierto del destino, la desdicha, la ruindad y el olvido.

Fue una noche de memoria y hasta diría que fue una noche militante.

Desde que Tati Almeida definió a Kirchner como “un hijo” el ambiente se cargó de esa bruma espesa que no se borra con nada. La adrenalina de estas horas nos durará semanas, meses, años, hasta que nos demos cuenta de qué estamos hechos debajo de los huesos que heredamos de nuestros viejos.

“Carajo, me pongo a llorar de nuevo, soy un imbécil importante”, escuché decir a mi espalda. Por delicadeza no me di la vuelta y espié el monitor donde aparecía Raúl Rizzo desencajado. Unas pocas filas más allá, Horacio Fontova, muy conmovido.

El actor Ernesto Larrese y su pareja, el representante de actores Alejandro Vannelli, se sentaron a mi derecha. Larrese tuvo palabras de agradecimiento para la gestión que avaló, propuso y legisló el matrimonio igualitario. Lloraron. Todos lloramos. Y pensamos que esa fue una victoria de la democracia real que tuvo a Kirchner como ideólogo y protagonista principal.

Llegó un corte que dio paso al noticiero y de vuelta apareció el ex presidente jugueteando con el bastón el día que asumió, el 25 de mayo de 2003, en el Congreso de la Nación. Hubo risas.  Pero los camarógrafos tenían los ojos rojos.

Y vimos la otra sonrisa feliz de la presidenta que ahora es viuda. Esa huella del amor en un gesto sencillo y franco. Moldeada en un amor que no muere porque perdura y se expande en el aire de este cielo tan celeste.

De lo contrario, ¿qué demonios fue todo eso que vivimos en ese estudio de televisión el mismo día en que Kirchner murió?

¿Cómo se explican las repentinas demostraciones de afecto genuino que miles de ciudadanos realizaron en las últimas horas en todo el territorio del país? ¿Quién es el titiritero místico que está detrás de esos actos espectaculares por sus niveles de credibilidad?

“El pueblo no defrauda jamás”, escuché en el panel.

Lo que al principio fue sólo tristeza, pronto fue exposición de ideas, perseverancia, fortaleza de ideales que no están a la venta ante nada ni nadie.

“Ese hombre me dio vuelta más de una vez. Kirchner no es parecido a nadie”, afirmó Susana Rinaldi. Más aplausos.

Ahí nomás, el rabino Daniel Goldman y el sacerdote Eduardo de la Serna se estrecharon en un saludo que fue mucho más allá de la religión y la fe. Hubo confraternidad entre seres humanos. Probé que era posible. Y, para mi asombro, descubrí lo inimaginable para un periodista de más de 40 años. Que estaba creyendo aquello. Es decir: todo ello era tan real como las sentidas palabras de Milagro Sala, líder de la Organización Tupac Amaru: “Muchos argentinos hoy son más kirchneristas que antes. Cristina no está sola. Que la puta derecha sepa que no se la va a llevar gratis”, soltó en el estudio de televisión.

Nos quedamos sin palabras.

Y no era frivolidad eso. Porque Milagro Sala también nos dio una enorme lección. Tal como había dicho unas horas antes, desde la sede la CGT, Hugo Moyano: “El pueblo, los trabajadores, no olvidan a quienes protegieron sus derechos”.

Es tan cierto como que el sol saldrá cuando no estemos pisando esta tierra hermosa.

La tribuna de 678 reflejó mucho más que convivencia democrática y solidez política de algunos de sus participantes. Lo que dejó en claro esa tribuna, junto a los conductores del ciclo que produce Diego Gvirtz y conduce Luciano Galende, fue que la Argentina no será la misma nunca más después de Néstor Kirchner.

Un hombre criticado por sus aciertos, no por los errores que pudo haber cometido.

Eso quedó reflejado en las palabras del Movimiento Obrero representado por Piumato, Plaini, y Yasky.

Las nuevas generaciones de dirigentes, representadas por Martín Sabbatella y Carlos Raimundi, entre otros, destacaron el vacío que dejó la pérdida del “militante”.

En nombre de los periodistas que estábamos en el estudio, tomaron el micrófono Claudio Villarruel, Pablo Llonto y Pedro Brieger.

Villarruel cuestionó la forma de ejercer la profesión en el marco de un país todavía en disputa. Llonto, por su parte, fustigó la hipocresía del vicepresidente Julio Cobos y la oposición fronteriza de Mauricio Macri.

Pablo trazó un paralelo entre el acto crucial en que Kirchner ordenó descolgar el retrato de Jorge Videla del Colegio Militar, el 24 de marzo de 2004, con la valiente lucha contra el oligopolio del Grupo Clarín que lleva adelante este Poder Ejecutivo con la impronta que legó Kirchner.

Un hombre que sin dudas ingresó a la historia grande porque fue el único presidente que combatió al poder real después de Juan Perón.

Ojalá la tristeza y la sombra, esta vez, se hagan Patria.

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Murió el mejor presidente de la historia democrática desde 1983


Hoy, día del censo nacional, murió en la provincia de Santa Cruz, el ex presidente de la Nación Néstor Carlos Kirchner.

Estoy inmensamente triste.

Kirchner encarnó la pasión hecha política e impuso cada uno de los puntos claves de la plataforma electoral que lo llevó a la presidencia en 2003.

No sólo dignificó la lucha por los Derechos Humanos en la Argentina, recibiendo a las Madres y Abuelas, y llevando justicia a esas banderas de lucha populares y nacionales, sino que nombró una Corte Suprema de Justicia con peso propio y credibilidad.

Y recuperó la forma activa de hacer política y la esperanza de un pueblo diezmado después del desastre del 2001.

Kirchner sabía que tenía que parar, pero no lo hizo jamás. Fue un militante perseverante y un luchador extraordinario, fiel a sus convicciones, que intentó hasta su último aliento dar pelea a los poderosos de verdad. A los que marcan agenda desde los medios oligopólicos y sus aliados de la derecha reaccionaria.

Luchó contra el Fondo y con los socios locales del Fondo. Pagó la deuda y fue un estadista.

Lo hizo con actos concretos. No lo prometió.

La figura de Kirchner quedará para siempre entre los más grandes dirigentes nacionales porque se animó a derogar las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final.  Porque fue valiente.

De ahora en adelante, este pueblo se enfrentará a un nuevo desafío.

De todos nosotros depende no regresar nunca más al pasado de la impunidad y la desdicha.

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Ya están identificados los agresores de Mariano Ferreyra


La investigación del asesinato del militante Mariano Ferreyra durante una protesta de trabajadores ferroviarios

La fiscal ya identificó a dos de los agresores de Mariano

Publicado el 22 de Octubre de 2010

Por Néstor Espósito

A partir de la declaración de testigos y las imágenes aportadas por C5N, se identificó a quienes atacaron a los manifestantes del PO. Esta madrugada se presentó un testigo clave. Un representante de los tercerizados se negó a revelar el nombre del que disparó.

La investigación sobre el asesinato de Mariano Ferreyra logró ayer los primeros avances, pero también tropezó con algunos obstáculos. Varios testigos identificaron a Daniel González y Roberto Prado, ambos delegados de la Unión Ferroviaria, como los agresores de los militantes del Partido Obrero que manifestaron el miércoles en Avellaneda. Esta madrugada, la fiscal de la causa recibía en su despacho el testimonio de un testigo clave que profundizaba las pistas sobre los hechos violentos que derivaron en el asesinato del militante del PO. Según fuentes cercanas a la causa, se trata de un trabajador de la zona sur que presenció los hechos y estaría en condiciones de identificar a los autores del asesinato. El testigo declaró bajo identidad reservada y solicitó ser protegido.  Sin embargo, el líder de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, no pudo reconocer a nadie de su gremio en las filmaciones que le exhibió la fiscal Cristina Caamaño. Y un abogado que supuestamente iba a aportar el nombre del agresor se retiró de la fiscalía, revelando vagamente la identidad de un manifestante que dice haber visto a quien disparó. “Están usando la muerte de Mariano. Yo quiero que me digan qué saben, porque tengo que encontrar a los responsables de la muerte”, dijo la fiscal a Tiempo Argentino.
Ayer por la mañana tomó la decisión de apartar a la Policía Federal de la investigación hasta que se aclare si, tal como denuncian los manifestantes  atacados, hubo una “zona liberada” para los agresores. La pericia sobre la bala que mató a Ferreyra será realizada por Gendarmería Nacional, pero demorará entre dos y tres semanas. La fiscal Caamaño lucía anoche agobiada y con la sensación de un enorme trabajo por delante, con la presión de todas las miradas puestas, como nunca antes, sobre su trabajo.
“Estos del gremio ferroviario, ¿para qué lado juegan?”, preguntó ayer la fiscal a sus colaboradores, durante una de las interminables reuniones que sostuvieron por la mañana, según relataron a este diario fuentes cercanas a la investigación. No contaba con que por la tarde el gremialista José Pedraza llegaría a su despacho, y durante dos horas miraría las imágenes del canal de televisión C5N y  las confusas de las cámaras de seguridad de edificios periféricos al escenario de los disturbios.  En una explicación que pareció sonar a coartada, Pedraza narró que el día previo a los hechos se comunicó con el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, para anunciarle que, según información que poseía, agrupaciones de izquierda “iban a cortar las vías”. Y agregó: “Le dije que no íbamos a participar ni a favor ni en contra del corte.”
“No reconozco a nadie”, repitió una y otra vez.  Hasta que llegó la secuencia en la que apareció el delegado de la Unión Ferroviaria de la ex línea Roca Pablo Díaz. Su participación en la secuencia que va de Avellaneda a Barracas no está en discusión. El propio Díaz la reconoció, pero el rol que le cupo cambia según las miradas: mientras él negó la utilización de armas, el abogado Gustavo Mendieta dijo en la fiscalía que un testigo al que “hay que encontrarlo” aseguró que Díaz “tenía un bolso que abrió y allí estaban las armas”. La vaguedad del relato fue una constante en la fiscalía. De hecho, Mendieta había irrumpido en la escena cuando uno de los trabajadores tercerizados, Diego Cardias, expresó públicamente que tenía identificado al que mató a Ferreyra, incluso lo situó trabajando en los talleres de Mantenimiento de Remedios de Escalada, pero omitió dar su nombre: “El abogado no me lo permite.” El abogado es Mendieta, pero ante la fiscal no sólo no aportó el nombre del asesino sino que refirió que “hay una persona que lo puede identificar pero que no declaró todavía”. Con la cautela del caso, la información habla de “un militante del PO, de nombre Ariel”.
Las imágenes que el canal de noticias C5N le envió a la fiscalía aportan información sobre siete de los organizadores de la emboscada a los trabajadores tercerizados, quienes fueron identificados como Krasacoski, delegado de la UF regional Sur, Alcorce, delegado de la UF de Remedios de Escalada, Roberto Agustín Prado, afiliado a la UF de Remedios de Escalada, Daniel González, otro delegado de la UF, que en la filmación luce un cuello ortopédico, Ricardo Arias, delegado, el operario de la misma regional Cristian Tanquía, y finalmente un congresal del gremio de apellido Amuchástegui, encargado de coches remolcados del taller de Remedios de Escalada y presunto barra brava de Bánfield.
Otro testigo, Lisandro Martínez, aportó una descripción física del tirador: robusto pero no gordo, de cabello corto negro, tez blanca, con una camiseta “celeste con rombitos”, que según otros militantes de izquierda “era la de Racing”. De unos 40 años de edad y mediana altura, siempre según la versión, habría disparado desde unos 30 metros de distancia y parado cerca de un patrullero. “Si  lo veo lo reconozco”, estimó. Pero ante la fiscalía no pudo hacerlo, al menos hasta ahora.
A propósito de los patrulleros, el abogado Mendieta –quien estuvo en la marcha− dijo haber visto cómo abrieron paso a los supuestos sindicalistas de la UF y después de que concretaron la agresión, cerraron filas para “proteger la retirada”. También dijo que otros manifestantes dijeron haber visto a un hijo del subsecretario de Transporte Ferroviario, Antonio Luna. Pero lo situó “entrando a la Comisaría Segunda de la Bonaerense”. Esa seccional queda en Avellaneda, a unas 15 cuadras de donde se registraron los hechos de violencia. No hay visión directa entre ambos puntos.
El sindicalista Pedraza prefirió definir las cosas a su manera: “Esto es un hecho político”, dijo.

PUBLICADO POR EL DIARIO TIEMPO ARGENTINO EL VIERNES 22 DE OCTUBRE DE 2010

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Isidoro Graiver desarmó la operación de Clarín


Durante una entrevista con Tiempo Argentino

“Clarín y La Nación nos humillaron, fue un afano”, dijo Isidoro Graiver

Publicado el 27 de Agosto de 2010

Por Juan Alonso y Cynthia Ottaviano

Fue el 11 de junio pasado. Sostuvo que desde las páginas de los diarios los presionaron, que el precio pagado “tuvo poca vinculación con el real”. Además, en sede judicial reconoció el vínculo de las tres armas con los tres diarios.

Llegó a la entrevista con Tiempo Argentino diez minutos después de lo pactado, a las 16:10, del 11 de junio pasado. Fumaba, ansioso, como lo hizo durante las dos horas y 12 minutos que duró el encuentro. Isidoro Graiver, de 62 años, el hermano de David, llegó al bar Finisterra, en la esquina de Uriarte y Honduras, del barrio de Palermo, como habíamos acordado. Andaba con el paso apurado. Nos saludamos en la puerta del bar y nos sentamos en una de las mesas dispuestas en la vereda. Hacía frío, y el sol le daba de lleno en el rostro. Vestía un pantalón de jean, zapatos náuticos marrones, campera negra y camisa celeste sin corbata, desabrochada en el primer botón. Un hombre clásico.
No era, sin embargo, la primera vez que hablábamos. En los tres meses que duró la investigación periodística que publicó este diario –en suplementos especiales que agotaron dos ediciones, el domingo 6 y el miércoles 9 de junio de 2010–, insistimos telefónicamente para entrevistarlo. Pero Isidoro –una víctima de la masacre y el  latrocinio que impuso a sangre y fuego la última dictadura y sus socios civiles-, se negó con gentileza. No nos conocía. Dijo que tenía miedo por sus hijos. Le creímos. Se excusó en que había sellado un pacto familiar, que incluía sepultar los fantasmas de un pasado que los acorraló y los dejó solos. También le creímos.
Todo cambió con la publicación de nuestro trabajo, nos dijo, mucho antes de que el Estado confirmara el despojo de Papel Prensa. Cambió para bien. Explicó Isidoro, entonces: “No se equivocaron en casi nada.” Y decidió sentarse con nosotros. Con la campera puesta y sin dejar de fumar. Unos 40 minutos después, aceptó entrar a la redacción de Tiempo Argentino y tomar un café en la sala de editores, esta vez con un puro entre los dedos. La noticia corrió como reguero de pólvora. “Está Isidoro Graiver. Habla por primera vez con un medio periodístico”, se comentaba en las secciones. Isidoro reiteró su postura cautelosa de contarnos la verdad de la tragedia que azotó a su familia, bajo una condición: que no le atribuyéramos lo que decía. Quería cooperar con la verdad, pero sin aparecer. Otra vez usó el argumento familiar. Y se largó a hablar: “(La de Papel Prensa) fue una operación que era a todas luces un afano, lisa y llanamente un afano. Los diarios nos humillaron”, así comenzó.
Por eso ayer, miércoles 25 de agosto, cuando leímos la solicitada a página completa en Clarín y La Nación, y conocimos el contenido de la carta que le escribió a su sobrina María Sol Graiver –ante escribano público– publicada en la tapa coordinada de los dos diarios que lo humillaron hace 34 años, lo primero que nos sorprendió fue que accediera a una exigencia de sus antiguos victimarios. Ayer, cuando Isidoro Graiver se contradijo, cediendo a las presiones de los diarios acusados de cometer delitos de lesa humanidad en el despojo de Papel Prensa, nosotros, periodistas de este diario, quedamos automáticamente relevados del acuerdo de confidencialidad con él. Mantenerlo sería faltar a la verdad. O peor aun: contribuir a la operación de Clarín y La Nación para garantizarse la impunidad con falsedades en un caso que hoy es asunto de interés público.
Los lectores tienen derecho a recibir información. Nosotros estamos obligados a dárselas. La verdad no es nuestra: es de la sociedad. No podemos saber las razones secretas de Isidoro para cambiar sus dichos, después de entrevistarse con Tiempo. Tampoco sabemos por qué, desde la semana pasada, dejó de atender nuestros llamados. Sólo él lo sabe. Pero debe ser algo muy grave. Quizás el amor a su sobrina, a quien quiere como si fuera una hija, haya influido. Quizás tuvo temor a volver a sufrir. O todo eso junto. Lo que sí sabemos es que a María Sol Graiver, en julio pasado, “los adquirentes de las acciones de Papel Prensa SA”, es decir, los diarios Clarín y La Nación, “le efectuaron un requerimiento”: un “pedido”, según dejaron constancia ante escribano público. Tampoco sabemos con exactitud cuál fue ese “pedido”. Pero cualquier cosa que haya sido fue lo suficientemente grave como para que Isidoro abandonara una versión documentada de los hechos, por otra, que sólo sostiene las falacias de los que ayer lo despojaron.
Esa tarde fría de junio, Isidoro explicó a Tiempo su posición sobre Papel Prensa y la alianza de los tres diarios con las tres armas. Dijo que las presiones para arrebatarles Papel Prensa “eran permanentes”. Y nos dio una pista fundamental: que buscáramos los artículos periodísticos de Clarín y La Nación de octubre de 1976, un mes antes de que se concretara la venta “trucha” de las acciones a los diarios, el 2 de noviembre. Y nos dijo, textual: “Nos dedicaban las primeras planas todos los días, ‘la familia Graiver, los chorros’. Había un tema de intereses, que obviamente también existían, y además el tema de la humillación. En su momento fue casi una capitulación de la Unión Industrial Argentina (UIA) frente a la Confederación General Económica (CGE), en la época de José Ber Gelbard, y se debían la revancha. La revancha de las familias patricias o de las grandes empresas o bancos en la que estábamos insertados con fuerza. Nos destruyeron como grupo económico, porque ese era el objetivo, sacarnos de pista. Antes de la muerte de mi hermano, era uno de los grupos económicos más fuertes.”
–Algo así como “no los vamos a dejar crecer más”– le preguntamos.
–No le quepa la menor duda–nos contestó–. En algún momento alguien dijo: “hagamos esto”. Por eso, nada fue espontáneo ni casual.
–Y entre los cerebros estuvo el mismo José Alfredo Martínez de Hoz.
–No tengo dudas.

Martínez de Hoz era el ministro de Economía del dictador Jorge Rafael Videla, el hombre que había pactado el silenciamiento del genocidio con los diarios a cambio de Papel Prensa.
En su propio relato, Isidoro reconoció que, tras la muerte de su hermano, fue Jorge Rubinstein, el abogado de la familia y hombre de “máxima confianza de David”, quien quedó “al frente de todos los negocios en Buenos Aires”.
El marginamiento en las decisiones y el rol cada vez más importante de Rubinstein, sumado a su habitual destrato, terminaron por alejar a Isidoro de todos los negocios. La separación fue sellada con un acuerdo económico. Por eso, Isidoro no tenía a su nombre ninguna acción de Papel Prensa. Por eso ni su nombre ni su firma fueron necesarios en el posterior traspaso. Ni quedaron rubricados en los documentos de la venta. Sólo participó en calidad de acompañante. En cambio, sí aparecen en los documentos las firmas de sus padres, Juan y Eva, y de su cuñada Lidia Papaleo, representante de los intereses de su hija María Sol. Isidoro explicó que la reunión, a la que terminaron cediendo por las presiones y el trato vejatorio desde los diarios interesados, se hizo en las oficinas del diario La Nación. Las mismas en las que Lidia asegura que Héctor Magnetto le dijo: “Firme o le costará la vida de su hija y la suya.” Estaban separados, según el testimonio de Lidia: “los padres de David por un lado, Isidoro con (Benito) Campos Carlés y yo con (Héctor) Magnetto”. De modo que difícilmente Isidoro haya podido ver y oír todo.
A pesar de que en la carta personal a su sobrina, Isidoro Graiver asegura que no le “consta que los diarios hayan actuado de acuerdo con las autoridades militares de ese momento para la compra de la compañía”, en sede judicial, donde nos dijo que fuéramos a buscar su testimonio (cosa que hicimos), dejó asentado lo contrario. Ante el fiscal Ricardo Molinas, el 6 de noviembre de 1985, declaró: “En el mes de octubre de 1976, el doctor Miguel de Anchorena, en ese entonces apoderado de la sucesión de Graiver, se puso en contacto con su cuñada (Lidia) para informarle que había recibido una información de Francisco Manrique cuyo contenido era, sintéticamente, que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesario la venta de los paquetes accionarios de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos eran los diarios Nación, Clarín y Razón.” El gobierno nacional, vale aclararlo, eran Videla y Martínez de Hoz. Y los beneficiarios, los que dijo Isidoro en sede judicial, no ante un escribano: Magnetto, Mitre y Herrera de Noble.
“El precio que recibimos fue el mejor que pudimos obtener”, afirmó Isidoro en la insólita solicitada publicada ayer por Clarín y La Nación. A nosotros nos dijo otra cosa. Hacemos una cita textual, nuevamente: “La presión era permanentemente. Los aprietes eran permanentes”. También en sede judicial, en plena democracia, Isidoro aseguró que en una reunión a la que lo convocó Guillermo Gainza Paz, del diario La Prensa, le hicieron “una oferta que consideraba totalmente inadecuada, quedando así suspendidas las tratativas. La situación quedó así hasta el día anterior al previsto para la asamblea en la cual debía autorizarse la transferencia de los paquetes accionarios comprados por el Grupo Graiver a los originales dueños, ante la certeza que esa transferencia no iba a ser autorizada (dado que el señor Manrique en el ínterin había ratificado lo adelantado por Anchorena) y se produciría el grave riesgo de no obtener el reintegro del precio abonado, más los intereses y lo invertido, ese día al efectuarse la asamblea en horas del mediodía tomó contacto el doctor Anchorena para decirles que los tres diarios mencionados proponían una reunión urgente con el propósito de hacer una oferta para la compra de las acciones”.
Los habían acorralado. Los diarios Clarín, La Nación y La Razón operaron con información confidencial, sabiendo que ese día la Junta Militar no le aprobaría la compra al Grupo Graiver y, por ende, lo descapitalizaría. “No tuvimos una oferta mejor que la aceptada por lo exiguo del tiempo de acuerdo”, aseguró Isidoro ante una autoridad judicial de la democracia. No les dejaron tiempo. “Nosotros perdíamos como mínimo los derechos políticos sobre las acciones, es decir, todo, y con el riesgo de tener que devolver las acciones, es decir una cosa asquerosa. Nos humillaron”, le aseguró a Tiempo.

“Ustedes tienen los medios para hacerlo –nos dijo–. Si buscan archivos, los antecedentes previos a la operación, a mediados de octubre más o menos, en los diarios Clarín, La Nación y La Razón van a ver una historia muy sugerente. Todos los días sacaban primeras planas o primeras páginas con noticias del Grupo Graiver, desaparecido, tonterías, y de repente durante 48 horas no publicaron una sola línea. Fue la previa de la reunión.”
Buscamos las notas, como nos pidió. Tenía razón. Clarín calificaba de “actividades ilegales” las realizadas por el Grupo Graiver. Y llegó a dedicarle una editorial en la que le clamaron a la Junta Militar “una investigación necesaria” sobre los Graiver, porque “el prestigio de La Nación quedaría inadmisiblemente afectado si aquí no se promueven medidas”, les advirtieron. Como es de público conocimiento, la Junta cumplió.
Esta es la cronología “de la humillación” de la que habló Isidoro. Mientras recibían los llamados presionándolos para vender, La Nación publicó sobre Graiver, el 11 de octubre de 1976, que estaba supuestamente “implicado en la quiebra fraudulenta de dos bancos (…) por 150 millones de dólares”. Cuatro días después desplegó una publicidad a página completa de la revista Somos, con el título: “El caso Graiver”, en el que los habían escudriñado y hasta se preguntaban: “¿Está muerto… o no?” Ese mismo día, Clarín publicó que el grupo Graiver “involucra en un delicado problema a varios bancos de Buenos Aires”. Los acusaban con “informaciones extraoficiales” de usar uno de sus bancos “para exportar capitales de la Argentina”, de hacer “actividades ilegales”, “demostrándose que habían presentado sucesivos balances falsos que lucían una irreal prosperidad”. Para terminar ese artículo, que no estaba firmado por ningún periodista, aseguraban: “no se explican (…) cómo Graiver pudo haber gozado de impunidad”.
Nueve días después, ya en medio de las negociaciones, para La Nación no eran supuestos. Al referirse a David decían: “el millonario argentino al que se involucra en un gigantesco fraude”. El 22 de octubre, el tema llegó al ya mencionado editorial principal de Clarín. Primero destacaron que “el clima reinante antes del 24 de marzo (del golpe) era de corrupción administrativa del régimen”, y luego de describir las operatorias ilegales que le atribuían al grupo aseguraron: “(se) hace necesaria una más prolija investigación”. El 28 de octubre, después de detallar las “responsabilidad de Gelbard”,  sostuvieron que el ex ministro de Economía de Perón, José Ber Gelbard, “fue sancionado, privándosele de sus derechos políticos y de su ciudadanía argentina”, se encargaron del Grupo Graiver: “con notoria vinculación con Gelbard, que le valió todo tipo de ventajas y privilegios y cuyos manejos financieros han culminado con un escándalo de proporciones internacionales”. Con ese grupo, Clarín, La Nación y La Razón se sentaron “a negociar”. No fue una venta libre. Fue un apriete. Las pruebas están a la vista. No lo decimos nosotros: lo afirmó Isidoro Graiver, que ahora intenta desmentir a su hermana. Cuanto más atacaban y satanizaban al Grupo Graiver, más rápido lo obligaban a desprenderse de las acciones. Fue en ese clima de “libertad”, cuando el terrorismo de Estado devoraba a una persona cada media hora, en medio de esa campaña psicológica, que los tres diarios en alianza con las tres armas concretaron la operación de traspaso. Es decir, consumaron su despojo.
“A todas luces era un afano, lisa y llanamente, un afano. El precio tuvo claramente poca vinculación con el valor real”, le aseguró Isidoro a este diario en junio. Y quedó registrado de este modo. Una vez más, la cita es textual:

–¿Usaban los diarios para extorsionarlos y quedarse con el gran negocio? Mitre, Herrera de Noble y Peralta Ramos publicaban a propósito.
–Yo creo que era una concurrencia. Los diarios usaban eso para meter presión. Tanto a nosotros como al gobierno.
“Cuando estábamos secuestrados, la venta de Papel Prensa ya estaba concluida”, sostiene Isidoro Graiver en la solicitada que se publicó ayer. A decir verdad, las acciones vendidas por los padres de David, (Juan y Eva) y Lidia Papaleo tenían que ser aprobadas por el juez que llevaba adelante la sucesión. En otras palabras: todos estaban secuestrados cuando el juez aún no había aprobado la operación. De hecho, nunca lo hizo.
Por otra parte, el otro paquete accionario que todos reconocen, incluido Isidoro, que estaba a nombre de Rafael Ianover, el testaferro de los Graiver, también debió integrar el acervo sucesorio. Pero esto no pasó. Los tres diarios le compraron las acciones a Ianover sin decirle cuánto le pagaban. Le dijeron que si firmaba no le iba a pasar nada, es decir que no lo secuestrarían: sabían que no eran de él, sino de David Graiver. Lo secuestraron igual.
Toda esta historia huele mal. Hay sangre, hay torturas y hay mucho dinero en juego.
Este verdadero drama que tiene tres décadas y media de existencia continúa dando coletazos.
Lo resuelve la justicia de la democracia. O los diarios Clarín y La Nación que, hoy como ayer, mienten desde sus tapas y usan de manera siniestra, en su beneficio, un conflicto familiar.
Quizás el cambio de opinión de Isidoro Graiver se justifique en una frase que nos quedó grabada, a modo de despedida en aquel encuentro de junio, que hoy revelamos: “Me importa un carajo lo que piensen o dejen de pensar. Porque siempre tiene razón el que gana.”
Ojalá, esta vez, gane la verdad.

Opinión

“Hacen pelear a una familia”

Publicado el 26 de Agosto de 2010

Por Roberto Caballero
Director de Tiempo Argentino

Cuando vemos la cartelización opinativa de los dos grandes diarios de la Argentina, para inventar un relato que los favorezca, o al menos los ponga en un lugar donde no tengan que dar explicaciones sobre sus oscuros negocios con Videla, comprobamos con orgullo profesional que nuestra pelea por el derecho a la información es útil y necesaria.
Tiempo Argentino va contra el falso consenso que asfixia a las verdades. Nos movemos en la jungla de falsedades que proponen los dueños del poder y del dinero, para revelar lo que ellos quieren ocultar. Ahora ustedes saben que Isidoro Graiver aparece en las portadas de Clarín y La Nación contradiciéndose a sí mismo. Acá están las pruebas. Él sabrá por qué hace lo que hace. Nosotros también. Y no ignoramos que es una víctima más en esta trama dolorosa. Conoció la cárcel, la tortura y el exilio, y hoy se ve envuelto en una pelea familiar y sucesoria, que involucra a su sobrina María Sol, agitada por los dos diarios que lo usan como ariete para mantener sus privilegios, en contra del Estado democrático. Hacen pelear a una familia golpeada por la más salvaje represión, que ellos jamás denunciaron desde sus páginas, para no perder un negocio. No les interesa la libertad de expresión. Lo que quieren es plata.
Cuando uno separa lo esencial de lo anecdótico, descubre que Lidia Papaleo de Graiver –que también fue vejada por la patota de Camps, no lo olvidemos– e Isidoro Graiver tienen versiones enfrentadas sobre un mismo suceso. Son los dichos de uno contra los del otro. Pero los dos diarios bajo sospecha no son los que van a contribuir a revelar lo que se ocultó maliciosamente durante 34 años. No se puede ser juez y parte. Como en cualquier proceso, los imputados no están obligados a decir la verdad.
Para saber lo que realmente ocurrió está la justicia de la democracia.
En eso, y nada menos que en eso, hoy este país es mucho mejor de lo que era ayer nomás, cuando Clarín y La Nación eran los oficialistas del terror.

Opinión

“La paradoja de volver a ser víctimas después de 34 años”

Publicado el 26 de Agosto de 2010

Por Hernán Brienza
Periodista y politólogo.

Como en el viejo chiste del escorpión y su naturaleza de envenenar a sus víctimas, ayer el diario Clarín ha vuelto ha clavarle el aguijón a la familia Graiver. Hablamos, claro, del aguijón de la operación de prensa, de la presión personal, de la manipulación de la información a favor de sus propios intereses. Hace exactamente 34 años, el grupo mediático más poderoso del país, aquel que tomó como rehén la conciencia de los argentinos en los últimos 50 años, destrozó, en complicidad con la dictadura militar, a la familia Graiver, para –como confirma el informe presentado ayer por la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner– apropiarse de la empresa Papel Prensa junto con el diario La Nación. No ahorraron en medios ni métodos en aquel momento –de los dichos de Lidia Papaleo se desprende que se trató de una extorsión sin eufemismos– y todo indica que tampoco se dieron el lujo, ahora, de evitarle mayores sufrimientos a quienes ya habían victimizado. Como en una especie de eterno retorno, hoy la hija de Lidia Papaleo, María Sol, y su tío, Isidoro Graiver, son asomados al horror nuevamente por el grupo que lidera –como en aquella época– Héctor Magnetto.
En la precisa investigación que realizan Cynthia Ottaviano y Juan Alonso se demuestra periodísticamente –sin valoraciones, sino con detalles e información debidamente chequeada– que Isidoro Graiver, tanto en sede judicial como frente a Tiempo Argentino, había confirmado la historia que durante 34 años la mayoría de los periodistas argentinos supieron y callaron. Porque esto alguna vez hay que decirlo: todos los periodistas sabían cómo había sido traspasada Papel Prensa. Yo lo escribí en 2003, en mi libro Maldito tú eres, y María Seoane y Vicente Muleiro, en 2001, en El dictador. ¿Por qué la “prensa independiente” investigó muy poco el tema? La respuesta es sencilla: en periodismo, el silencio corporativo se parece mucho a la ley de la omertà. En este marco de complicidades “de grupo” es que hay que entender el acto de valentía y arrojo de los periodistas de este diario.
¿Qué hizo que Isidoro Graiver cambiara su declaración frente a un escribano para favorecer al Grupo Clarín? ¿Por qué se contradijo a sí mismo? La respuesta quizás haya que buscarla en los miedos que atenazan desde hace muchas décadas a los protagonistas de esta historia, que fueron víctimas en 1976, y quizá lo sigan siendo.

PUBLICADO POR EL DIARIO TIEMPO ARGENTINO, JUEVES 26 DE AGOSTO DE 2010


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¿Periodismo puro?


Por Juan Alonso

La semana pasada, el dueño de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, premió a un grupo de periodistas con el pomposo título “Libertad de Expresión”.

Me resultó curioso ver en la fotografía a Víctor Hugo Morales junto a Joaquín Molares Solá, y en el centro de ellos, posando, al ex presidente Fernando de la Rúa: el mismo que huyó como rata por tirante en un helicóptero de la Casa Rosada, mientras en la Plaza de Mayo veíamos cómo la Policía Federal mataba a balazos a los argentinos de a pie.

De la Rúa, ése mismo, era vilipendiado en la revista Noticias cada semana.  Fontevecchia se encargó de esmerilar la figura maltrecha del ex presidente de la mano de la fétida saga de sus hijos buenos para nada.

Yo la viví y no me la puedan contar: seamos buenos entre nosotros.

Por eso, muchachos, siempre creí que ambos Morales no tienen nada que ver entre sí. Pero el texto de Perfil los equipara con tono de te con masitas en Las Violetas. Hasta me da risa y tarareo un temita de Fidel Nadal…

Mientras el genuflexo de Morales Solá fue y es un escriba pagado por la patria financiera de las multinacionales, al servicio del monopolio Clarín y la oligarquía terrateniente de los Martínez de Hoz –incluso en la peor dictadura de 1976 que mató a miles de compatriotas-; Víctor Hugo se caracterizó por ser un periodista íntegro con una conducta que es un ejemplo para todos los jóvenes que sueñan con ejercer este oficio maravilloso.

A Víctor Hugo lo vi de pie comiendo un choripán con tinto, apoyando a los trabajadores despedidos de El Gráfico un sábado bien frío. Podría irse a Madrid ese día, pero eligió estar ahí solito y sin cara de asquito.

Morales Solá mastica en la Sociedad Rural y en la embajada de Estados Unidos con el jesuita Bergoglio.

En el mismo ágape también aparece Horacio Verbitsky, premiando a una bloguera cubana. Todo en un tono de sana convivencia democrática, pretende informar Perfil.

Se sabe que la derecha te manda a fusilar pero antes te da un vasito de agua para que te quites la sed. Y hasta te toma una foto para el archivo, ¿viste?

Lindo chiste democrático este de Fontevecchia.

El dueño de Perfil es desde hace años el cerebro comunicacional de la derecha más reaccionaria revestida de traje liberal y pseudo-pensante. Todo un farsante cuya motivación es la acumulación fenicia de dinero con un velo de humanidad estilo Harvard que sólo se creen los idiotas útiles que trabajan para él, diciéndole todo que sí siempre, incluso cuando hace una larga lista de despidos de trabajadores y saluda “hasta pronto” en la contratapa. Irresponsable.

El mismo medio que investigó la AFIP en la gestión de La Alianza porque tenía a cientos de trabajadores en negro. Incluido al que escribe esto con pasión y memoria.

En el dominical Perfil (no es un diario eso ni nunca lo será) no existe una sola nota que valga la pena leer. A este paso, la canalla macrista tiene para sí a un nuevo valuarte de valores reaccionarios. Don Pepe Eliaschev que se probó hace mucho el traje de gorila y le sienta a la perfección, nunca entendió un pomo y sigue sin entender nada: sueña con la blancura alfonsinista del ’83, pero el líder está muerto y el tercer movimiento histórico no llegó ni siquiera a Viedma.

Una pena Pepe. Ya fue.

El llanto de Eliaschev cansa tanto como la sanata moralista de Nelson Castro y su evaluación quirúrgica del masivo y genuino festejo del Bicentenario de la Patria. Seis millones de personas no se movilizan porque tienen transporte gratis, Castro, los argentinos salimos a festejar un país mejor que logramos construir entre todos después de los sucesos criminales de 2001 con De la Rúa y Domingo Felipe Cavallo a la cabeza –otro amigo de Fontevecchia- que lo ponía en tapa para que dijera gigantes pelotudeces que ni siquiera se le ocurrirían a la actriz que nunca actuó porque no sabe decir mamá con enjundia, Mirtha Legrand de Tinayre.

Fontevecchia, el editor responsable que cometió la salvajada de comparar a Néstor Kirchner con Hitler en una tapa de Noticias, escribe: “El Premio Nacional fue compartido entre Víctor Hugo Morales y Joaquín Morales Solá. La coincidencia de que ambos tengan el mismo apellido (disimulado por dos nombres en un caso y por dos apellidos en el otro) me recordó que Juan Eduardo Tesone –en su libro En las huellas del nombre propio– escribió que antiguamente todos los nombres tenían un origen significativo y se le atribuía al nombre un inmenso poder psíquico sobre el destino de la persona porque tenía una función de mensaje para su propio portador. Si así fuera, estos dos Morales cumplieron el signo pragmático de su apellido en el ejercicio del periodismo”.

Si no fuese verdad, diría que es una broma de pésimo gusto.

International Love, chichipios de la pc.

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Otro tema


Por Juan Alonso

Anoche, desde la señal de cable TN, se habló de libertad de prensa, pero casi nada de negocios de empresa en el programa de Santo Biasatti.

Nadie dijo ni una sola palabra de los hijos presuntamente apropiados (Marcela y Felipe Noble Herrera) por la titular del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble. Y de la campaña golpista que encabeza el multimedio en contra del gobierno democrático votado por la mayoría del pueblo hace apenas tres años.

Por supuesto, no se dijo ni media palabra de Papel Prensa, la empresa por la cual Clarín y su dueña se llenaron de oro a costillas del Estado y de los Graiver.

Pero, claro, se habló de periodismo allí en escena.

Se habló de libertades. Se le realizó una nota a Hilda Molina y otra colega,  Adela Gómez, que padeció un atentado en la provincia de Santa Cruz.

Lo que sucedió en ambos casos es repudiable. Nadie lo duda.

Hilda Molina vive en la Argentina por gestión de este gobierno. La médica nació en Cuba. Y los problemas que tuvo en la isla no son asuntos de estado para nosotros.

Pero de forma insidiosa y premeditada, el canal TN insistió en contextualizar “esos asuntos” con “las guerrillas comunicacionales” de Venezuela, donde enviaron a un periodista especialmente. Y realizaron un informe en el noticiero, atizando el miedo.

Martillando con la misma idea fuerza: el eje Venezuela-Argentina.

La idea es comparar lo que sucede en Venezuela y en Cuba, con lo que pasa en el país que se levantó de las cenizas de 2001-2003.

El nuestro.

En el programa de Biasatti nadie recordó el pasado que supimos superar. Sólo se mencionó el caso Cabezas, pero no se analizó con profundidad la puja de superestructuras que vive el país hoy. La confrontación de intereses entre dos visiones opuestas del mundo y diría que hasta de la vida misma.

De pronto en el programa de Biasatti se afirmó sin rubores que “esto es peor que la dictadura” y que “el peronismo siempre fue fascista”.

Lo dijo Sylvina Walger sin que nadie le dijera ni una sola palabra.

Y que a diferencia del menemato –época en que la colega a quien respeto, atosigaba con su inflamación verbal todos los espacios de Mariano Grondona y otros secuaces del absurdo golpista actual, con la misma arrogancia de estanciero gagá con que hizo chistes fuera de tempo en dueto con el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti -.

En el mismo programa, Luis Manjul defendió su último libro de investigación periodística como si se tratara de un clásico de Norman Mailer o de Truman Capote.

Ambos periodistas (Biasatti y Majul) usaron la palabra “compromiso”, poniéndose, erigiéndose solitos nomás -con el empuje valeroso de sus pagadores y auspiciantes- en paladines de la libertad.

La libertad del entretenimiento.

La libertad de la agenda impuesta desde la calle Tacuarí.

La libertad de la mentira vestida de buena chica de colegio de monjas.

La libertad de las noticias y el periodismo como mercancia fenicia.

En ese marco, el representante de Fopea, Gabriel Michi, intentó diferenciar la posición editorial de las empresas periodísticas con sus negocios e intereses políticos, y contextualizar el clima de “confrontación en el que estamos todos”, dijo, pidiendo mesura.

“No confundamos, yo soy un periodista que investiga y no soy un militante”, sentenció Majul.

“Yo no estoy de acuerdo en que la señora de Bonafini (Hebe) haga un juicio a los periodistas que trabajaron en la dictadura, no estoy de acuerdo”, insistió Walger, histérica.

En el mismo programa de televisión se ponderó al llamado “periodismo independiente”.

Vaya a saber qué demonios es el periodismo independiente.

Nadie me lo ha podido explicar jamás. Porque sencillamente no existe tal periodismo.

En un bloque aparte, como se merece por su peso intelectual, Beatriz Sarlo, aclaró que usa “transporte público, subte y colectivos” y que “se exacerbó la violencia en la vida juvenil y en la vida política”.

“El presidente Kirchner hizo hoy una intervención violentísima – aseguró Sarlo, que poco antes criticó al programa  6-7-8-. “En ese programa se dijo que el incidente en la Feria del Libro, no fue peor que lo que sucede en un festival de rock, lo dijo un panelista, Carlos Barragán”, sentenció desde el estrado, Sarlo.

No podía faltar la arenga sosa de Biasatti denunciando “actitudes que uno no debe dejar pasar por alto”. Dijo que “a los que insultan no les tengo miedo, porque hace muchos años que elegí un compromiso. Vamos a seguir igual como todos los días. Ahora parece que está de moda decir con respeto, lo que siempre lo tuvimos, no necesitamos cacarearlo”, culminó tajante.

¿La gallina que cacarea habla sola o la mandan a pisar el maíz?

¿No será que la nueva ley de medios los pone demasiado nerviosos y ahora no saben qué decir y qué hacer para frenar lo que no quieren que se concrete en los hechos?

¿Por qué ninguno de los periodistas presentes, tan defensores de la libertad de prensa, tan defensores de la libertad de empresa, recordó la nueva ley de medios que la Justicia y el lobby de la concentración mediática están trabando en tribunales?

Lo que vino después fue un informe sobre “los batatas kirchneristas” en la Feria del Libro.

Y así. Más leña al fuego. “Argentina va camino al fascismo”, dicen.

Una sola cosa es cierta: a los noventa no podemos volver.

Y no vamos a volver.-

Ver Sur

Ver Página/12

Ver La Nación

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El Senado de la vergüenza y el Clarín del golpe


Por Juan Alonso

Era mediodía, encendí la televisión para escuchar a la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, que expuso de forma digna y sólida ante los senadores de la Comisión de Acuerdos sobre su gestión al frente del BCRA. “Estoy absolutamente tranquila de que el Banco Central actuó con absoluta legalidad. Si si no hubiera estado de acuerdo con el uso de reservas para el pago de la deuda hubiera renunciado, como lo tendría que haber hecho el anterior presidente”, dijo la funcionaria en referencia a Martín Redrado, el economista que saltó a la fama en la década infame.

La actitud de los senadores de la oposición, encabezados por el radical Gerardo Morales, Adolfo Rodríguez Saá del autoproclamado “peronismo disidente” y el ex presidente palíndromo (casi dormido por la fragua); me resultó a todas luces una escena surrealista y patética.

Estos señores de la pompa y de la transa que son los senadores opositores (hay que recordar la Ley Banelco que tanto perjudicó a los trabajadores en la gestión de La Alianza, de la malabarista Patricia Bullrich) asumieron una actitud canalla: aceptaron la presencia de Marcó del Pont –una mujer honorable que nunca se quebró- pero para humillarla. La destrataron con bajeza e hipocresía. Ni siquiera formularon una sola pregunta precisa sobre su gestión. Pero ella les dijo algunas cosas antes de retirarse: “Soy una militante contra las políticas neoliberales y el ajuste”.

El ex presidente palíndromo no soltó una frase coherente y se limitó a merodear el estado de ensoñación casi permanente en el que se lo ve.

Por su parte, el puntano Rodríguez Saá descerrajó una serie de acusaciones sin fundamento frente a una economista que bien podría darle clases de buena educación, decencia  y economía.

Pero claro, la corporación mediática no reveló los ribetes del escarnio televisado.

Los llamados “periodistas independientes” no son independientes de quienes les pagan los sueldos para que digan sandeces en cámara. El caso de TN y Clarín: un máquina de impedir con todas las características de un siniestro sistema de presión que busca jaquear al gobierno como sea y cuesta lo que cueste.

No les basta con presionar al Poder Judicial por el caso de la presunta adopción fraudulenta de los hijos de Ernestina Herrera de Noble y ningunear la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo que quieren saber hace años si son o no, hijos de desaparecidos en la dictadura; sino que también presionan para que se impida el cumplimiento de la ley de medios audiovisuales. Ahora quieren que Cristina Fernández de Kirchner se vaya antes de terminar el fin de su mandato. Son golpistas. Y mienten.

Hoy el ex gobernador bonaerense y secretario de Agricultura de Menem, Felipe Solá, se sinceró sobre las intenciones de la oposición en Diputados, a la vez que criticó al radical Morales. Lo propio hizo el macrista Federico Pinedo desde el Pro, viste.

La senadora Roxana Latorre dijo que “no vine al Senado para que me conduzca Carrió” y el arco opositor se quedó sin reservas para bloquear el pliego de Marcó del Pont.

Y el rejunte variopinto trina. Esta nueva especie de “Unión democrática” tiene como máxima referente a la dirigente chaqueña que habla desde el púlpito de la moralina. Elisa Carrió azuzó a parientes y entenados con latigazos semióticos.

El circo seguirá en el mismo Senado que aprobó el desguace del Estado en la gestión palíndroma.

A la ignominia de Clarín y sus empleados radicales menemdependientes, Marcó del Pont los enfrentó ayer así: “Soy una profesional que vengo militando hace 25 años en favor del desarrollo económico, de la inclusión, de la industrialización. Permanentemente he estado en la vereda de enfrente del pensamiento neoliberal”, espetó la economista al iniciar cerca de las 13 su exposición ante la Comisión de Acuerdos del Senado.

“El primer proyecto que defendí como diputada en 2005 fue el pago al FMI con reservas del BCRA, es una buena decisión de política económica la utilización de reservas para el pago de la deuda pública”, señaló.

“Públicamente salí a respaldar (el decreto), que me pareció un hecho estratégico y virtuoso que la Argentina contara con este colchón (de reservas) para no ir por las alternativas del ajuste”, sostuvo con firmeza Marcó del Pont.

Y este resulta un punto clave de la discusión política de la Argentina actual.

Con la excusa del uso de las reservas y la tan mentada “constitucionalidad” lo que quieren es condicionar una gestión de gobierno que fue votada por más del 46 por ciento de los argentinos en 2007.

Morales, Elisa Carrió, Carlos Menem, e incluso el socialismo a la violeta rosarino, más la progresía del cineasta Fernando  “Pino” Solanas, le están haciendo el juego a los grupos económicos y al capital concentrado. Entre ellos, al Grupo Clarín, que está desbocado (ver la nota que publican con el facsímil de archivo en un encono imaginable con el ex presidente Néstor Kirchner, reflejado en la tapa de hoy).

Ayer sucedió algo interesante también, que como es obvio, la prensa canalla no difundió.

Ante la comisión de Defensa de la Cámara baja, la ministra de Defensa, Nilda Garré, aseguró que las empresas autorizadas por Gran Bretaña para explorar en Malvinas “pretenden robar los recursos” petroleros argentinos de las Islas.

A la vez, se quejó por la “terquedad” del Reino Unido para discutir la soberanía del archipiélago, y anticipó que el Gobierno pondrá en marcha nuevas “medidas para evitar que las empresas faciliten” la actividad petrolera que ya comenzó en la zona norte de Malvinas.

“Argentina deberá obstaculizar a estas empresas que pretenden robar los recursos argentinos”, subrayó Garré, tras una intervención del diputado de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas, que le preguntó: “¨No es Inglaterra una hipótesis de conflicto? ¨Ante quienes se defiende la Argentina?”.

Ante ese cuestionamiento, la ministra aseguró que las Islas se “han convertido en un bastión de la OTAN”, aunque dijo que “la Argentina sigue defendiendo sus derechos”.

“Esta situación de fortalecimiento militar (de Gran Bretaña en Malvinas) y la de búsqueda de petróleo es una decisión contra toda la comunidad internacional”, enfatizó Garré, y recordó que “la Argentina, de acuerdo a su Constitución Nacional, defiende la soberanía por vía pacífica”.

La ministra expuso ante la comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, donde defendió sus cuatro años de gestión, e hizo hincapié en las áreas de inversión, formación militar y equipamiento.

Además, presentó un informe sobre el diseño del ciclo de Planeamiento Estratégico Militar, al que definió como un instrumento de gran importancia porque -según dijo- permitirá fijar las prioridades organizativas y estructurales de las Fuerzas Armadas en cuanto a compra o fabricación militar.

Garré señaló que de 2005 a 209 el presupuesto de Defensa fue incrementado en 6.068 millones de pesos, lo que representa un incremento del 114 por ciento.

En la misma línea, la ministra de Defensa explicó la política salarial que aplicó el Gobierno para las Fuerzas Armadas, y señaló que se equipararon los aumentos del personal militar con los que están destinados a la administración pública.

En cuanto a la formación militar, Garré destacó la constitución de la Escuela Superior de Guerra Conjunta y la construcción del Centro Educativo de las FF.AA para unificar las Escuelas Superiores de Guerra de todas las Fuerzas.

Resaltó también la reforma curricular en las escuelas básicas (Colegio Militar de la Nación, Escuela Naval Militar y Escuela de Aviación Militar), donde se introdujeron materias como la enseñanza de la Constitución Nacional, Historia Argentina y Latinoamericana; y Derecho Administrativo.

La concurrencia de la ministra se suma a otros contactos que mantuvo con el Congreso: tres de ellos en 2006, cuando expuso un informe sobre la actividad de la cartera, se reunió con la Comisión Bicameral de Fiscalización de Organismos y Actividades de Inteligencia, y luego con la Comisión de Defensa del Senado.

En junio de 2007, Garré también asistió a la Cámara de Diputados para explicar la Reforma del Sistema de Justicia Militar y en julio de 2009, concurrió a la Comisión de Defensa del Senado para informar sobre el proyecto de recuperación de la ex Fábrica Militar de Aviones de Córdoba.

Cuando terminaba de escribir esta entrada, Néstor Kirchner reasumió la conducción del Partido Justicialista (ver links) y reafirmó el rumbo del modelo económico, pese a la poderosa campaña de la oposición que pretende torcer el rumbo como sea.

Desde el diario de los Mitre, La Nación, socios de Clarín en Papel Prensa, Carlos Pagni, traza un panorama desalentador, como siempre.

¿Pagni recordará cuando aparecía junto al multiservicial Guillermo Cherasny y Juan Bautista Yofre (ex jefe de la SIDE de Menem) en un canal de cable?

País generoso este que es nuestro.

Fuentes: Agencia Télam, Dyn y N.A

El acoso a Marcó del Pont continurá hoy.

Clarín

La Nación

Agencia Télam

El Argentino

Majul, siempre en la cornisa

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