Los rugidos del león


Por Juan Alonso


Ojo con el peronismo herido. Cuidado con faltarle el respeto al pueblo.
El movimiento político de masas más importante de América Latina que transformó a la sociedad argentina en la mitad del siglo XX y se hermanó, gracias a Néstor Kirchner, con los demás países de nuestro continente en la Unasur, siguiendo los preceptos de la Patria Grande de Bolívar y San Martín, está dolido y en reacción de aguante. Cientos de miles de jóvenes le dieron el último adiós al líder y varias generaciones marcharon llorando por la Plaza de Mayo. Familias enteras levantaron las banderas para despedir al hombre que se fue.

Eso es mucho más que una señal. Y no poca cosa para entender esta historia.
El movimiento obrero organizado, con el camionero Hugo Moyano a la cabeza, demostró a horas de la repentina muerte de Kirchner, que la CGT respaldará a Cristina pase lo que pase y a cualquier costo.
El gremio de Moyano estuvo en la Plaza. Se hicieron sentir al igual que la líder de la organización Tupac Amaru, Milagro Sala, junto a Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto, Taty Almeida y Nora de Cortiñas. Es decir: por primera vez en la vida de los argentinos todos los organismos defensores de los Derechos Humanos le dijeron presente a la presidenta que votó la mayoría del pueblo en 2007.
¿Y por qué?
Simple: Kirchner derogó las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final; descolgó el cuadro de Videla del Colegio Militar; edificó un Museo de la Memoria en la ESMA; promovió justicia contra los crímenes de lesa humanidad y encarceló a los genocidas; avaló las paritarias para la clase obrera; aumentó dos veces por año las pensiones y jubilaciones, resolviendo la falta gravísima del delarruismo y la vocera de Magnetto Patricia Bullrrich Luro Pueyrrerón; hizo participar a la clase trabajadora muy cerca del piso histórico del 50% del PBI del primer peronismo; defendió la soberanía nacional en la causa Malvinas; pagó gran parte de la deuda externa y rompió con el Fondo Monetario Internacional, el Club de París, y George W. Bush; le dijo no al ALCA y sí a los sueños del sur; sostuvo la democracia en Ecuador, Bolivia y Colombia; se alió con Evo, Lula, Chávez y Correa; dignificó por fin a los caídos del sistema con la Asignación Universal por Hijo, y se enfrentó como nadie –salvo Juan Perón– contra el poder real de las grandes corporaciones empresarias, las patronales del campo, la Iglesia y el oligopólico Grupo Clarín.

Y, como si fuera poco, antes que nada deshizo la llamada Ley Banelco de los aliados del desastre del 2001 y nombró la mejor Corte Suprema de Justicia que hemos tenido desde 1983.

A diferencia de Carlos Saúl Menem, Kirchner no traicionó los valores de su generación, y tal como prometió, no dejó los ideales en la puerta de la Casa Rosada. Los puso adentro y se forjó como un estadista militante.
Por eso, desde la otra central de trabajadores, Hugo Yasky, de la CTA, también se ocupó de remarcar que los afiliados docentes y estatales, entre otros, no resignarán las conquistas logradas con las gestiones de Néstor y Cristina desde 2003 hasta acá.
No hay absolutamente ninguna posibilidad de regresar a la política de entrega y saqueo de los ’90. Eso quedó muy claro en las calles de todo el país.
Sólo el kirchnerismo –la expresión actual del peronismo auténtico– pudo lograr una concertación política de masas con un fortísimo anclaje en sectores intelectuales y medios que conmovió al mundo en tres días de duelo sentido y multitudinario.
¿Qué mente pueril puede pensar que los cientos de miles de personas que se acongojaron por la pérdida de Kirchner, asistieron a la Casa de Gobierno y a Río Gallegos, por el pancho y la gaseosa?
El que afirme semejante sandez está condenado a la ignominia.
La tapa de Clarín de ayer, el diario de Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto (acusado por el Estado de haber cometido presuntos delitos de lesa humanidad en la apropiación de la empresa Papel Prensa en sociedad con la última dictadura) volvió a mentir a la sociedad.
Ese medio ya no logra interpretar la realidad, ni siquiera con la manipulación de subjetividad que promueve sin pausa y sin vergüenza.
“La presidenta afronta en soledad la tarea de gobernar y de conducir a las fuerzas oficialistas”, escribió el diario en donde el otrora militante de izquierda, Ricardo Roa, desliza infamias en cada línea abyecta de su prosa esmirriada.
Ni Cristina está sola ni el consenso se logró a base de “chequera” como sostiene Roa livianamente, con la banalidad propia de la prensa canalla, oficialista de la dictadura y sostén del neoliberalismo que hambreó a los trabajadores con el Menemato.
Sin dudas, el paradigma que se abre es esperanzador para el pueblo argentino.
Cristina Fernández de Kirchner retomará –como lo hizo siempre– las principales banderas por las que su compañero dio la vida: justicia social, soberanía política y económica para lograr al fin una Patria justa, libre y soberana.
Los fundamentos que legó Perón y Evita y que Kirchner interpretó como nadie.
Mucho respeto con el peronismo herido. El león ruge porque está vivo.

VER TELESUR

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Otro tema


Por Juan Alonso

Anoche, desde la señal de cable TN, se habló de libertad de prensa, pero casi nada de negocios de empresa en el programa de Santo Biasatti.

Nadie dijo ni una sola palabra de los hijos presuntamente apropiados (Marcela y Felipe Noble Herrera) por la titular del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble. Y de la campaña golpista que encabeza el multimedio en contra del gobierno democrático votado por la mayoría del pueblo hace apenas tres años.

Por supuesto, no se dijo ni media palabra de Papel Prensa, la empresa por la cual Clarín y su dueña se llenaron de oro a costillas del Estado y de los Graiver.

Pero, claro, se habló de periodismo allí en escena.

Se habló de libertades. Se le realizó una nota a Hilda Molina y otra colega,  Adela Gómez, que padeció un atentado en la provincia de Santa Cruz.

Lo que sucedió en ambos casos es repudiable. Nadie lo duda.

Hilda Molina vive en la Argentina por gestión de este gobierno. La médica nació en Cuba. Y los problemas que tuvo en la isla no son asuntos de estado para nosotros.

Pero de forma insidiosa y premeditada, el canal TN insistió en contextualizar “esos asuntos” con “las guerrillas comunicacionales” de Venezuela, donde enviaron a un periodista especialmente. Y realizaron un informe en el noticiero, atizando el miedo.

Martillando con la misma idea fuerza: el eje Venezuela-Argentina.

La idea es comparar lo que sucede en Venezuela y en Cuba, con lo que pasa en el país que se levantó de las cenizas de 2001-2003.

El nuestro.

En el programa de Biasatti nadie recordó el pasado que supimos superar. Sólo se mencionó el caso Cabezas, pero no se analizó con profundidad la puja de superestructuras que vive el país hoy. La confrontación de intereses entre dos visiones opuestas del mundo y diría que hasta de la vida misma.

De pronto en el programa de Biasatti se afirmó sin rubores que “esto es peor que la dictadura” y que “el peronismo siempre fue fascista”.

Lo dijo Sylvina Walger sin que nadie le dijera ni una sola palabra.

Y que a diferencia del menemato –época en que la colega a quien respeto, atosigaba con su inflamación verbal todos los espacios de Mariano Grondona y otros secuaces del absurdo golpista actual, con la misma arrogancia de estanciero gagá con que hizo chistes fuera de tempo en dueto con el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti -.

En el mismo programa, Luis Manjul defendió su último libro de investigación periodística como si se tratara de un clásico de Norman Mailer o de Truman Capote.

Ambos periodistas (Biasatti y Majul) usaron la palabra “compromiso”, poniéndose, erigiéndose solitos nomás -con el empuje valeroso de sus pagadores y auspiciantes- en paladines de la libertad.

La libertad del entretenimiento.

La libertad de la agenda impuesta desde la calle Tacuarí.

La libertad de la mentira vestida de buena chica de colegio de monjas.

La libertad de las noticias y el periodismo como mercancia fenicia.

En ese marco, el representante de Fopea, Gabriel Michi, intentó diferenciar la posición editorial de las empresas periodísticas con sus negocios e intereses políticos, y contextualizar el clima de “confrontación en el que estamos todos”, dijo, pidiendo mesura.

“No confundamos, yo soy un periodista que investiga y no soy un militante”, sentenció Majul.

“Yo no estoy de acuerdo en que la señora de Bonafini (Hebe) haga un juicio a los periodistas que trabajaron en la dictadura, no estoy de acuerdo”, insistió Walger, histérica.

En el mismo programa de televisión se ponderó al llamado “periodismo independiente”.

Vaya a saber qué demonios es el periodismo independiente.

Nadie me lo ha podido explicar jamás. Porque sencillamente no existe tal periodismo.

En un bloque aparte, como se merece por su peso intelectual, Beatriz Sarlo, aclaró que usa “transporte público, subte y colectivos” y que “se exacerbó la violencia en la vida juvenil y en la vida política”.

“El presidente Kirchner hizo hoy una intervención violentísima – aseguró Sarlo, que poco antes criticó al programa  6-7-8-. “En ese programa se dijo que el incidente en la Feria del Libro, no fue peor que lo que sucede en un festival de rock, lo dijo un panelista, Carlos Barragán”, sentenció desde el estrado, Sarlo.

No podía faltar la arenga sosa de Biasatti denunciando “actitudes que uno no debe dejar pasar por alto”. Dijo que “a los que insultan no les tengo miedo, porque hace muchos años que elegí un compromiso. Vamos a seguir igual como todos los días. Ahora parece que está de moda decir con respeto, lo que siempre lo tuvimos, no necesitamos cacarearlo”, culminó tajante.

¿La gallina que cacarea habla sola o la mandan a pisar el maíz?

¿No será que la nueva ley de medios los pone demasiado nerviosos y ahora no saben qué decir y qué hacer para frenar lo que no quieren que se concrete en los hechos?

¿Por qué ninguno de los periodistas presentes, tan defensores de la libertad de prensa, tan defensores de la libertad de empresa, recordó la nueva ley de medios que la Justicia y el lobby de la concentración mediática están trabando en tribunales?

Lo que vino después fue un informe sobre “los batatas kirchneristas” en la Feria del Libro.

Y así. Más leña al fuego. “Argentina va camino al fascismo”, dicen.

Una sola cosa es cierta: a los noventa no podemos volver.

Y no vamos a volver.-

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Menemdependientes


Por Juan Alonso

La Unión Democrática fue la acción coordinada de la oposición radical, conservadora, comunista, y socialista, contra  el entonces cononel Juan Domingo Perón que se concretó el 16 de junio de 1945 a través del Manifiesto del Comercio y la Industria en el que 321 organizaciones patronales, lideradas por la Bolsa de Comercio y la Cámara Argentina de Comercio –bajo el paraguas del embajador estadounidense Spruelle Braden- cuestionaban duramente la política laboral impulsada por Perón.

La principal queja del sector empresario era que se estaba creando “un clima de recelos, de provocación y de rebeldía, que estimula el resentimiento, y un permanente espíritu de hostilidad y reivindicación sectorial”.

Como se ve, una cuestión de clase, con ciertas similitudes con los tiempos que corren hoy en día.

Los maestros han logrado aumentos importantes en paritarias abiertas. Algo que no sucedía en la década infame menemista. Hace semana y media los docentes sindicalizados han logrado subas del 24 por ciento en sus salarios.

Los jubilados reciben desde 2003 dos aumentos en sus asignaciones por año.

La caja de las jubilaciones ya no está en poder de la banca privada y los fondos extranjeros y sus socios locales.

La Argentina canceló buena parte de su  deuda con el Fondo Monetario y el Banco Mundial, comprometida durante otras gestiones de gobierno. Y el nivel de reservas del Banco Central es el producto de un modelo que se intenta destruir con el objetivo de volver a los ’90 y perder así todos los logros desde el desastre de 89/99 y 2001.

Estas notas del diario Página/12  revelan lo que está en juego y por qué son golpistas.

Las Madres de Plaza de Mayo con Hebe de Bonafini a la cabeza, se movilizaron anoche en defensa del gobierno que fue votado para gobernar por más del 46 por ciento de los argentinos en 2007.

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Y Clarín lo trata así

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