Contigo

Qué cosa rara parecida al dolor.

Mientras llora detrás de la línea de teléfono, él no sabe qué decir, qué hacer para calmarle la angustia que la encoje y la marchita.

Para qué volver a hablarle del destino de los astros y repetir mil veces que ambos se querrán por siempre igual.

Ella llora. Y de sus ojos se fugan brillos de agua por las ventanas abiertas dentro de sus colores hermosamente azules y verdes que traspasan las paredes de todos los bares y de todas las cosas.

Es una estrella que brilla a pesar de estar tan triste.

Y él ya no es el mismo.

Se juramentó no volver a caer en la redes del desierto que llaman amor, pariente del dolor.

La ve llegar en pies descalzos en la tarde en que los dos fueron felices. Viste de blanco. Y es tan bella.

Ahora en el fondo, se percibe tan triste como ella.

Pero no ha llorado en estos últimos años.

No quiso llorar nunca más.

Y se le ocurrió decirle algo parecido a esto…

 

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