Cómo se escribe una novela según Roberto Arlt

“Aguafuertes porteñas”, diario El Mundo, 14 de octubre de 1931

Por Roberto Arlt

El jefe de redacción del diario ha pasado un día a las nueve de la mañana por la redacción; otra tarde a las tres, una noche a las nueve; un amanecer a las dos, y me ha encontrado siempre rodeado de papeles, hecho un forajido, con la barba de siete días, tijera descomunal al costado y frasco de goma agotándose.
Entonces, el jefe de redacción se ha detenido frente a mí, diciendo:
-¿Se puede saber qué diablos hacés? Escribís todo el día y no entregas una nota sino cada muerte de obispo.
He tenido que contestarle:
-Querido jefe: estoy terminando mi novela Los lanzallamas que sale el treinta de este mes a la calle.
-Bueno. Escribite una nota de cómo se hace una novela.
-Encantado. (Al mismo tiempo es publicidad).
Modos de escribir una novela
Mucha gente tiene curiosidad de saber cómo se escribe una novela. Qué trabajos pasa el autor. Entremos en materia.
Hacer una novela, requiere más o menos el espacio de un año y medio. Cuando el autor se pone a trabajar los personajes que intervienen en la acción están casi modelados. Es decir, se han ido formando en un plazo más o menos largo, en su imaginación. Hay autores se que se trazan un plan estricto y no se apartan de él ni por broma.
Ejemplo: Flaubert. Otros nunca pueden establecer si su novela terminará en una carnicería o en un casamiento. Ejemplo: Pirandello. Unos son tan ordenados que fijan en su plan datos de esta categoría:
El personaje estornudará en la página 92, renglón 7; y otros ignoran todo lo que harán. Es lo que le pasó a Dostoievsky, cuya novela El crimen y el castigo fue en principio un cuento para una revista. Insensiblemente el cuento se transformó en una novela nutrida y espantosa.
El novelista “pur sang” aborrece cordialmente el método (aunque lo acepte), los planes y todo aquello que signifique sujeción a una determinada conducta.
Escribe de alguna manera lo que lleva adentro, bajo la forma de uno o de diez personajes.
Para no extraviarse totalmente, hace apuntes de las líneas importantes de la acción. El material se acumula a medida que pasan los meses.
Problemas del autor
En el novelista instintivo, los personajes proporcionan sorpresas de seres vivientes. Así por ejemplo: X en un momento dado insultó a N, contra todas las previsiones del escritor.
El autor se dice:
-Es absurdo que X lo insulte a N. No tiene que insultarlo…Luego se olvida de este suceso y un día, en un momento en que está más distraído, una voz misteriosa dice en su interior, aclarándole la incógnita:
-X insultó a N, recordando que N le había hecho una trastada en otra época.
A mí me pasó un caso curioso en Los Lanzallamas. Un personaje mata a otro. La escena estaba trazada satisfactoriamente, el crimen descripto como era debido; pero yo no estaba satisfecho. Allí había algo que no era claro para mí. Y de pronto, esa voz que me refería antes, me dijo:
-¡Claro! Fulano fue un bárbaro al matarlo a Mengano. Mengano en el instante que entró a su cuarto se encontraba en estado sonambúlico.
Inmediatamente se aclararon para mí un montón de enigmas. La mirada fija con que Mengano se introducía descalzo en la habitación del que lo iba a matar.
Problemas así se presentan a montones en el autor instintivo. En vez de autor, debía ser denominada secretario de personajes invisibles. Hace lo que ellos le mandan.
Goma y tijera
Terminado el grueso de la novela, es decir lo esencial, el autor que trabaja desordenadamente, como lo hago yo, tiene que abocarse, con paciencia de benedictino, a un caos mayúsculo de papeles, recortes, apuntes, llamadas en lápiz rojo y azul.
Comienza la tarea de tijera. Estos 20 renglones de la parte 3 están de más; el capítulo número 5 es pobre en acción; el 2 carece de paisaje y es largo; el 6 está recargado.
El paisaje, que no tiene relación con el estado subjetivo del personaje, se confecciona al último. A veces falta el final de una parte: el autor lo dejó para después, porque no le dio importancia a ese final. Ahora, en el momento de apuro, se da cuenta que ha hecho una burrada; que el final era importantísimo y tiene que estudiarlo al galope y redactarlo vertiginosamente.
Sin embargo, a pesar de todos los inconvenientes que el sistema enumerado ofrece, nunca un autor trabaja mejor que entonces. Después de una semana de corregir durante diez u ocho horas diarias, yo he perdido cinco kilos de peso, los nervios vuelan. Parece en realidad que no está trabajando sobre la tierra, sino en la cresta de una nube. Se mira a las mujeres con la misma indeferencia con que un sonámbulo observa las fachadas de las casas.-

Cuando Arlt escribió Los Lanzallamas pidió una licencia al diario El Mundo por dos meses. Lo afectaba una conjuntivitis y tenía que terminar el trabajo pendiente. Su sección la cubrió durante dos meses Scalabrini Ortíz con “Apuntes porteños”. Luego Arlt se lo agradeció en el mismo diario.

Roberto Arlt y la crítica (1926-1990). Estudio, cronología y bibliografía, Omar Borré, Ediciones América Libre, 1996.

2 pensamientos en “Cómo se escribe una novela según Roberto Arlt

  1. JUAN JOSÉ SAER AUTÉNTICO

    Onetti dijo: la literatura es mentir bien la verdad…

    Si, es una linda manera de describir la paradoja de la ficción. Onetti ha reflexionado sobre la ficción en sus propios libros a pesar de que no escribía ensayos y por ahí salía con una guarangada cuando hablaban de crítica, sin embargo cuando leemos sus libros, particularmente La vida breve o El astillero vemos que hay una profunda reflexión sobre el alcance del relato, de la ficción, de la representación, en ese sentido La vida breve es un libro totalmente pionero y novedoso no solamente en la lengua española, yo casi diría del siglo XX , ese tratamiento de ficciones superpuestas, una dentro de la otra como una especie de cajas chinas, eso solo se encuentra en el renacimiento, en el barroco. Esa frase me parece excelente, es una manera que tiene Onetti de resumir esa paradoja que es la paradoja de la ficción. Yo siempre digo que las razones por las que creemos en una ficción son idénticas a las que creemos en un Dios, creemos en un Dios porque su existencia le da un sentido el mundo, le da una estructura, y la ficción hace lo mismo, estructura el mundo, un mundo que está hecho a base de experiencias inconexas, fragmentarias, dispersas, la ficción las reúne en un modelo que no significa sino que irradia un sentido múltiple, como que tornasola, como que el sentido está ahí, lo intuimos y de pronto se apaga, de pronto reaparece, de pronto deslumbra, hay una luz fluctuante, la lucidez y la luz vienen de la misma raíz, la lucidez mental y la luz que nos alumbra, eso es la ficción, exactamente lo mismo que pasa cuando creemos en Dios,le da un sentido al mundo , una finalidad.. yo prefiero creer más en las ficciones que en Dios. Pero respeto las creencias si no me la quieren imponer.

    • Onetti y Saer, uy. Onetti me gusta mucho. Y a Saer no he leído mucho. En cuanto a la ficción y la existencia que le da el sentido al mundo, por supuesto que creo en ello. El relato del loco que se vistió de gendarme, tomó rehenes y tuvo en vilo a la policía por más de diez horas lo demuestra. Bien pudo haber sido un cuento de Fontarrosa, una crónica de Soriano o un personaje de Sacheri.
      Gracias por tus comentarios!

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