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En su edición de este domingo 21, Miradas al Sur, describe el colapso de la Ciudad por las inundaciones -es mediodía y hay más de 5 mil hogares sin luz eléctrica, los barrios más castigados son Barracas, Parque Patricios y Villa Crespo, entre otros-. Sin embargo, el jefe de gobierno, ingeniero Mauricio Macri, utiliza herramientas cibernéticas debajo de los charcos.

Nos tapa el agua, ¿viste?

Últimas imágenes del naufragio Pro

La ciudad colapsó con las lluvias, 115 mil porteños se quedaron sin luz y se evidenciaron las responsabilidades de un gobierno que otra vez sólo atinó a refugiarse en excusas.

Dos aguaceros sufrió la ciudad de Buenos Aires en la misma semana. Precipitaciones que rondaron los 80 milímetros e inundaron varios barrios más que los habituales. El lunes 55 mil usuarios y el viernes 60 mil quedaron sin luz. El tránsito se hizo imposible, subtes, trenes y autopistas quedaron fuera de servicio, automóviles inutilizados, incontables pérdidas materiales en los hogares castigados y cientos de semáforos que dejaron de funcionar. Las personas cruzaban la calle tomadas de una soga con el agua hasta la cintura.

Fiel a su estilo, el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, se mantuvo en los medios repartiendo las culpas hasta quedarse sin ninguna. Dijo que el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) no dio el alerta a tiempo, culpó a los vecinos por sacar la basura, usó el viejo truco de acusar a las administraciones anteriores, se las arregló para hallar responsabilidad de las aguas bonaerenses y casi llega hasta el mismo San Pedro, asegurando que no se puede hacer mucho ante tales inclemencias.

Ninguno de sus análisis de responsabilidades lo tuvo de protagonista. Su asistencia se resumió en tres actos de gobierno. Anunció la entrega de subsidios, que ordena la Ley 1.575 para estos casos, con el toque personal: un irregular tope de 5 mil pesos. Pidió a través de la red social Twitter que la gente no sacara la basura (ver recuadro). Y llevó tranquilidad a los ciudadanos, afirmando que a mediados del año que viene, con la obra del Maldonado, terminarán los anegamientos.

El ex secretario de Obras y Servicios Públicos de la ciudad, Abel Fatala, le dijo a Miradas al Sur que eso “es mentira”. Porque esa obra depende del segundo tubo para funcionar. El Gobierno decidió hacer una sola cámara de resistencia, en lugar de dos. Además, para el especialista “sólo se puede culpar al SMN cuando no hay experiencia en el tema. No saben cuestiones básicas”. El experto asegura que en el lugar del jefe de Gobierno “hubiera desplegado todos los equipos cuando vi la formación de nubes sobre Buenos Aires. No es un tema de especialistas, bastaba con sólo meterse en cualquier página web de información meteorológica”, explica. Para este ingeniero, así, “no hubiera pasado lo que pasó, porque la primer aguada arrastra la basura y tapa los sumideros. Y ahí ya sonaste”.

Más allá de las falencias en el escenario crítico, unos cuantos “errores” más contradicen la fama de eficiente gerente con que se promocionó Macri para el cargo.  El temporal pudo haberlo sorprendido por la falta del aviso del SMN, pero el jefe de Gobierno ya había desoído otros tres avisos.

Un informe de la Auditoría General de la Ciudad (Agcba), en diciembre, anticipó los sucesos de esta semana, tras peritar el estado de sumideros y obras hidráulicas. Dos meses antes, también, el bloque Igualdad Social (IS) había denunciado la tremenda subejecución (menos de un 30 por ciento) de obras hídricas y pluviales a mano de la “sobreejecución en veredas, pavimento, embellecimiento del entorno. En fin, lo que se ve en la ciudad”. El legislador Martín Hourest (IS), agrega un aviso más que ha desestimado el líder del PRO: “Macri fue a la Conferencia de Copenhague y se anotició de que las ciudades del norte iban a tener grandes nevadas. Y al mismo tiempo, las ciudades del sur que no tenían fenómenos de lluvias subtropicales, seguramente las iban a tener. Es muy lindo ir a sacarse fotos a la cumbre del cambio climático, pero más lindo es socializar la información que surge de esas cumbres. Porque no sirve de nada ir a escuchar lo que se viene si después no se hace nada en consecuencia”. Para Hourest, como mínimo, “el Gobierno fracasa en la previsión del entorno”.

Para Fatala, otra imprevisión que pudo haber tenido “consecuencias críticas” y “traumáticas” fue la de la interrupción del servicio de subterráneos. “Raya la irresponsabilidad total. Es muy peligroso hacer transitar a la gente ahí abajo, con serio riesgo de vida. Porque hay tanta humedad concentrada que puede ser volcada por alguno de los túneles que tiene el subte. El nivel de desprotección que se está viendo en la Ciudad es tremendo”, concluye.

Esta administración, a pesar de jactarse de “hacer” y atacar a sus antecesores, no licitó ni puso en marcha ninguna de las obras de infraestructura que si hubieran sido terminadas habrían soportado tales cantidades de agua. La tuneladora, especialmente traída, detuvo sus trabajos en uno de los extremos del Maldonado. La Justicia investiga la licitación de la obra, con inexplicables sobreprecios y una de las empresas de la familia Macri en el medio. Buenos Aires se convierte en Venecia porque falla la red pluvial. El servicio de mantenimiento está privatizado. El órgano de Gobierno encargado de controlar es la Dirección General de Red Pluvial (Dgrplu). No está desmantelada, pero la Auditoría detectó que esa área no tiene medios, ni capacitación, ni el poder de policía correspondientes para ejercer su función. La titularidad de la Dgrplu cambia en cuestión de meses y no cuenta con mayor información que la que le proporcionan las mismas empresas a las que debe controlar.

La Auditoría detectó que las tres empresas prestatarias del mantenimiento de las cinco zonas en las que se divide el mapa de la red pluvial de la Ciudad “cobran por servicios que no prestan”; “no cumplen con varios de los compromisos de los pliegos de licitación”, como la cantidad de camiones extractores por zonas o los plazos de las obras; y, sin embargo, nunca son sancionadas.

La Auditoría observó que “la Dgrplu no ha cumplido eficazmente con varias de sus responsabilidades primarias ni ha podido hacer que las empresas contratistas mantengan a los sumideros, cámaras, bocas de inspección y nexos en buen estado operativo”. Hourest lo explica así: “La idea es que no controle ni regule, capturado por proveedores y contratistas, es un Estado bobo que paga servicios que no controla, precios que no verifica y resultados que nunca evalúan”. Para el legislador, actúa sólo como un “facilitador de negocios, no es un señor que no sabe lo que está haciendo, es un señor que hace lo que le mandan”, finaliza.

La red pluvial es una traza de más de 1.200 km y tiene alrededor de 30 mil sumideros. Las inundaciones se producen cuando el caudal de agua supera a la capacidad de transporte de la red. A su vez, el tranporte es más lento en zonas sin pendiente o puede taponarse a causa de sudestadas.

Los sumideros en mal estado, tapados por dentro o por fuera, impiden el desagote. Cuando Macri culpó a los vecinos por la basura, olvidó que él “tomó la decisión de quitar la política de contenedores”, recuerda Hourest. Más políticas con culpa olvidadas, fueron la de atestar espacios verdes de cemento, restándole poder de absorción. Otro factor de contención es el arbolado, cuya poda este Gobierno ha privatizado. Por eso el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, aseguró que “si vuelve a llover (la Ciudad), volverá a inundarse”.

Macri, twitter y la gente como uno

“Les pido a los vecinos que tomen todas las precauciones con la lluvia y la posible caída de granizo”.

Así manifestó en la red social Twitter el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, su preocupación por el inicio de una nueva caída importante de agua, a las 16.15 horas del viernes. Las primeras gotas ya habían empezado a caer desde un cielo oscurísimo, y la certeza de que la hecatombe que había abierto la semana iba a repetirse  lo decidió a hacer algo.

Varios dirigentes del Pro tienen cuenta en Twitter. Gabriela Michetti, Esteban Bullrich, Marcos Peña y Alejandro Rozitchner, por ejemplo.

A Macri lo siguen, al momento de esta nota, unas 3.741 personas en esa red. El seguidor es el que lee lo que el seguido escribe. Es decir, suponiendo que ninguno de los 3.741 que siguen al jefe de Gobierno hubieran estado entre los 60 mil que se quedaron sin luz, ni entre los que tenían sus casas convertidas en piletas y veían echarse a perder todas sus cosas, ni así podían haber tomado bien el consejo del imitador de Freddy Mercury.l

Ello se evidenció rápidamente en las respuestas recibidas, en su mayoría irreproducibles y muchas muy graciosas, a pesar de ser una red social que, no obstante haber ido variando, aún concentra una mayoría de usuarios pertenecientes a un sector afín al Pro.

Twitter no tiene moderador. Además de insultos, hubo usuarios que propusieron una lluvia de mensajes contándole a Macri cada experiencia con la inundación. Apenas una hora después ya se había concentrado mucha bronca. Justo cuando llegó un nuevo mensaje: “Pido a los vecinos no sacar hoy la basura…”. Él estaba en Córdoba lejos de los problemas de los porteños.

Tsunami en Villa Crespo

El viernes presencié algo que no voy a olvidar. A las 17.30 en la editorial donde trabajo se cortó la luz durante un segundo, tiempo suficiente como para que las PC se apagaran y mis compañeros se tomaran la cabeza y pusieran las miradas en el techo. Fui hasta la ventana: afuera llovía en diagonal, y esa cuadra de Córdoba, entre Godoy Cruz y el puente de Juan B. Justo, había dejado de ser un desfile de vehículos para transformarse en un arroyo de agua sucia sobre el cual estaban a punto de flotar decenas de autos inmóviles. Desde el balcón de ese segundo piso se veían los locales inundados de enfrente, gente que caminaba con el agua hasta la cintura, y a unos policías metropolitanos que desde sus patrulleros varados ya no podían hacer nada. Poco después recibí el llamado de la mamá de mi hijo, preguntándome si podía ir a quedarme con él hasta que ella llegara a su casa: desde hacía una hora un colectivo 93 daba vueltas intentando cruzar Juan B. Justo. “Tengo que ir por mi hijo”, escribí en mi Twitter, “si me electrocuto o me ahogo, Mauricio se llama el asesino”. Pero antes de bajar tuve tiempo de ver, desde el balcón, lo que ahora intento describir: una ola gigante, una inmensa masa de agua que apareció por la cortada paralela a las vías y superó en altura al puente de Juan B. Justo. Mi cara debe haber reflejado lo mismo que las de mis compañeros: pánico y asombro. Algunos pensaron en un desborde apocalíptico del Río de la Plata. Yo recordé las nubes de polvo en las calles de Nueva York tras la caída de las Torres Gemelas. Segundos después, pasó un tren desde Pacífico. El agua habría sido movida por la máquina. Aunque –por la distancia hasta las vías y la magnitud del oleaje– todavía no puedo explicarme cómo. Lo cierto es que entre la naturaleza y las autoridades municipales me regalaron la visión de un fenómeno irrepetible que no podría encontrar en ningún destino turístico: un mini tsunami cubría el puente que une Palermo y Villa Crespo.

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