No te vayas campeón


Las vías no llevan a ninguna parte. Este tren puede ser una pesadilla o un encanto. Las mañanas tendrían que haber sido creadas para seguir durmiendo si no fuera por algunos médicos, psicólogos y odontólogos de esta Buenos Aires de tono gris después del Mundial.
Quizás por eso el bar Los Galgos de la calle Callao parece estancado en 1938 y el mozo dice que “se vivía mejor con los militares, porque con la democracia se empezó a descomponer todo”. Después pregunta como si nada.
-¿Más café?
Por la ventana que da a la calle se ven rentistas, vendedores, abogados, empleados de oficina, estudiantes de la Universidad de El Salvador, taxistas epidérmicos, damas de la calle Callao, bellas mujeres, jóvenes con mochilas, viejos, y no pocos desesperados.
Mientras repaso las noticias en los medios gráficos, especie de gliptodontes en etapa previa a la glaciación, busco con nostalgia la gambeta de Messi y la salida de Mascherano. Hace cuatro días que nos quedamos sin Mundial y la bandera celeste y blanca ya no flamea en Copacabana. Dicen que muchas putas de la zona se infectaron de argentinidad. Algunos aprendieron a detestar silenciosamente a esa marea humana que gritaba “Brasil decime qué se siente” olvidando la alianza en la Guerra del Paraguay y las sucesivas intromisiones del antiguo imperio en la orgullosa Banda Oriental. Ya nadie se acuerda del mordisco de Suárez, ni de su suspensión, ni de la FIFA, tampoco de los consejos de Maradona en De Zurda, con el prólogo de un Víctor Hugo que se pareció mucho a Batista por eso de distribuir la pelota con sentido de la ubicación y buen criterio.
Ahora la realidad argenta aparece tamizada por el hecho criminal del día y la catarata de bilis que destila la televisión en un parloteo delirante que va desde el análisis tartamudo de la Economía y los fondos buitres, pasando por la estela trágica de un avión derribado en Ucrania. El mundo parece caerse de su eje imaginario. Queda el destello del arte en los ojos de los ilusionados.
Nada como el fútbol para resumir una idea de felicidad colectiva. Tras el paso de la Selección por Brasil nos obligan a ver a un Lanús que marcha a trote de carreta. ¿Silva es un auto chocador o juega en Primera?
Extraño como nunca el zigzag de Messi al borde del área de todas las cornisas. Y el gusto a comunión y carne asada de cantos y camisetas de balcón a balcón. Estuvimos tan cerca de la gloria que ver los festejos del victorioso es un pecado de soberbia. Sabella guiñaría el ojo con ese gesto tan suyo de “ya vamos a volver”.
En el vagón una tanguera planea vender pan en un pueblito si todo se va al puto carajo. Hay quien busca un viaje contra las cumbres del desasosiego. Cuatro chinos que hablan inglés sacan un mapa de la Ciudad y bajan en la estación Juramento. Pienso en una buena gambeta como la única salida posible a todo esto que somos.
No te vayas campeón, quiero verte otra vez.

leyendadeltiempo.wordpress.com

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