El ojo de todo


La mujer caminaba doblada hacia delante con una campera de cuero marrón, pantalón con botamanga en forma de campana, botas cortas negras y paso presuroso. Cruzó la calle Soler y esquivó dos ciclistas con cierta artesanía antigua. Ya el cielo del otoño era gris y una parejita pagaba la cuenta. En el bar, había dos nenes en cochecitos, medio dormidos, espiando el futuro por la cerradura.
Dentro de la Iglesia de Nuestra Señora de la Virgen de Guadalupe, un sacerdote confesaba y un coro de mujeres devotas de Cristo rezaba un Padre Nuestro. Un abuelo esperaba afuera, mirando un partido de fútbol jugado por ocho chicos del barrio que corrían y gritaban en la puerta de la Iglesia. Sentado en la escalera, otro pibito con su mamá pedía monedas. Dejaron un bolso adentro del templo para que los feligreses le regalaran lo que les sobra: algo de ropa, antes de que llegue el frío del invierno.
-¿Le rezaste un Padre Nuestro?
-Sí.
Abuelo y nieto se fueron de la mano atravesando la plaza.
En la heladería dos empleados miraban pasar la fauna humana con sus motos encadenadas en la vereda.
La mujer encorvada volvía sobre sus pasos envuelta en su campera de cuero marrón. Llevaba la cabeza gacha y unas profundas arrugadas le surcaban el rostro como cascadas. Hace poco más de diez años protagonizó uno de los hechos políticos más dramáticos de la Argentina y había sido votada con esperanza. Ahora, vaga perdida entre las sombras de su sombra. Cuesta reconocerla en ese ser achacoso, encerrado en la cápsula del tiempo. Ella murmura palabras que nadie comprende y de sus ojos centellea un dolor viejo. Lo lleva en el calcio de los huesos desde que la dictadura desapareció a su hijo. Se acostumbró a caminar entre los muertos y ellos le vienen a hablar en la Pascua. De pronto, pareciera que el coro de mujeres que oran, hicieran oír su voz uniforme más allá del templo de Dios.
El dueño del supermercado chino no toma nota del asunto. Con un cigarrillo a medio terminar en la boca, le dice a su hijo que vuelva a hacer la tarea, pero esta vez en el idioma de los Han. Y todo es un círculo que se detiene en un punto específico.
El mundo vuelve a tener sentido con el grito de gol.

leyendadeltiempo.wordpress.com

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