Pájaros ciegos


Me han dicho que debo ponerle menos sal a las cenas. Que debo dejar de beber vino, cerveza, Jim Beam, tequila y todo lo que tiene alcohol por encima de tantos grados. Me han mandado a correr en la cinta. A caminar en cubierta. Y me escapé de la guardia de un sanatorio privado con un electrocardiograma en la mano. Me han dicho que debo cuidarme para llegar a los 100 años. Que más vale ir construyendo antes de esa vejez añorada con un campo y un techo seguros. Que es mejor ahorrar para la tumba de madera. Salir flaco en las fotos con las remeras más prolijas y planchadas. Escapar del viento frío mirando para el lado norte de la vida. Ahí donde hay poca sombra siempre y los terneros mastican.
Me han dicho que soy belicoso, irascible, perro rabioso de pelea, pelado. Me han dicho que no iba poder enderezarme y acá sigo agitando diagonales y me cago de risa de los miedos.
Me han dicho que me querían. Incluso me han amado. Y amé.
Lo que hice es tan pequeño que no cabría en el cuenco de una mano. Apenas monté un teatro de sueños y los puse en escena. Junté flores y fantasmas y los hice hablar en continuado. Grité los goles de mi enemigo. Y rompí corazones sagrados como quien saca las liendres de los piojos. Algo logré escribir. Poco.
Ahora que el universo choca no quiero perderme las estrellas. Si algún día me toca marchar me iré con el sonido del aire cuando despierta a los pájaros ciegos de las siestas.

leyendadeltiempo.wordpress.com

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