Cuervo con quijada de coyote


Voy a construir una barricada sólo para derribarla con un grito en la cárcel del tiempo de la mente.
Una playa donde ir a guardar las monedas de oro, los blasones, botellas de sed. La madera podrida.
Texturas, dibujos, sombras de mujeres en mis paredes: mirando el horizonte naranja de sus deseos.
Muñecas indescifrables que vienen a amarme y cuidarme. Imprecisas, anhelantes, en espasmos dando saltos con cada orgasmo para irse por sus pulmones. Abrazadas entre sí. Encadenadas por un hilo invisible que está lejos de mi mano. Van volando.

Olores, viajes, antiguas palabras sin significado. El fuego crepitando, un auto y una ruta. Un asado. Una cena en los bordes del río. Música. Un barco oxidado anclado en el Delta. Copas de vino rojo. Mares de invierno. Encerrados en nuestro corazón para poder respirar en la niebla. Desesperados como suicidas hambrientos.

Los perros del amor ladran siempre a los fantasmas. El otro como espejo de tu insatisfacción.

Llega el pájaro negro de los miércoles. Un cuervo con quijada de coyote. Se encargará de triturarte. Es su esencia.

Quizá nade hasta la otra orilla, jadeando poseído hasta el próximo viaje. La invención de lo real: una muda de ropa nueva que de pronto se pone vieja y se deshilacha mientras damos codazos en el colchón de ladrillo y espuma del inconciente.

La verdad es la voluntad de vivir.


leyendadeltiempo.wordpress.com

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