Despedida


Esa tarde estaba demasiado triste. Llegó con una sonrisa dibujada y se fue masticando dolor. Apuró el café con el cigarrillo en la mano y el sol ya no la reflejaba como antes. Había perdido una parte de su fresca incandescencia y esos ojos de piedra preciosa estaban demasiado enrojecidos para ser tan celestes. Dijo algunas palabras para rodear todo eso que le pasaba y habló dulcemente tanto como pudo. El corazón se le estrujaba y de su mano izquierda iba creciendo el temblor, el sismo que la estaba quemando por dentro.

Habrán pasado tres horas, cuatro, cuando ellos dos seguían mirándose, tomándose de las manos, riéndose de la cómica tragedia que se precipitó de golpe como un grito de angustia que cortó el aire. Andando el tiempo tomaron nota de lo que es fugaz. De lo verdadero y de lo que no existe. Caminaron por última vez esa calle. Se respiraron solos ante la mirada de los otros. Fueron dos en una multitud. Y también fueron uno.

Ella subió al auto y lanzó al viento una mirada atormentada, tan triste como ella, como amontanando los recuerdos uno sobre otro. Entre los resabios del pasado, apilando hechos allí donde habitan la memoria y la imaginación. Sueños en una escalera.

Besos perdidos en la inmensidad.

leyendadeltiempo.wordpress.com 

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