Entre el olvido y el fuego


Juan Alonso

Iba caminando por la calle Thames, en Palermo, y en la vereda de una casa vieja se topó con una bolsa de residuos abierta. Adentro se desplagaban cuadernos de notas amarillas, postales, discos de pasta, fotografías de una pareja feliz en la década del ’50, hijos pequeños, sonrisas elásticas. Pasado en estado puro. Todo era bonito o lo parecía. Él se detuvo en la puerta de entrada y levantó la vista hacia el balcón del primer piso que estaba desteñido por la herrunbre y la falta de vida. No había ni una sola planta, ningún color verde a la vista.

La gente pasaba pateando esos restos, sacando de sus zapatos eso que les parecía caca de perro, simplemente basura para descartar. Pero en algún momento todo aquello arrojado a la vereda significó vida, vidas que se deshicieron.  Algo había sucedido detrás de esas fotos descubiertas bajo el cielo del invierno. Un amor que duró lo que duran los años.

“Hola bonita mía, te mando estas fotos de Madrid. La pasamos tan bien con la tía Emilia, nos cocinó tan rico. Fuimos a recorrer la ciudad con Jorge y los primos. Inolvidable, Rosa”.

“Jorge parece más gordo en esta foto, ¿viste Rosita. Se la pasó comiendo como un animal en la playa”.

“Dulces recuerdos de nuestras vacaciones. 15 de enero de 1953, París”.

La letra era firme de un azul marino ténue lavado por el paso del tiempo a la intemperie.

Un montón de fotos y postales arrojadas al vacío de una calle de Palermo, entre el olvido y el fuego.

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