Homenaje a Alberte, delegado de Perón


Por Juan Alonso

El primer blanco de la dictadura militar fue un militante peronista. En la madrugada del 24 de marzo de 1976, una fuerza de tareas conjunta del Ejército y la Policía Federal, irrumpió en el departamento del ex edecán y delegado personal de Juan Perón, Bernardo Alberte, y lo arrojó al vacío desde la ventana del primer piso frente a toda su familia. Una vez consumado el asesinato –Alberte ni siquiera tuvo oportunidad de resistirse– saquearon su casa y amenazaron a su mujer y a los vecinos, entre los cuales estaba un juez de la Nación. Ya era demasiado tarde. La lengua del miedo se extendía como una mancha venenosa dentro del corazón de la sociedad argentina. El golpe más sangriento de nuestra historia se consumaba con éxito y contaba con la complicidad y el padrinazgo de sectores civiles vinculados con la Sociedad Rural y a la patria financiera. Como se sabe,  en materia de lucha por el poder, las casualidades no existen.
Lo paradójico del crimen de Alberte es que él sabía que lo querían matar y, sin embargo, esperó el final sin inmutarse. Siempre de pie. Había sido un militar de carrera que más de una vez se había enfrentado a los tiros como referente de la Resistencia Peronista, tras el golpe de 1955 y años más tarde ante los escuadrones de la Triple A, en los meses previos al golpe del ’76.
Unas horas antes de ser asesinado, el que fuera un hombre de confianza de Perón, redactó una carta dirigida a Jorge Rafael Videla, donde denunciaba los ataques armados que había sufrido, el funcionamiento encubierto de los escuadrones de la muerte y el permanente hostigamiento y asesinato de militantes de base de la Juventud Peronista.
Entre los puntos principales del escrito, dijo textualmente:
1. El día 20-III-76, a las 20, un grupo armado intentó secuestrarme, en mis oficinas de la calle Rivadavia 764, 1º, con el aparente propósito de asesinarme. Acababa de retirarme del lugar elegido por esa banda armada unos minutos antes, lo que me permitió observar el operativo desde la calle, así como el gran despliegue de elementos materiales y humanos utilizados.
2. La observación personal de los hechos me permite asegurar a usted que se trataban de efectivos de seguridad, que luego de detener a tres personas que se encontraban en las citadas oficinas, esposarlas, vendarle los ojos y cargarlas en los vehículos, se desplazaron velozmente por la calle Rivadavia hacia el oeste, sin poder seguirlos, por no poder disponer de vehículo propio en ese momento (…).
3. El día anterior en un operativo vinculado con el ya descripto fue secuestrado y luego asesinado el joven peronista Máximo Augusto Altieri.
En el punto 6, Alberte le expresó  a Videla que halló el cuerpo del joven peronista en total estado de descomposición en la zona de Tristán Suárez, aunque luego de contar con la ayuda de otros militantes, acompañado por el padre de la víctima en ese camino de sombras.
No era la primera vez que Alberte se comprometía hasta el límite de jugarse el pellejo en la movida.
El 15 de marzo de 1976 –nueve días antes del golpe– publicó una carta abierta denunciando los crímenes de la Triple A y retando a un duelo armado a los integrantes de esa banda parapolicial, a quienes  les advirtió:
“El 12-III-76 a las 20:00 horas un grupo de esa organización terrorista realizó un operativo para secuestrarme y probablemente asesinarme, no hallándome en el lugar elegido. El día anterior fue secuestrado, también por esa organización, el compañero peronista Máximo Augusto Altieri (cuyo cuerpo apareció acribillado a balazos días después) que aún no ha aparecido.
Ante la posibilidad de que este último secuestro tenga alguna relación con el primer intento mencionado, y para evitar que caigan otros peronistas relacionados con mi militancia, propongo el canje del compañero Altieri por mí.
Para facilitar la operación informo que en mi lugar de trabajo habitual y en mi residencia, cuya dirección conocen, me encontraran habitualmente.
Como única condición impongo que en el enfrentamiento que inevitablemente ocurrirá extrememos las medidas para impedir que caigan inocentes o personas desvinculadas con el antagonismo que existe entre nosotros.
Y firmaba: Bernardo Alberte. Teniente Coronel (RE). Peronista.”
Ayer, 36 años después de los fuegos que le arrebataron la vida de forma cobarde, el Movimiento Evita y el municipio de Avellaneda declararon ciudadano ilustre a Alberte y descubrieron una placa en su memoria en la puerta de la casa donde nació. Quienes fueron a buscarlo sabían que era leal a Perón, a la clase trabajadora y a los jóvenes que apadrinó, cuidó y protegió hasta el final.
El crimen de Altieri, un amigo suyo, lo conmovió y lo sacó de eje. Tanto que decidió esperar a los asesinos en su casa. Quizá en esas últimas horas pensó, que lo único que quedaba era aceptar al destino y a su horda de malditos.

Publicado en el diario Tiempo Argentino en su edición del 24 de marzo de 2012

leyendadeltiempo.wordpress.com

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