Isidoro, Papel Prensa, y el guión de Magnetto


La apropiación de Papel Prensa

El oportunismo de Isidoro Graiver

Publicado el 6 de Octubre de 2010

Por Cynthia Ottaviano y Juan Alonso

Creer en los dichos de Isidoro –que se contradicen con los que nos dijo a nosotros, mirándonos a los ojos, y que pueden cotejarse en sede judicial– es una estrategia de defensa demasiado volátil, tanto como querer defender a un homicida asegurando que, a la hora en que ocurrió el asesinato, estaba en la casa de su madre.

Antes de hablar, se tapaba la boca con los dedos como si hubiera algo que no pudiera decir. Al responder, bajaba la mirada, esquivo. Cada tanto, se hundía en un suspiro profundo, fuerte, potenciado por micrófonos delatores y, ya pasados algunos minutos de “entrevista”, una saliva blanca, espesa, se apoderó del centro de su labio inferior: estaba nervioso. Ocultaba. Mentía. La cara, como se sabe, es el campo de batalla de las emociones. Todo se refleja en un par de gestos. Y no fueron esos gestos los que pudimos ver cuando lo entrevistamos a lo largo de más de dos horas, el 11 de junio pasado. Al contrario, frente a nosotros se mostró distendido, verborrágico, elocuente. Llamaba a las cosas por su nombre: los diarios “nos trataron de chorros”, “a todas luces fue un afano, lisa y llanamente un afano”, “las presiones eran permanentes”, “los diarios nos humillaron”, dijo.
No tardaba en responder, ni calculaba cada palabra, como ocurrió el lunes a la noche, cuando a dúo con Joaquín Morales Solá intentó “limpiar” la imagen de Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre (empleadores del columnista de La Nación, acusados de ser partícipes necesarios de delitos de lesa humanidad). ¿Qué importa si para Isidoro Graiver Magnetto tenía un “rol secundario” y Bartolomé Mitre “incluso menor”? Todos los documentos vinculados con Papel Prensa, las declaraciones hechas ante la Inspección General de Justicia, las publicaciones del Boletín Oficial, el pacto de sindicación y las notas periodísticas hechas por ellos mismos los mencionan con nombre y apellido como los directores de esa compañía1. Con Mitre, Magnetto y Peralta Ramos se reunió Oscar Bartolomé Gallino, el general de brigada que ostentaba el poder de mando entre los represores, interrogador oficial de Lidia Papaleo y del propio Isidoro Graiver. Y después de esas reuniones preparó los interrogatorios, que se realizarían el 11 de abril de 1977, como probó Tiempo Argentino, precisamente a Lidia, sobre Papel Prensa. Quedó registrado en los documentos. La palabra inescrupulosa de una persona ante un columnista, pagado por los acusados, no podrá cambiarlos. Ni aunque así lo quisiera.
Creer en los dichos de Isidoro –que se contradicen con los que nos dijo a nosotros, mirándonos a los ojos, y que pueden cotejarse en sede judicial– es una estrategia de defensa demasiado volátil, tanto como querer defender a un homicida asegurando que a la hora en que ocurrió el asesinato, estaba en la casa de su madre.
El 2 de noviembre de 1976, día en que la apropiación de Papel Prensa intentó materializarse en un documento legítimo, Isidoro Graiver no tenía ningún vínculo comercial con el emporio familiar. Se había alejado hacía años. De manera que su firma no puede encontrarse en los documentos, no tenía poder. Su cuñada, sin embargo, sí los tenía, como administradora de la sucesión que le correspondía a su hija María Sol. Por eso todos los documentos llevan su firma, la de los padres de David y la de Rafael Ianover, quien denunció que firmó sin saber el contenido de los documentos y sin tener noción del precio.
¿Qué puede motivar a Isidoro a contradecir a su cuñada? ¿El hecho de que lo hubieran marginado de los negocios familiares; que no fuera heredero del emporio construido por David, una vez que murieran sus padres?, ¿que Lidia sí fuera la administradora del 50% en nombre de su hija? Sólo él puede saberlo.
Es evidente que Joaquín Morales Solá no buscaba conocer la verdad, si no le habría preguntado si el precio pagado por los tres diarios (Clarín, La Nación y La Razón) era equivalente al valor real de Papel Prensa, en qué condiciones se hizo esa transferencia accionaria, si los diarios lo habían humillado publicando notas periodísticas en las que los vinculaban con fraudes, pidiendo que la Junta Militar los investigara. Tampoco el columnista quiso saber cómo, si lo habían extorsionado y si era que necesitaban dinero, aceptó apenas 7200 dólares al momento de vender una parte del paquete accionario que ascendía al millón de dólares. Ni siquiera hoy alguien aceptaría semejante cosa, cobrar 7200 dólares por la venta de un bien valuado en millones. Morales Solá tampoco le preguntó por qué lo que dice ahora no es lo mismo que sostuvo en la entrevista con Tiempo Argentino.
Aun con un evidente relato estudiado, Isidoro Graiver no se atrevió a desmentir a Lidia Papaleo, quien aseguró en sede judicial que Magnetto la amenazó: “Firme o le costará su vida y la de su hija”. Ante la pregunta de Morales Solá, Isidoro respondió: “No puedo afirmar que no haya habido amenaza a mi cuñada”. Él sí dijo no haber recibido “ninguna amenaza de ningún tipo ni presiones a mi persona, a mi mujer (nada tuvo que ver en esta historia), ni a mis padres (no les podemos preguntar porque fallecieron)”. Sin embargo, ante el fiscal Ricardo Molinas (fojas 130-131) había reconocido que “en el mes de octubre de 1976, Miguel de Anchorena, abogado apoderado de la sucesión de David, se había puesto en contacto con su cuñada para informarle que había recibido información de Francisco Manrique (funcionario de Agustín Lanusse y mano derecha de Pedro Eugenio Aramburu) cuyo contenido era sintéticamente que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesario la venta de los paquetes accionarios del Banco Comercial de La Plata, del Banco de Hurlingham y del control accionario de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos de este último paquete eran los diarios La Nación, Clarín y La Razón”. Estos dichos d  oviembre de 1985, fueron ratificados por el propio Manrique (fojas 178-179), Papaleo (fojas 134-135) y Pedro Martínez Segovia (presidente de Papel Prensa, fojas 141-142).
Incluso, aunque Isidoro diga que Lidia recién ahora denuncia, también probará que sus dichos carecen de valor al leer no sólo el expediente Molinas, sino también el memorándum que el fiscal escribió el 18 de noviembre de 1978, reconociendo que “la esposa de Graiver ha denunciado ante la Justicia que fue presionada desde el Ministerio para transferir las acciones a vil precio, en beneficio de los que aparecen como adquirentes (Clarín, La Nación y La Razón)”.
Clarín y La Nación quieren convertir una historia de apropiación, tortura y despojo en una telenovela mal guionada. Evitan decir que cuando Lidia Papaleo firma, presionada, amenazada, en nombre de su hija, y junto con sus suegros, la venta no quedó firme porque debía autorizar el juez de la sucesión. Y nunca se consolidó, a pesar de los intentos constantes de los tres diarios y de los abogados de Lidia, que hacían presentaciones judiciales mientras ella era torturada, quemada en sus pechos, el abdomen y los genitales en un centro clandestino de detención. Que quede claro: la operación no estaba firme cuando Lidia e Isidoro eran torturados. Lo dicen los documentos, no hace falta que ellos lo confirmen. La investigación hecha por Tiempo Argentino, que ya lleva más de seis meses, que fue publicada en diez notas, de cuarenta páginas, está en manos de la justicia. A ellos, los fiscales Marcelo Molina, Carlos Dulau Dum y Sergio Franco, les toca determinar qué testimonio de Isidoro Graiver tiene valor, el que nos dio a nosotros, que encontró respaldo en varios documentos, o el del lunes, dicho ante el columnista que trabaja para los acusados.
“Las libertades son relativas”, explicó Isidoro obligándonos a preguntar, qué grado de libertad tuvo él mismo cuando llamó de noche a la casa del juez Arnaldo Corazza para decir que necesitaba declarar urgente, qué tan libre fue cuando se presentó a declarar espontáneamente ante los fiscales (tanto como lo hicieron los abogados de Magnetto y Mitre) horas antes de dejar el país, qué autonomía tuvo cuando se presentó ante un escribano porque a su sobrina María Sol se lo habían pedido desde Clarín y La Nación, y qué grado de independencia tuvo, el lunes pasado, frente a Joaquín Morales Solá para no responder lo que sabe, sino lo que necesitan sus victimarios.

1- “Convenio entre accionistas”, 18 de agosto de 1977: “en el primer ejercicio de la conducción de Papel Prensa, por parte de las tres empresas, la presidencia será ejercida por Sociedad Anónima La Nación, siendo su titular el Dr. Bartolomé Mitre (h); la Vicepresidencia Ejecutiva por Arte Gráfico Editorial Argentino SA, siendo su titular el Dr. Héctor Magnetto; y los tres puestos de Directorio restantes (…) los Sres. Patricio Peralta Ramos, Dr. Lauro Laiño y Dr. José Aranda”

PUBLICADO POR EL DIARIO TIEMPO ARGENTINO EL MIÉRCOLES 6 DE OCTUBRE DE 2010


leyendadeltiempo.wordpress.com

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