Palermo, Messi y El Diego


Por Juan Alonso

El partido con Grecia fue una épica de toques argentinos que poco a poco arrinconó al rival que salió a la cancha sólo a aguantar el arco en cero en un sistema tan mezquino como mediocre. El seleccionado griego fue de lo peor del Mundial de Sudáfrica.

Vimos el partido a través de la televisión pública, con los comentarios sagaces de un Diego Latorre que por suerte se olvidó de aquel viejo desliz con Zulemita, hija del palíndromo riojano. Mete inteligentes comentarios, Latorre. A Enzo le cuesta más.

Al lado nuestro, en el bar, se sentó un grupo de señores con la nariz media chata que luego fueron acompañados de sendas señoritas que pidieron tartas.

Lo que mostró la pantalla fue un equipo de lujo, con miles de argentinos expectantes.

Verón, casi siempre atento, llevando la pelota y jugando a un toque. Otamendi consolidado en el arte de arrinconar al delantero en la raya desde ese césped sintético medio raro con que la FIFA nos sorprendió otra vez. Rareza aparte son los referís que no entienden nada de fútbol y permiten el juego brusco que perjudica a los jugadores habilidosos. Diego se quejó con el cuarto árbitro ante los golpes que padeció la pulga.

Messi llevó la cinta de capitán y su zigzag maradoniano nos produjo palpitaciones en los 90 minutos. Todo hasta que llegó el segundo gol de Palermo, San Palermo de La Boca, y ese grito contenido, que logró dar, gracias a los “códigos” de El Diego que la sabe lunga de esto y de la vida.

Ahora sólo queda pasar a México, ganarle con autoridad, jugando al fútbol que sabemos y con el que nos hemos criado desde chiquitos.

Estamos viviendo un momento histórico por muchas razones: si el equipo de Maradona logra ganar el Mundial, será una legítima revancha del Diez.

Maradona es el fiel reflejo de un país que quiere levantarse pese a las pálidas.

El técnico del seleccionado es Argentina. Siempre lo fue.

Este Mundial, mejor dicho, el paso de la selección nacional por Sudáfrica, está produciendo un cimbronazo cultural que será una especie de efecto rebote de los festejos masivos por el Bicentenario.

Diego lo sabe.

Tiene mística, tiene fe: es Maradona.

leyendadeltiempo.wordpress.com

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