El pensamiento nacional


Por Juan Alonso

Ya lo dijo don Arturo Jauretche que siempre prefirió no ser calificado de nacionalista, sino de hombre que poseía un “pensamiento nacional”. Para definirlo barrió con las barreras ideológicas, poniendo lo nacional como centro del análisis y teniendo como idea fundamental la identificación de los intereses populares.

El pensamiento nacional es aquél en el que se da una decisión intelectual de no perder nunca de vista la realidad en la que se está inmerso, desmitificando la cultura y la sociedad como requisito para entenderlas y mejorarlas. El primer paso era desaprender, desprenderse de deformaciones mentales impuestas por una superestructura cultural que respondía a los intereses del imperialismo internacional, celosamente guardada por los intelectuales a su servicio, a los que denominó “cipayos”.

Hoy el periodismo, como siempre, está plagado de cipayos que defienden los intereses de la antipatria. Enmarcados en al libre mercado y el eficientismo economicista formulan palabrerías a la diestra y aplauden la salvajada macrista que pretende enrejar (como hizo con las plazas de la Ciudad) a los pobres y a la pobreza echando de las calles a trapitos, limpiavidrios y manifestantes populares.

Por eso, Jauretche hablaba de “pensamiento nacional”. Porque en él habita un proyecto político y uno pedagógico, y tuvo la forma de un largo diálogo de medio siglo para enseñar a los argentinos a pensar el país desde una perspectiva propia. Fue un pensamiento convocante, porque Jauretche, proporcionó argumentos y razones que dieron sentido a la lucha concebida como colectiva y libertadora de la Patria.

La brújula del pensamiento nacional es la liberación de los países dependientes para mejorar la suerte del pueblo, librándolos del “techo” impuesto por el imperialismo, que canalizaba las riquezas argentinas hacia los grandes centros. No se trataba de formular una doctrina institucional, social o económica determinada, sino de proponer una “línea política que obliga a pensar y dirigir el destino del país en vinculación directa con los intereses de las masas populares, y una afirmación de la soberanía política en la búsqueda de un desarrollo económico no dependiente”.

Jauretche nutrió de contenido político y filosófico al primer peronismo del 17 de octubre de 1945.

Y traigo acá a don Arturo por la realidad compleja que estamos viviendo los argentinos en estos días, cuando falta un año para las elecciones de 2011 y Eduardo Duhalde propone “olvidar”.

En el último número de la revista Veintitrés hay un ejemplo claro de “pensamiento nacional”.

Los empresarios Osvaldo Acosta y Gerardo Ferreyra, dueños de Electroingeniería, dejaron una serie de ideas destacables. Criticaron a “la patria contratatista” que tanto se benefició del Estado en la dictadura y el menemismo, entre otros integrada por los ilustres Macri, Techint, Roggio y Pérez Companc. Se alejaron del discurso de la UIA que a través de sus voceros en el autotitulado “periodismo independiente” exigen el final de las negociaciones paritarias para aumentos de salarios de los trabajadores, se oponen al aumento a los jubilados,  y amenazan con el azote de la “inflación inminente”.

Acosta y Ferreyra se reverenciaron en la filosofía del trabajo, por afuera, dijeron, del establishment que “esta acostumbrado a que los gobiernos hagan los que ellos quieren. Es muy duro, pero la historia demuestra que cuando se conforma un nuevo gobierno, el establishment pone a sus funcionarios. Nosotros no creemos que haya que decirle a ningún gobierno lo que tiene que hacer”, sostuvo en la entrevista Ferreyra, que estuvo preso de 1975 a 1984 porque militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Al referirse al tan comentado asunto del periodista pagado por el Grupo Clarín, Nelson Castro, ambos empresarios que emplean a ocho mil personas, aclararon por qué se rompió el vínculo con Radio del Plata: “En treinta años, casi no despedimos a empleados, salvo hechos flagrantes que fueron la excepción a la regla. Ni siquiera durante la crisis del 2001. No obstante, cuando tomamos el control de Radio del Plata pusimos la condición de que no queríamos mentiras en el medio. Eso también se lo explicamos a Nelson Castro. El 4 de enero de 2009 La Nación publicó en primera plana lo que nosotros consideramos, y todavía creemos que fue, una operación mediática, un modo de pegarle al Gobierno a través de las empresas que hacen obras públicas. Y el primero que reprodujo esa noticia falsa, al lunes siguiente y a las siete de la mañana, fue Nelson Castro. Él dijo que el modus operandi de las empresas kirchneristas era cobrar sobreprecios en la obra pública. Y nosotros habíamos demostrado que no había sucedido eso, información que le enviamos a Castro y que desmentía lo dicho por el diario y que él había reproducido. Estamos convencidos de que obramos bien: no se puede ser desleal con tu propio empleador. La discontinuidad del contrato estuvo dentro de las normas, con una indemnización y a propuesta suya, que cuando vio que no estábamos conformes con lo que había dicho, propuso la separación”, explicó Ferreyra, en el reportaje de Jorge Cicuttin y Luz Laici.

Cuando se les preguntó por la brecha entre ricos y pobres y la distribución de la riqueza, Ferreyra dijo: “En la Argentina no hay alguien que no esté mejor que en 2001 o 2002. El país mejoró: la industria, el campo, los servicios, los trabajadores. La asignación universal por hijo que implementó la Presidente es una medida rescatable, aunque su efecto aún no sea visible. Hay una mezquindad en la clase empresaria. Buscan un techo de precios y no una redistribución del ingreso”.

¿Adjudican la inflación al aumento de salarios?

Ferreyra: Allí tenemos una diferencia central con los empresarios. Para mí, el mercado interno es prioritario. Después, si podemos, debemos pelear el mercado internacional.

Acosta: En estos años hubo una recuperación del salario.  El nivel de desempleo bajó del 20 al 10 por ciento y eso es importantísimo.

En otro momento, Ferreyra y Acosta se refirieron a la “gobernabilidad”: “Políticamente se está metiendo mucho ruido con respecto a la gobernabilidad. Pero no hay que olvidar que la Presidenta fue elegida para gobernar con el 45 por ciento de los votos y que lo mejor que nos puede pasar es que termine su mandato. Sin embargo, la oposición, haga lo que haga el Gobierno, lo trata de embarrar, hasta cuando se avanza en medidas que fueron propuestas también por ellos, como la nueva Ley de Medios”.

Ver la entrevista completa en la Revista Veintitrés.

El Argentino

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