Un hombre sin pasado


Por Juan Alonso

Llegué a mi casa a cualquier hora y la tele estaba encendida en canal 7. Están dando “Un hombre sin pasado” de Aki Kaurismäki, un director finlandés de 57 años que ha puesto el ojo en los perdedores para hacer arte en el cine.

Es un trabajo de 2002 y fue nominado para el Premio Oscar al mejor film extranjero. Su director decidió no ir a la ceremonia de presentación en Hollywood. Antes fue premiado en el Festival de Cannes, Francia.

El actor Markku Peltola encarna a un hombre que sale de su trabajo y se queda dormido en un banco de plaza. Un grupo de ladrones lo asalta y lo deja moribundo con un fortísimo golpe en la cabeza. Pierde la memoria Peltola. Ya no tiene pasado. No posee absolutamente nada en este mundo.

Ingresa en los laberintos de la inconciencia y es ayudado por linyeras, personas que viven en tachos de basura y remolques abandonados; familias que comen salteado sólo lo que les sobra a los demás.

Una escena lo dice casi todo: el protagonista cocina un guiso para dos amigos de la ruina que lo han ayudado a ponerse en pie. Revuelve inmerso en sus pensamientos y el fuego es tan tenue como vital. Y suena un blues en la rockola.

Así es la amistad entre los hombres: silenciosa.

A cada minuto, el director narra los valores y miserias más profundas de la vida humana: amor, desamor, soledad, misericordia, locura, crueldad, pasión, ansías de sobrevivir a como sea en un clima hostil para los débiles.

Y Kaurismäki lo hace en estilo de comedia negra llena de fina y sencilla ironía, con destellos desopilantes de humor ácido.

El hombre sin pasado ingresa en el fondo de un ensayo filosófico sobre la existencia. Sobre el costo de estar vivo en cualquier siglo de estos siglos que nos ha tocado estar acá y ahora.

Se nota que este director fue alguna vez cartero, lavacopas y hasta crítico de cine. Ve los márgenes y describe la solidaridad en hechos concretos.

El amor llega a la vida de Peltola en una rubia mujer del Ejército de Salvación que cae subyugada en los brazos de nuestro hombre sin pasado. Nada es siempre.

Él quizás lo sabe, ella no.

La actriz Kati Outinen interpreta a una religiosa moralista que ingresa en el terreno movedizo del amor por primera vez en su vida. Intenta guiar la vida de los otros, pero apenas si puede con la suya propia.

Y es así como marcha el film del desasosiego post industrial de finales de los ’90.

Kaurismäki logró enlazar el sentido de la vida en los ojos de un desempleado preocupado por la sopa.

leyendadeltiempo.wordpress.com

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