La foto de Lucas


Por Juan Alonso

La fotografía que ilustró la tapa de la revista Veintitrés fue producto de una investigación periodística que se realizó con absoluta responsabilidad profesional.

Fue obtenida el mismo día en que Antonio Grimau reconoció el cuerpo de su hijo en la Morgue Judicial.

Allí, se ve a Lucas Rebolini Manso (36) indefenso, en el medio de la calle, desnudo, rodeado de policías –uno de ellos lo observó de frente-, mientras la lluvia caía impiadosa. “No tengo crédito en el celular”, dijo el vigía de consigna, cuando le pidieron que llame al SAME.

Lucas se había escapado del hospital Fernández y padecía un cuadro de “psicosis tóxica” por consumo de cocaína.

Corrió cuatro cuadras desesperado y desnudo hasta que chocó contra los autos estacionados en Castex y Salguero.

La fotografía tomada por el testigo que aceptó dialogar con el equipo de periodistas que llevó adelante el grueso fundamental de la nota, demostró que Lucas se había escapado del hospital Fernández antes de regresar a las 2: 10 del 6 de febrero.

Y obligó a las autoridades del Fernández a reconocer el escándalo apenas 24 horas después de publicada la revista, en conferencia de prensa, durante la mañana del viernes. Por la tarde, la Justicia allanó el hospital en búsqueda de pruebas, con la intervención de la División Asuntos Internos de la Policía Federal. La querella, encabezada por Grimau y la actriz Leonor Manso, exigió una segunda autopsia que todavía no se completó.

El cuerpo de Lucas sigue en la Morgue desde el 12 de febrero. Dos días después de que falleciera en el Fernández de un infarto, producto de “una neumapatía”.

Nada de eso se habría dado a conocer sin el trabajo de un grupo de periodistas con ansías de verdades.

Nadie hubiese dicho nada.

Nadie hablaría de la foto en cuestión que demuestra la delgada línea roja que define la cordura y los límites difusos de eso que llamamos “realidad”.

Sin esa foto reveladora, el Estado –es decir, el SAME, el hospital, o la Federal- hubiesen preferido “dejarlo así como está” porque “para qué hacer tanto ruido con esto, ¿no?” Tal como me soltó en off un funcionario el viernes pasado.

Es domingo todavía y la imagen despertó polémica entre ciertos panelistas que jamás hicieron una investigación ni siquiera sobre el precio de los cebollines.

Y lo que es peor: muchos de los que hablan ahora como prohombres del periodismo, fueron cómplices silenciosos de la dictadura y gozaron de sueldos de periodistas en esos años de plomo en que muchos –también periodistas- eran torturados y muertos.

A diferencia de Rodolfo Walsh, estos juristas de la buena fe ajena, no dieron “testimonio”. Y ahora nos dan cátedra desde el palco de la soberbia.

El periodismo es un oficio para gente noble. En lo posible, valiente, buenos señores.

Sigan viendo “Doctor House” con pochoclo y control remoto.

Yo me quedo con los que escriben con las tripas.

Página12

Online-911

La Nación

leyendadeltiempo.wordpress.com

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