Maradona para siempre


Por J.A.

Diego Armando Maradona es mi talismán. Mi San Benito contra el Mal.

No soy el único. Somos millones los maradonianos en todo el planeta.

Vivir me hizo amar el periodismo y el ejercicio del periodismo me hizo amar a Maradona.

Estos años de la Argentina con Maradona son un relato épico.

Lo he investigado, he escrito sobre él acá y en el exterior, en la revista Gatopardo, por caso, pero nunca dejé de quererlo. Tal como es: esencialmente humano.

Diego significa mucho para mí. Es rebelde, es valiente, es Maradona.

Mi ex mujer nunca comprendió por qué lloraba como un chico cuando El Diego se despidió del fútbol en la cancha de Boca.

“Soy de River, no gallina”, le dije. Y se reía de mí.

Maradona pudo haber sido un garca. Pero eligió ser Maradona. No le fue a dar la manito a Bush. Se sentó con Evo Morales en Mar del Plata y escuchó a Chávez, en 2005, con el tatuaje de Fidel en la pierna y el Che en su hombro: viajando en el tren.

Por entonces, estaba en Mar del Plata, realizando una crónica sobre depredación pesquera de nuestra plataforma marítima e investigando cómo funciona la piratería del mar más allá del horizonte de la milla 201,  contratado por la revista Surcos que dirigía el buen tipo y periodista que es Santiago O’ Donell.

Escuché a Maradona con el pecho palpitante. Fueron horas con mucha mística.

Porque Maradona está adentro de nuestra retina tanto como los juegos de pelota de la infancia y el relato poético de Víctor Hugo Morales de aquel gol convertido a los nueve minutos del segundo tiempo, contra Inglaterra, en el Mundial de México de 1986.

El día en que volvimos a ser un país justo, libre y soberano, a pesar de tener una deuda externa monstruosa, heredada de la dictadura más sangrienta de nuestra historia.

Aquel gol de Maradona representó que podíamos lograrlo. Que la voluntad de saltar el pozo siempre es muy superior a la desesperanza y el abandono.

Maradona significa que uno se puede parar en dos patas, incluso luego de enfrentar a la misma muerte.

Acá la peli de Emir Kusturika y vermut con papas fritas.

Nunca pizza con champán.

leyendadeltiempo.wordpress.com

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